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miércoles, 22 de diciembre de 2010

4 - Clamor - Maga de Lioncourt

Clamor - Maga de Lioncourt

Me llamo Edward y soy un vampiro.
Vivo en las montañas, porque ahora también soy un descastado, pero por elección propia. En algún lugar de este amplio mundo, vive una familia que alguna vez fue mía. Podría serlo si todo hubiera seguido su curso normal, pero nunca lo es cuando se cruza en tu vida la persona inadecuada.
Sí, hablo de una mujer.
Hace muchos años la más increíble mujer que haya conocido, y he conocido varias en mis ciento treinta y dos años de vida, llegó a mí.
Se preguntarán qué tenía de especial, y no los culpo, también yo lo hice en un principio. Pero con el tiempo la respuesta es sencilla: ella me daba paz.
No hablo en el típico sentido en que un hombre hablaría de una mujer. No soy un hombre sino una bestia, y como tal siento miedo, alegría, confianza, dolor… Y en aquella época también me sentía bastante harto de la vida, o lo que es lo mismo para nosotros, la “no-vida”. No-vida es lo que te pasa cuando mueres a los diecisiete años y renaces como inmortal, una criatura de instintos salvajes que conserva el rostro de un adolescente, el cuerpo a medio desarrollar, la voz que no es aún la de un hombre, sino la de un chico. Y es así para siempre.
Te conviertes en un adolescente eterno y eso sigues siendo para los demás, aunque las décadas pasen sobre ti sin dejar huellas.
Y aún así debes sobrevivir, porque todas las criaturas sobre esta tierra luchamos por hacerlo.
En ello me ayudó mucho el tener a mi lado a Carlisle, el culpable de que más de cien años después de haber nacido todavía pueda caminar por éste mundo.
Carlisle me enseñó a dominar mi instinto básico: alimentarme para vivir. A diario llevaba hasta mí litros y litros de sangre, que nunca lograban saciar mi inagotable sed, y aprendí a convivir con el sordo clamor de las ansias salvajes bajo la piel.
También nos demostró que el mejor modo de obtener alimento sin ser molestados, es brindar a la sociedad una fachada de perfecta normalidad. Nuestra familia era nuestra tapadera, la que suelen utilizar pocos vampiros en realidad, ya que no estamos hechos para vivir acompañados, y aunque el sabor de la sangre de nuestros congéneres no es precisamente agradable, siempre logra apagar un poco esa acuciante llamada.
Años y años fingiendo ser parte de una familia, viviendo en diferentes ciudades el tiempo justo para no llamar la atención, ingeniando excusas por las que no podíamos mostrarnos al sol, alimentándonos de nuestros vecinos y nuestros amigos humanos sin que lo sospecharan jamás…
Fuimos los Rodríguez, los Galiazi, los Burton, los Schmidt, los Beaux; todos, Esme, Carlisle, Rosalie, Alice, Emmet y Jasper… A veces me llamé Eduardo, Édouard, Edward… otras, quién sabe… Éramos quienes quisiéramos, y siempre que nos cansábamos, o nos hastiábamos de un lugar nos íbamos con el convencimiento de que en nuestro próximo destino volveríamos a ser otros.
Pero de lo que hablábamos muy poco era de nuestras diferentes capacidades. No todos las teníamos, pero a quiénes más afectaba nuestra condición era a Alice y a mí.
Mientras ella podía tener visiones del futuro, a veces completamente erróneas, según comprobábamos después, yo podía escuchar a las personas. Las escuchaba pensar, y les puedo asegurar que eso no es un don, ni un poder: es una maldición, porque las mentes nunca callan, y hasta estando sumido en un trance diurno podía llegar a percibir pensamientos, ideas, imágenes vislumbradas en las conciencias de otros.
Nunca podía descansar, pese a probar de todo para disminuir ese ruido molesto dentro de mi mente. Llegué a atiborrarme de sangre humana, y cuando no funcionó intenté lo contrario. Estar famélico casi me lleva al suicidio, pero no es tan fácil morir por segunda vez.
Sin embargo, una simple mañana en el nuevo colegio al que asistíamos mis “hermanos” y yo, cambió mi vida.
Cuando ví a Bella por primera vez no me di cuenta. Supongo que habría demasiada gente a nuestro alrededor. Para mí era una chica más. Recién llegada a la ciudad, en una escuela donde no conocía a nadie pero todo el mundo se moría de curiosidad por verla, Bella se hubiera convertido pronto en parte del mobiliario.
Pero entonces estuvimos frente a frente y por primera vez en mucho tiempo me encontré intentando escuchar su mente. Y todo lo que venía de ella era un hermoso silencio.
Supongo que, cuando esas cosas pasan y se dan del modo tan increíble como se dio aquella vez, comienzas a creer en el destino.
En aquella época yo era Edward Cullen. Vivía con mis padres, Esme y el doctor Carlisle (¡díganme que aprecian el humor negro de Carlisle!), y mis hermanos Alice, Rosalie, Jasper y Emmet. Nosotros íbamos al colegio sin faltar una sola vez, aunque nunca nadie sabrá las cosas que debíamos hacer para estar en la escuela en pleno día, los escondites y las tediosas horas de espera para que el sol descendiera antes de poder salir al bosque y volver a nuestra casa. Carlisle era uno de los médicos más importantes, casi diría, sin riesgo a equivocarme, de la región. Tenía muchos títulos y especialidades, aunque no podía revelarlas todas pues sería imposible que un humano lograra abarcar tantas ramas de la medicina a la edad que aparentaba él. Esme, mientras tanto, jugaba a ser ama de casa, aunque todos sentíamos una especie de envidia por su cómoda posición, ya que era libre de pasarse todo el día en un trance vampírico sin que nadie la molestara.
“El juego de los Cullens”, como Alice insistía en llamarlo exigía algo más de nosotros: no podíamos alimentarnos de humanos.
Cada noche corríamos por el bosque buscando a la criatura perfecta que saciaría nuestro hambre. Nuestro apetito era tal, que con el paso de los meses notamos que muchas criaturas habían abandonado su hábitat para huir de la amenaza nocturna, que representábamos nosotros, con nuestros rólex, nuestra ropa de confeccionista y nuestros peinados a la moda.
Sí, a veces era un juego, una carrera a ver quién se saciaba primero, quién atrapaba al animal más grande, quién borraba mejor sus huellas. Pero cuando el invierno golpeaba fuerte y la caza escaseaba, era un desafío que más de una vez estuvimos por pagar con nuestra propia sangre. El hambre no conoce razones.
No me cuesta imaginar lo que Bella vio en mí.
Incluso cuando era mortal llamaba la atención de las mujeres, y supongo que el que mi condición vampírica se manifestara año a año volviendo mi piel cada vez más blanca y tersa, junto al brillo en la mirada pudo hacerme parecer sumamente misterioso y sensual a los ojos de una muchacha solitaria.
Ella me buscó desde el principio, y yo me entretuve jugando al gato y al ratón, manteniéndola cerca pero tratándola con un poco de distancia para que no perdiera el interés.
Y no lo hizo.
Por una vez tener la compañía de una mortal no era tan desesperante: el silencio de su mente, esa barrera que de algún modo podía levantar ante mí era tentadora, magnífica, y no me pude resistir a su encanto.
Por las noches, después de alimentarme, me colaba con facilidad en su habitación, solo para poder disfrutar de la paz que me proporcionaba su compañía. Y durante el día, lograba quedarme a su lado en rincones apartados del colegio, donde su increíble poder me aislaba de los pensamientos de otros.
Sé que Bella me amó, y de algún modo llegué a confiar en ella. Lo hice de tal forma, que cuando sospechó que era un vampiro le conté parte de la verdad. Y ella la aceptó.
Desde entonces, casi nos convertimos en inseparables… Pero nada de eso duró demasiado.
Ambos ignorábamos que en cada paseo en el bosque, en cada encuentro casual, no estábamos solos. Alguien más quería hacer de Bella su refugio y estaba dispuesto a todo con tal de lograrlo.
Los vampiros no somos la única especie sobrenatural que camina entre los humanos bajo una apariencia inofensiva. Y Forks siempre ha sido tierra de los hombres lobo.
Uno de ellos en particular conoció su verdadera identidad aquel verano en que Bella y yo nos convertimos en novios oficiales.
Jacob Black también era del estilo “míralo y olvídalo” y casi pude haberlo hecho cuando lo conocí, pero supe que había algo en su sangre que no lo hacía completamente humano. Mientras yo desarrollaba un particular interés en él, su familia y su comunidad, Jacob desarrolló una obsesión por Bella que no dudó en disfrazar de amor.
Más de una vez intentó separarla de mi lado, seducirla, convertirla en su compañera, y cada vez yo debía obrar como el novio comprensivo. Teníamos una especie de tira y afloje entre los tres, pero me sobrecogía la ira y el asco cada vez que olía su olor en la ropa de Bella, en su pelo… en sus labios.
Supongo que se dio cuenta que no podría hacerme desistir tan fácilmente, y eso, sumado a su nueva condición de hombre lobo lo volvió más osado.
Cuando no lograba bajo algún pretexto llevarse a Bella durante días enteros, fingiendo interés, amistad, preocupación inocente, se convertía en el enamorado angustiado por no ser correspondido, desesperado por robarle un beso, una caricia, un poco del amor que sentía por mí.
Los hombres lobo y los vampiros no somos amigos.
Bella se convirtió en un trofeo que debíamos disputarnos, y en algún momento todo se salió de control.
Si me preguntan, la culpa siempre será de Jacob, demasiado orgulloso, demasiado confundido como para saber que no puedes convertir a cualquier humano en hombre lobo. En ocasiones el cuerpo humano acepta el cambio, la mutación que afectará su vida y la de toda su descendencia hasta el fin de los tiempos. Pero en la mayoría de las ocasiones, la mordedura de un hombre lobo mata.
Bella murió en el bosque aquella noche en que Jacob quiso convertirla. Su sistema no pudo combatir el virus contagiado en la saliva de aquel chucho maldito y murió víctima de una infección tremenda que ningún médico habría podido curar jamás.
Cuando encontré su cadáver pudriéndose en el bosque, impregnado por todas partes por el olor de aquel animal odioso, supe que no pararía hasta encontrar a Jacob Black y hacerle pagar con sangre lo que había hecho.
Y eso es lo que llevo intentando hacer desde hace años.
Conozco cada lugar que Jacob Black ha pisado desde entonces, cada persona a la que ha hablado, cada pensamiento que tuvo. Tal es la huella que deja esa criatura.
A pesar de ir un paso detrás de él, el tiempo me ha ayudado a recobrar las fuerzas que los meses en Forks bajo una dieta inadecuada me habían hecho perder. Con cada paso que doy a su encuentro, aprendo una nueva técnica de tortura y asesinato. Y mi ira crece minuto a minuto, y mi sed de venganza puede ser más grande que cualquier otra sed.
Porque nadie le roba a un vampiro lo que estaba destinado a ser suyo. Algo en la sangre clama porque pague por ello.
Y tengo el presentimiento que esta noche de Navidad, en estas montañas, podré conseguirlo.

10 comentarios:

  1. Gracias por agregar mi cuento, Laura.

    Besos!!

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  2. me gusto mucho, Maga... y me gustaria poder leer la continuacion... quiero ver a Ed y Jake peleando a muerte!!! wii... soy mala, lo se, pero que le voy a hacer... muajajajaja....
    besos!!

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  3. Muy bueno. Bella muerta por culpa de Jacob, al intentarla convertir. Por puro egoismo ¿tal vez?
    Al igual que a Laura, tengo curiosidad por la continuacion. ¿Edward conseguirá saciar su sed de venganza?
    Saludos!!

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  4. Wuau!! Maga me ha encantado y si yo también quiero saber como continua... pero también me intriga la "versión" de Jacob... de seguro él le hecharía las culpas a Edward.

    Me has dejado impresionada. Y me ha encantado... cada palabra despide tanta ira y desprecio cuando habla de Jake, tanto dolor cuando se refiere a Bella y tanto sarcasmo cuando a él y su familia... Si señor, una verdadera obra maestra

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  5. Menudo giro le diste a la historia, aunque no debería pillarme de nueva debido al amor que sientes por Bella, jeje, pero que muriese justo por Jake fue lo original.

    Mucha suerte, maga, te la mereces.

    ~Ade~

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  6. Nenaaaa.Me.encanta!!!
    Ya.sabes.que.soy.tu.fan.numero.uno.
    Pero.le.has.dado.un.giro.a.la.historia.completamente.original.
    Un.beso

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  7. orginalisiiimo, Jak tratando de convertirla, la lucah de ellos y pos triste que haya muerto y el busque venganza pero muy buen Os

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  8. os qisiera q me aydais a encontrar sobre herman les lincourt

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  9. Me encanto! felicidades muy bueno tu OS

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