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lunes, 1 de noviembre de 2010

Imprimado - cap 01


IMPRIMADO

“Estaba completamente confundido. No podía borrar de mi cabeza esos ojos verdes, ese espeso pelaje color caramelo. ¿Sería posible que me sintiera atraído por una loba, por una de nuestros mayores enemigos”




CAPÍTULO 1: SUS OJOS

Avanzábamos sigilosamente hacia el claro del bosque en el que se habían congregado los Cullen y sus aliados. Podía oler perfectamente todas y cada una de sus fragancias y situarles mentalmente en el espacio como si de un plano en 3D se tratase. Y es que ese era mi don. Saber donde se encontraba cada uno en cada momento, por muy alejado que se encontrara de mí yo podría encontrarlo. Era un rastreador, uno de los mejores.
Gracias a mi excepcional poder los Vulturi me habían aceptado en su guardia, y aunque muchos nos temían o nos odiaban era un honor estar donde yo estaba. Nos encargábamos de controlar y castigar a aquellos vampiros que desafiaban las normas, justa o injustamente, eso era lo de menos. El caso es que gracias a nosotros seguíamos siendo invisibles para los humanos.
Aparecimos en el claro con el gran ritual que nos caracterizaba, en perfecta formación de ataque y, a su vez, defensa. Aro, Cayo y Marco se encontraban en el centro, y los puestos más cercanos a ellos los ocupábamos sus guardias estrella: Renata, Alec, Jane, Félix y yo, Demetri. Cada uno de nosotros contábamos con un gran don y éramos piezas clave en el clan Vulturi.
Ante nosotros el enemigo a batir, los transgresores de las normas: el aquelarre Cullen y sus aliados, más de veinte vampiros que morirían junto a ellos si la cosa se ponía difícil. Pero su aniquilación no sería complicada una vez Alec les desposeyera de sus sentidos. Porque eso es lo que haríamos, aniquilarlos uno por uno y rápidamente en cuanto Aro diera la orden. El principal problema consistiría en los lobos. Había diecisiete de esas bestias flanqueando a los Cullen. Había oído hablar de ellos pero nunca antes me había cruzado con uno. Tenían un porte majestuoso y parecían realmente fuertes. Pero la naturaleza era sabia y jugaba a nuestro favor. Un poco de ponzoña corriendo por sus venas y estarían muertos en cuestión de segundos.
Comencé a analizarles uno por uno. El desmembrar vampiros indefensos no era nada divertido. Sin embargo, el luchar a vida o muerte con un par de esas fieras bestias sí lo sería. Al cuarto animal mis ojos se encontraron con los suyos. Eran enormes, de un color verde brillante, y en el mismo momento en que nuestras miradas se cruzaron algo nuevo nació en mi interior. Sentí como todo mi ser se removía y mi mundo se puso patas arriba en cuestión de segundos. Ya no oía las voces que momentos antes se escuchaban a mi alrededor, los alegatos de uno y otro bando. Ya no me interesaban las acusaciones de Aro y Cayo, ni las mentiras que habían urdido para deshacerse de sus potenciales enemigos. Tampoco me llamaban la atención las defensas bien construidas de los Cullen. Desde ese mismo momento no pude despegar mi mirada de esos dulces ojos. Quería correr a su lado, tocar esa pelambrera de color caramelo…
¿Pero qué demonios estaba pensando? Ella era una loba, una enemiga, algo antinatural… Porque esas eran las tres únicas cosas claras en este asunto: era una loba, mi instinto me lo decía; era mi enemiga, nuestras especies jamás coexistirían; y era antinatural, como yo mismo…
Aún así no podía dejar de mirarla, y sentía como ella me miraba a mí. El lobo más corpulento, el que parecía dirigir la manada, la gruñó para que prestase atención y me entraron ganas de saltar a su cuello. ¿Cómo se atrevía? Pero me contuve, a lo que me ayudaron mis largos años de duro entrenamiento en la guardia. Como ella había hecho, me obligué a prestar atención a la disputa, que ya estaba durando demasiado.
Lo que vi y oí me dejó estupefacto. Aro estaba dando a Edward la oportunidad de explicarse, estaba leyendo sus pensamientos. Quedó impresionado por lo que estos le revelaban y decidió conocer a su hija: Renesmee, la fuente del problema. Para ello hizo que Félix y yo le acompañáramos al centro del claro. De su parte se adelantaron Bella, Emmett y uno de los lobos que respondía al nombre de Jacob. Su naturaleza estaba empezando a interesarme y dejé mi mirada vagar hasta esos ojos que segundos antes me habían aprisionado. Volví de nuevo la vista al frente para notar cómo Edward me miraba.
- Tienes unas compañías de lo más interesantes – le dije mientras intentaba cerrarle mis pensamientos.
El perro me gruñó, a lo que yo contesté con una sonrisa más amplia. Si algo había aprendido estos años era a simular serenidad y superioridad ante el enemigo.
Cuando Aro pidió conocer, es decir, poder tocar a la niña me fijé por primera vez a fondo en ella. Era una belleza, con ricitos color cobre heredados del padre, cayendo alrededor de su carita angelical. Tenía una pequeña sonrisa, como si supiera que tenía que mostrar entereza. Sin dudarlo acercó su manita al rostro de Aro, enseñándole sus pensamientos a través de su don. No sé lo que vería, pero una idea referida los lobos se le pasó por la mente. Parecía que quería tenerles en la guardia, convertirles en sus esclavos. Pero Edward se negó y la manada se puso a la defensiva. Ese pensamiento hizo hervir mi sangre. No la tocarían, ningún sucio vampiro pondría las manos sobre ella.
Pero mis pensamientos homicidas hacia mis hermanos se vieron interrumpidos por la vuelta de Aro al grupo. Una vez allí comencé a divagar de nuevo sobre ¿mis sentimientos? No, no podía ser. Seguro que ellos me habían hecho algo. Tenían que tener un don que me hubiera confundido. No podía estar pensando en salvarla, en enfrentarme a mis amigos y hermanos por ella, ni siquiera la conocía. Sin embargo, desvié de nuevo la vista hacia ella, hacia esos hermosos ojos que no podía sacar de mi cabeza. Allí seguía, plantada desafiante ante nosotros, sus peores enemigos, sin mover un músculo de su cuerpo, sin demostrar el temor que probablemente sentiría. Sólo salí de mi ensimismamiento cuando Félix me dio un codazo tras la deliberación final.
Se decidió castigar a Irina, la informante. Ella había ido a Volterra en busca de venganza, queriendo destruir al clan Cullen. Y había sido la escusa perfecta para la lucha. Pero ahora ya no servía y moriría, como muchos antes lo habían hecho. Eso enfureció a las filas enemigas, caldeando un poco el ambiente. Pero los ánimos se calmaron. Carlisle siempre conseguía tranquilizar y sosegar a los suyos.
Así que se procedió al llamamiento de los testigos, que corroboraron que la niña era mitad humana mitad inmortal. Aún así, Aro y Cayo no se mostraban dispuestos a perdonar, y los Cullen lo sabían. Mientras los primeros deliberaban pude ver como los segundos se despedían y se daban ánimos. Yo miré a mi loba, sí, por muy extraño que parezca la consideraba mía, y al sentir su mirada clavada en mí me juré que la protegería con mi vida en la inminente lucha.
Cuando la decisión estaba tomada, aniquilamiento, por supuesto, Jane y Alec procedieron a anular sus sentidos y proferirles un poco de dolor inicial. Pero no sucedió nada. Notaba a ambos hermanos concentrarse inútilmente. Era como si una barrera invisible les impidiera llegar hasta ellos. De pronto una imagen llegó a mi mente. Bella no podía ser torturada por Jane. ¿Y si había logrado perfeccionar su don? Era increíble, y en vez de enfurecerme como el resto de mi bando, me sentí aliviado. Ella no sufriría ningún daño. Por ahora.
Oí perfectamente como los Cullen montaban su ataque. Con nuestros dones más poderosos anulados solo nos quedaba la parte física, en la que tampoco éramos principiantes. Escuché como Bella le pedía a Edward que se encargara de mí. Genial. ¿Qué la habría hecho yo a esa? Con todas mis fuerzas le grité mentalmente mis planes pacíficos, pero aún así me preparé para la lucha.
Cuando Aro, Cayo y Marco estaban a punto de declararles como muertos, apareció Alice. Esa pequeña siempre tenía la cualidad de sorprender a todo el mundo, y esta vez no era menos. Traía con ella una prueba irrefutable de la inocencia de la niña, un híbrido como ella.
Ante este descubrimiento Aro no pudo más que “absolver a los Cullen de todos sus pecados”. Me reí internamente de mi propia broma, sabiendo que por ahora ella estaba a salvo.
Antes de marcharme, siguiendo al resto de la guardia, volví la mirada hacia su posición, pero ella había desaparecido. Un gran vacío apareció en mi pecho, donde se supone que estaba situado mi corazón. Quería volver a verla, una última vez, despedirme de ella antes de volver a Volterra. Pero no podía ser, tendría que contentarme con su recuerdo.

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Hola!!!!

aquí os traigo esta nueva historia.... protagonizada por mi Vulturi favorito: Demetri....

espero que os guste, o al menos que no os disguste... XD

besos!!!!

6 comentarios:

  1. aaaaahh me encantaaa :)
    espero que la continues lo más antes posible
    besitoosss :)

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  2. Qué maravilla Demetri!!! Fantástico Lau!!
    Un beso
    T.

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  3. Sencillamente genial como todo lo que tu mente nos regala, y que sorpresa esa imprimacion de dimitri por la loba, lo que pasa es que no veo como se acercara ahora a ella si se tiene que ir a Volterra, bueno espero no tardes en sacarme de dudas, ya los quiero ver en su primer encuentro, ajajajajaj
    besos mi reina

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  4. Yeah!!mitriii....Demitriiii oh si vampirin ya quiero ver que hacees Lau exclente idea... nena te adoroooo

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  5. ohhh esta historia ya me dejo prendada, la verda hasta ahora esa pareja nunca m la imagine, besossss

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