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domingo, 29 de agosto de 2010

La amiga de mi hermana - OS




LA AMIGA DE MI HERMANA

- Edward, cariño, ¿puedes llevar estos libros a tu hermana?
Ya estaba alejándome de casa cuando oí a mi madre llamarme y al darme la vuelta la vi caminando hacia mí con una maleta.
- Mamá ¿dijiste unos libros? – dije dudando al ver la maleta.
- Sí hijo. Pero son unos cuantos y los he guardado aquí para que sea más cómodo llevarlos.
- Ahh… bueno… Está bien. Aunque tengo que dar un buen rodeo para llegar a su apartamento.
- Lo sé hijo, y gracias. Así me ahorras un viaje a mí.
- Ok mamá. Hasta otro día.
Y ella se despidió de mí con un beso en la mejilla.
Sin pensármelo dos veces me dirigí hacia el piso de Alice, en pleno centro de Seattle.
Llegué pasados unos minutos y cuando estaba a punto de llamar al timbre por enésima vez oí una voz a mis espaldas.
- ¿Buscabas a alguien?
Me volví y vi a la mujer más bella que jamás hubiera imaginado. Su pelo moreno y ondulado caía libre sobre sus hombros, enmarcando un suave y pálido rostro en el que brillaban los ojos más hermosos que había visto antes. Eran del color del chocolate fundido y poseían un brillo que los hacía especiales. Cuando bajé mi mirada hacia su cuerpo me encontré con que era de complexión menuda, pero con unas curvas nada desapetecibles. Ladeé un poco mi cabeza para mirarla mejor y cuando volví a subir la vista hacia su rostro noté que se había ruborizado por completo, dándola un aspecto tierno y adorable.
Vi como se debatía entre avanzar hacia la puerta o salir corriendo pidiendo auxilio por mis estúpidos modales de acosador. Antes de que se decidiera por la segunda opción dejé caer la maleta en el suelo y acercándome unos pasos alcé mi mano mientras me presentaba.
- Edward Cullen. Estaba buscando a mi hermana, pero parece que no está…
La chica vaciló unos momentos antes de estrechar su mano con la mía, momento en el que sentí como una descarga de adrenalina atravesaba todo mi cuerpo desde la piel que ella estaba rozando. Retiró la mano rápidamente y sonrojándose un poco más, si es que era posible, me contestó.
- Bella Swan. ¿Eres el hermano de Alice?
- Así es. El duendecillo es mi hermanita – la contesté sonriendo. Alice me había hablado millones, digo, trillones de veces de su amiga Bella. Lo linda que era Bella, lo inteligente que era Bella, lo solidaria, desinteresada, buena cocinera… Llevaba semanas intentando que aceptara una cita con ella, pero yo siempre me había negado. Si tenía todas esas cualidades y seguía soltera era que mi hermana algo se callaba. Pero al verla ahí delante, mirándome fijamente, me maldije una y mil veces internamente por no haber aceptado las proposiciones de Alice. De ahora en adelante haría caso a mi hermana en todo lo que me propusiera.
Bella se adelantó hacia la puerta que minutos antes estaba medio aporreando y sacando una llave comenzó a abrirla.
- Entonces puedes esperarla dentro – me dijo sonriendo. En ese momento el cielo se abrió ante mí. Era tan bella mientras sonreía… Hacía tanto honor a su nombre…
Antes de que me tomara por un tarado entré en su apartamento, dejándome la maleta en el descansillo.
- ¿No se te olvida algo? – me preguntó enarcando una ceja y mirando hacia la puerta mientras contenía una sonrisa.
Me di la vuelta y al percatarme de que la maleta seguía fuera salí apresuradamente por ella. Definitivamente estaba haciendo el imbécil, hecho que me fue confirmado cuando vi mi reflejo en el espejo del recibidor. Estaba completamente sonrojado. Una mujer había hecho que Edward Cullen se sonrojara. Debía de ser una señal.
- Puedes pasar al salón – me dijo Bella mientras me guiaba hacia él.
La seguí sin dudarlo. Creo que en ese momento la habría seguido hacia el mismísimo infierno si ella lo hubiera propuesto.
Entramos en un espacioso salón decorado en tonos claros al gusto de mi pequeña hermana. Me acomodé en uno de los sofás y esperé a que Bella volviera de dejar su bolso en su cuarto. Estaba mirando una fotografía de ambas que tenían sobre una estantería cuando Bella volvió portando en sus manos una bandeja con una cerveza y unas patatas fritas.
Como buen caballero que era se la quité suavemente y la deposité sobre la mesita, sentándome de nuevo. Ella se sentó a mi lado un poco nerviosa, por lo que decidí romper el hielo.
- ¿Para mí no hay nada? – la pregunté en bromas haciendo alusión a la cerveza.
- Es para ti – me contestó sonrojándose nerviosa - ¿No te gusta? Es la preferida de Jasper…
- No te preocupes, era una broma – la contesté sonriendo – Y sí me encanta. Un momento ¿Jasper? – la cuestioné. Yo conocía a un Jasper, el hermano de la nueva novia de Emmett, pero dudaba que Bella le conociera también.
- El novio de Alice… - me respondió cautelosamente - ¿No te había contado?
Ahora se veía entre preocupada y asustada, pero mi instinto de hermano no me dejaba ser suave o sonreír sin problemas.
- No… No sabía nada… Espero que sea buen chico…
- Ohh… Lo es… - comenzó nerviosa tras darse cuenta de su error – Nos le presentó Emmett…
Esto último lo dijo como si el hecho de ser conocido de mi hermano Emmett cambiaría mi modo de ver la situación.
- ¿Emmett? – pregunté confuso. Si Emmett le conocía sólo podía decir una cosa. - ¿Y sabes de qué le conoce mi hermano?
- Ehh… Pues… - dudó – es el hermano de Rosalie, su novia… Le conocimos una noche que salimos a tomar algo a un pub. Y desde entonces quedamos varias veces hasta que se decidieron a salir solos. El resto es historia…
Mis sentimientos estaban encontrados. Por un parte sentía rabia porque mi hermanita no me hubiera contado que tenía pareja. Además, estaba el hecho de que Jasper era amigo mío desde hace varios años y aunque era un tipo legal no me apetecía que anduviera por ahí revolcándose con mi hermana. Pero por otra parte estaba Bella, tan dulce y sonrojada, temblando por dentro por haber metido la pata y por mi reacción protectora hacia Alice.
- Historia… - repetí lentamente tras unos segundos.
Bella estaba visiblemente incómoda, por lo que decidí que tenía que cambiar drásticamente de tema.
- ¿Y tú? ¿Tienes novio, Bella?
- No… - me contestó en un susurro sonrojándose de nuevo.
Me encantaba que se sonrojara, la hacía ver tan linda…
- ¿No? Qué cosa tan extraña siendo tan bella… Te lo habrán dicho mil veces, pero haces gran honor a tu nombre…
Su sonrojo aumentó y una pequeña sonrisa curvó sus labios mientras me contestaba.
- La verdad es que no. Eres el primero… - dijo algo avergonzada.
- ¿El primero? Vaya… - dije incrédulo. Serían tontos los hombres con los que se había cruzado – Entonces, ¿nunca has estado saliendo con nadie?
Se revolvió incómoda en el sofá y escondiendo la cara tras una cortina de pelo me contestó quedamente.
- No… Nunca…
Noté cómo la incomodidad y la vergüenza la envolvían, tiñendo su cara de un profundo escarlata. Y en ese mismo momento me arrepentí de mis preguntas. Pero yo no pretendía molestarla, sólo quería saber más de ella.
Me levanté enseguida y me arrodillé ante ella, apartando su pelo de su rostro con una de mis manos mientras que con la otra rodeaba una de las suyas.
- No te avergüences por ello. No es algo malo. Simplemente no ha aparecido el indicado – la dije sonriendo.
Al ver como una pequeña sonrisa se extendía por su hermoso rostro deslicé mi mano libre por su rostro y continué hablando lanzándome por completo a la piscina.
- Si quieres yo podría ser tu primer chico… Podríamos salir un día de estos a tomar algo y conocernos mejor…
Bella alzó la mirada mirándome incrédula, y ante mi sonrisa accedió con un movimiento de cabeza.
Iba a preguntarla por el día que prefería y por el lugar cuando un torbellino entró por la puerta.
- ¡Ya estoy en casa! – gritó mi hermana mientras entraba saltando en el salón y tiraba un par de bolsas sobre el sofá donde minutos antes había estado sentado. - ¡Edward! – exclamó mientras se lanzaba a mis brazos con tal fuerza que estuvo a punto de tirarme al suelo.
- Ey… Yo también me alegro de verte enana… Pero no por eso impido que respires – la dije riendo con dificultad por la estrechez de su abrazo.
Ella se echó a reír y me soltó, dirigiéndose hacia Jasper, que esperaba apoyado en la puerta. Mi amigo me miraba con súplica en los ojos mientras mi hermana le arrastraba hacia mí cogido de la mano.
- Ya sé que os conocéis, – comenzó mientras tomaba mi mano con la suya – pero quiero hacerlo bien. Edward, este es mi novio, Jasper. Jazz, el es mi hermanito querido.
Yo la atraje hacia mí en un claro abrazo sobreprotector y mirándola seriamente la contesté.
- Alice… ¿Tu hermanito querido? Deberías habérmelo dicho antes… - y mirando a mi ahora cuñado seguí – Jasper, sólo cuídala, ¿sí?
Alice soltó un chillido ensordecedor y tras darme un abrazo se lanzó a besar los labios de Jasper.
Para no mirar semejante escena centré mi atención en Bella, que se estaba levantando del sofá y se dirigía hacia el pasillo que comunicaba los dormitorios con el resto del apartamento. Mi mirada atrajo el interés de Alice, quien se lanzó contra Bella e hizo que se sentara de nuevo en el sofá.
- Espera Bella. Mamá debe de haberme mandado lo que la pedí – Y sin dejarla protestar abrió la maleta y tras rebuscar en ella unos segundos sacó dos camisetas y se las lanzó – pruébatelas.
- ¡Alice! – exclamé - ¿Qué no eran libros?
- Mmm… Sí, hay dos libros – me contestó enseñándomelos.
- Increíble – dije más para mí mismo que para ella, aunque la verdad, no sé de qué me sorprendía. – Mejor me voy antes de que me volváis a estafar.
Pero antes de marcharme representando el papel de indignado me acerqué a Bella y sin pensármelo dos veces la planté un beso en la mejilla haciendo que se sonrojara.
- ¿Sigue en pie lo de salir juntos esta semana? – al ver que ella afirmaba con la cabeza la pregunté esperanzado - ¿el viernes?
- El viernes estaría bien – me contestó tímidamente - ¿Qué tal a las ocho?
- Perfecto. El viernes a las ocho te recojo. – y alzando la voz me despedí de todos - ¡Adios!
Y ante la mirada interrogadora de mi hermana y la sonrisa de Jasper salí rumbo a mi apartamento. Cuando cerré la puerta me pareció oír un grito típico de mi hermana, así que supuse que estaba interrogando a la pobre Bella. Bien, la compensaría por eso el viernes en nuestra cita.


La semana pasó lentamente, demasiado para mi gusto. Tenía que haber quedado con Bella el martes o el miércoles, en vez del viernes. Más de una vez pensé en hacerla una visita en su apartamento, pero enseguida se me quitaron las intenciones. No quería parecer desesperado y mucho menos un acosador. Así que esperé, y como dice mi madre el que espera desespera, por lo que planeé decenas de sitios donde podríamos ir.
El viernes a las ocho estaba llamando puntualmente a la puerta del apartamento de Bella, y fue Alice quien me abrió dando pequeños saltitos como cuando era pequeña y Emmett y yo la complacíamos.
- Hermanito – me saludó con un abrazo y un beso en la mejilla – Pasa. Bella ya casi está lista.
- Hola Alice. Espero que no la hayas torturado mucho – la saludé de vuelta estrechándola entre mis brazos mientras nos dirigíamos hacia el salón.
- Yo nunca torturo a nadie – me dijo ofendida – Además, si me hubieras hecho caso, hace semanas que Bella y yo seríamos cuñadas…
Mi contestación se quedó en mi garganta ya que en ese preciso instante apareció Bella. Estaba más hermosa de lo que recordaba, con unos vaqueros ajustados y una camiseta morada que resaltaba sus pequeñas curvas. Llevaba su pelo suelto sobre sus hombros, con un pequeño recogido que se lo apartaba del rostro.
- Hola – me saludó tímidamente.
- Hola –la contesté atontado mientras Alice me daba un codazo. Me adelanté hacia ella para posar mis labios sobre su mejilla mientras la susurraba – Estás preciosa.
Cuando me separé vi su adorable sonrojo y la sonreí mientras la indicaba que nos fuéramos.
- Será mejor que nos vayamos ya – y dejándola pasar me despedí de mi hermana con la mano.
La guié hasta mi coche en silencio y la ayudé a entrar. En el camino me di cuenta de que era un poco patosa ya que había tropezado un par de veces, aunque bien podía ser de los nervios. Según me había dicho era la primera cita a la que asistía.
Nos pusimos de camino hacia las afueras de Seattle. En un principio había decidido llevarla a un pub de moda, pero se me acababa de ocurrir un sitio mejor. Noté cómo su nerviosismo se iba incrementando según nos alejábamos de la ciudad, así que comencé a explicarla dónde íbamos.
- No te preocupes. No te estoy secuestrando ni nada por el estilo – la dije sonriendo haciendo que enseguida sus labios se curvaran seductoramente – Vamos a un pequeño bar que hay junto a una laguna. De pequeños íbamos todos los domingos.
Ella sonrío ampliamente y mirándome me dijo:
- Alice me ha hablado cientos de veces de la “Cabaña del Lago” – así se llamaba el bar – Y siempre he querido conocerlo…
- Bien, pues hoy lo harás – la contesté animado.
Unos minutos más tarde llegamos al lago y tras aparcar enfrente del bar ayudé a Bella a bajarse de coche. Se alejó unos metros hacia el lago y se quedó mirándolo. Me acerqué a ella y no pude evitar abrazarla por detrás acercándola a mi pecho. Miré hacia el lago, donde se reflejaba una perfecta luna llena creando una bella imagen.
- Es hermoso… Gracias – me dijo apoyando su cabeza en mí.
- No tanto como tú – la contesté mientras la volteaba suavemente hasta quedar de frente, tan cerca que podía sentir su aliento en mis labios.
- Edward… - me dijo sorprendida – Yo… Yo nunca…
- Shh… - la interrumpí – Déjame ser el primero. Déjame enseñarte lo que es el amor…
Bella asintió, acercándose más a mí y poniéndose de puntillas para acercar aún más nuestros rostros hasta juntar su boca con la mía. Dejé que fuera ella quien rozara nuestros labios, quien comenzara aquel primer beso puesto que no sería el último.

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Hola!!!!

Aquí está el premio al segundo lugar del Concurso de verano, perteneciente a Anna Cullen.....

Espero que te guste....

un beso!!!!








2 comentarios:

  1. Ha sido un capi genial...ojala la historia continuara... cute!!

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  2. me encanta como escribes cariño, este os ya lo habia leido antes pero como me gusta tanto leerte, pues decidi volverlo a hacer, como amo a Edward, y la duende de Alice siempre de casamentera, ajajjajajaja
    un beso mi laura, te adoro cariño
    Irene

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