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lunes, 30 de agosto de 2010

Visiones que nunca fallan - OS




VISIONES QUE NUNCA FALLAN

¿Qué hubiera pasado si Jasper hubiera conocido a Alice cuando todavía era una humana? ¿La habría convertido o no hubiera podido resistir la tentación de tomar su vida?

Hacía doscientos años que vagaba solo. Ni siquiera se paraba a pensar en qué país se encontraba, y no digamos ya en qué ciudad. Todo era igual para sus ojos color escarlata; sólo se guiaba por su olfato, por el olor de la sangre.
Jasper Whitlock había sido convertido en vampiro unos trescientos años atrás por María, una sureña que le embaucó y le hizo creer que estaban enamorados para utilizarle como pieza clave de su ejército de neófitos. Jasper se encargaba de controlar a los vampiros más recientes, cosa fácil con su don. Y es que Jasper era lo que hoy en día llamaríamos un empático; podía sentir las emociones de los que le rodeaban y cambiarlas a su gusto. Por eso había sido importante para María. Porque lo suyo no había sido amor, sino conveniencia. Y cuando Jasper se dio cuenta la abandonó. Abandonó ese estilo de vida que ella le había enseñado, su modo de vida; en tres palabras: abandonó la lucha.
Y desde entonces se movía de un lado a otro del continente, sin rumbo fijo, guiado por el olor de las más sabrosas sangres humanas. Llevaba dos noches en esa ciudad, ni siquiera sabía su nombre ni hizo nada por averiguarlo. Sus pasos siempre le dirigían hacia la misma carretera, pero él daba marcha atrás al reconocerla. Era el camino que llevaba al sanatorio mental.
La tercera noche volvió a la entrada del edificio y cansado de esquivarlo se decidió a entrar. “Será fácil hacer desaparecer un cuerpo al que nadie echará de menos”, pensó para sí mismo. Y sin más se dirigió hacia la entrada de aquel lúgubre edificio, aquel sitio donde las almas de los enfermos se consumían junto con sus cuerpos entre paredes acolchadas y altas dosis de medicinas tranquilizadoras.
Jasper odiaba la sangre contaminada, elegía siempre las más puras y jugosas. Por eso no había querido entrar en aquel manicomio las veces anteriores. Pero había algo que lo llamaba a entrar y eso hizo.
Se coló por la primera ventana que encontró, rompiéndola con facilidad y en absoluto silencio comenzó a caminar por los oscuros y desiertos pasillos. En su corto paseo decenas de diferentes sangres le llamaban, pero sólo ocho de ellas estaban completamente limpias de medicación. Pensó que serían los cuidadores, por lo que le llamó la atención que una de ellas, la más sabrosa y suculenta para su olfato, estuviera detrás de uno de las puertas de seguridad, en lo que parecía la habitación de un paciente.
Abrió la puerta con cuidado, intentando hacer el mínimo ruido posible y entró cerrándola tras de sí. Al voltearse se encontró con una figura menuda, una joven de unos dieciocho años que lo miraba feliz mientras el alivio recorría su cuerpo. Era pequeña y delgada, con el pelo corto y negro como la noche, y sus ojos oscuros le miraban con devoción. Jasper no había visto nunca antes un ser tan bello y nunca antes había sentido esa sensación de paz al estar cerca de un humano. Momentos antes de que él saltara hacia el cuello de la chica esta habló.
- Antes de nada me gustaría presentarme – y ante la sorpresa del chico que tenía delante siguió hablando, más bien susurrando, aunque sabía perfectamente que él podía oírla – Me llamo Alice.
Jasper no podía olvidar sus modales por lo que no dudó en contestar a aquella linda y atrevida desconocida. Sus anteriores víctimas habían temblado ante él, pero ella estaba allí tan tranquila, como si supiera algo que él no sabía. Y Jasper no andaba muy desencaminado, puesto que Alice podía ver el futuro. Su don era algo impredecible e incontrolable, y por él estaba allí internada.
- Jasper Whitlock, para servirla – dijo casi sin pensar.
Alice sonrió, constatando que él era a quien llevaba tanto tiempo esperando, y una ola de alivio y tranquilidad recorrió su cuerpo dejando a Jasper más sorprendido aún. Él no entendía cómo alguien podía estar así de tranquilo en su presencia. No cuando llevaba más de trescientos años atemorizando a todos los humanos con los que se cruzaba.
- Me has hecho esperar mucho tiempo, Jasper – dijo Alice firme pero pausadamente.
- Lo siento señorita – contestó Jasper completamente envarado dejando entrever claramente su incomodidad.
“¿Cómo que la he hecho esperar? Esta joven tiene algo raro” Pensó Jasper sorprendido.
Alice se dio cuenta de la incomodidad y la sorpresa que estaba sintiendo Jasper, así que se decidió a contarle la verdad. Sería la prueba de fuego. Si él la creía todo iría bien, y según su visión así sería. Pero sus visiones no eran fiel reflejo de la realidad, sino que estaban sujetas a las decisiones de los afectados.
- Ven – comenzó Alice extendiendo su mano hacia Jasper como si le conociera de toda la vida.
- Estoy bien aquí, gracias – contestó él arrepintiéndose de ello al momento.
La alegría se había desvanecido del cuerpo de Alice dejando paso a una profunda tristeza ante el rechazo de Jasper, y este lo notó. Pero no se retractó, puesto que estaba hambriento y no sabía si podría controlarse al tenerla demasiado cerca.
Alice se dio ánimos a sí misma para continuar y se reprendió mentalmente. Sabía que él la rechazaría y aún así no pudo evitar sentirse decepcionada al escucharlo de sus labios.
- Como quieras – siguió hablando ante la atenta mirada del vampiro – Sabía que vendrías, pero creía que lo harías antes. También sé lo que eres y sé que quiero ser como tú…
Jasper estaba completamente asombrado. ¿Cómo que sabía que iría a por ella? ¿Y cómo que sabía lo que era? ¿Quería convertirse en esto, en un asesino en serie?
- Perdona, pero no te entiendo – la contestó - ¿Podrías explicarte mejor?
Alice respiró profundamente y llenándose de valor comenzó su extraña explicación sin ningún tipo de preámbulo.
- Como tú yo poseo un don; puedo ver el futuro. Por eso te vi venir hacia mí y sé de tu naturaleza. Mis visiones no son algo preciso, sino que cambian según varían las decisiones de los involucrados en ellas. Según mi visión tendrías que haber venido a buscarme dos días antes, pero has aplazado la decisión hasta esta noche…
- ¿Cómo que mi decisión? Yo no he venido aquí buscándote, sólo quiero alimentarme.
Alice se vio interrumpida por Jasper y al comprender el significado de sus duras palabras el desasosiego se apoderó de ella. No había ido a salvarla, a llevarla con él. Otra vez sus visiones habían fallado; no tenía un futuro con ese joven apuesto al que llevaba semanas esperando. Seguiría sola en esa celda acolchada, volviéndose loca. Quizás ya lo estaba y el joven sólo era producto de su imaginación, quizás el resto del mundo tenía razón y estaba completamente loca.
Un sollozo salió de los labios de Alice mientras la realidad la golpeaba duramente. Sus rodillas no pudieron sostenerla más y cayó al suelo desmadejada, rota de dolor por dentro. Sus sueños de libertad y amor se habían acabado en ese mismo instante.
Jasper la vio caer y sintió el fuerte dolor que la bella muchacha estaba padeciendo. Se debatió unos segundos entre consolarla o salir de allí en busca de ayuda para la joven. Porque alimentarse de ella ya no estaba entre sus opciones. Alice había despertado sentimientos que él no conocía por sí mismo, por mucho que los hubiera sentido a través de otras personas.
Su corazón, hasta hace unos minutos helado y sin vida, despertó con las lágrimas de aquella joven e hizo que inconscientemente se acercara a ella y la estrechara entre sus brazos mientras la tranquilizaba con su don.
Alice sintió el frío cuerpo de Jasper rodeando al suyo, su aliento sobre su cuello. Y supo que finalmente lo conseguiría, que sería suya, pero antes tenía que pedírselo.
- Muérdeme – le ordenó firmemente mirándole a los ojos.
- No sabes lo que dices – la contestó él intentando no cumplir su deseo.
Sus ojos estaban oscuros, la sangre de Alice le llamaba fuertemente. Quería probarla, necesitaba beber de ella. Pero no sabía si podría parar, si no la mataría en el intento.
Su instinto se impuso a su razón y cuando Alice repitió por segunda vez la orden el cerebro de Jasper la captó y la obedeció. Lentamente sus labios se acercaron al cuello de Alice y lo más suavemente que pudo atravesó la carne con sus afilados dientes.
El sabor de la sangre de la joven lo transportó a un mundo de placer y delirio, un camino que tenía difícil retorno. No podía dejar de beber de ella, aunque el fondo de su cerebro le pidiera parar no obedecía.
Alice se debatía entre sus brazos, intentando mantener un soplo de vida inútilmente. Ya había aceptado que ese sería su final cuando la herida abierta comenzó a arderla intensamente. Rápidamente el dolor y el escozor se extendieron por el resto de su pequeño cuerpo y sin poder contenerse soltó un desgarrador grito.
Ese fue el detonante para que Jasper parara de succionar su sangre. El oírla gritar bajo los efectos de la venenosa ponzoña había devuelto la conciencia del vampiro. Jasper la miró arrepentido, asqueado de lo que había hecho. Acababa de condenarla a una vida de soledad y vagabundeo sin rumbo fijo. Por un momento pensó en acabar con su sufrimiento de un golpe certero y huir. Pero no pudo, su conciencia y su reanimado corazón no le dejaron.
Así que la cogió en brazos y salió de aquel lúgubre edificio tan rápido como pudo, dirigiéndose al bosque más cercano. Una vez allí buscó desesperadamente un lugar aislado donde esconderse, puesto que Alice no dejaba de gritar y de seguir así llamaría la atención de algún humano.
Finalmente, y tras dos horas de correr, siempre sin rumbo fijo, divisó una serie de cuevas en la falda de una montaña y allí se dirigió. Depositó suavemente a Alice en lo más profundo y oscuro de la gruta más alejada y se sentó junto a ella a esperar que la transformación terminara compartiendo el dolor de la muchacha.
Dos días y siete horas estuvo Alice debatiéndose de dolor tirada en el frío suelo de aquella cueva. Nunca antes había sentido algo tan espantoso, ni cuando la daban los electroshocks en el manicomio. Los únicos momentos de alivio llegaban cuando una mano fría y suave rozaba su pelo y su rostro transmitiéndola un poco de tranquilidad.
Transcurrido el tiempo de la transformación Alice sintió como el dolor remitía hasta desaparecer por completo. Abrió los ojos confundida al sentir el duro suelo bajo su espalda y se puso de pie de un salto, más rápido de lo que nunca hubiese creído capaz. No recordaba cómo había llegado hasta allí, hasta esa oscura cueva que sin embargo ella veía claramente.
Sus ojos se posaron en Jasper, quien la miraba expectante mientras mandaba olas de tranquilidad que chocaban contra su cuerpo. Pero Alice estaba tranquila, más de lo que él nunca había visto. La confusión la dominó por unos segundos, pero al ver al joven todo encajó en su mente, los últimos segundos de su vida como humana volvieron a ella y le reconoció. No en vano llevaba soñando con él los últimos dos meses. Ahora se sentía plena, libre por fin.
La felicidad que experimentó Alice al mirarle demolió las barreras que Jasper había creado a su alrededor tras el engaño de María. La muchacha se había ganado su corazón en pocas horas y sin hacer nada, simplemente por no temerle en su habitación del manicomio. Además, el verla sufrir durante la transformación despertó en él el deseo de cuidarla, de evitar que volviera a sentir dolor.
Con la espontaneidad que siempre la había caracterizado Alice se acercó a Jasper y tocándole el rostro suavemente le susurró:
- Eres tan lindo…
Jasper no se esperaba ese movimiento, y mucho menos el roce y las palabras, por lo que se quedó uno segundos en blanco. Pero cuando Alice le cogió de la mano y tiró de él hacia el exterior se centró.
- ¿Tienes sed? – la preguntó suavemente. Alice le miró sorprendida y él explicó sus palabras – Si te arde la garganta es sed. Siempre estará ahí, nunca te desharás de la sed. Sólo se puede mitigar con sangre. Así que vayamos a cazar un par de humanos.
Alice frenó en seco intentando reprimir la repulsión que le producía aquella idea. Ella no pensaba matar ningún humano. Jasper se sorprendió de nuevo ante su reacción, pero antes de poder responder Alice le estaba contestando.
- No quiero matar humanos… No puedo – sollozó
- Es nuestra naturaleza, pequeña – la explicó su acompañante pacientemente – No podemos sobrevivir si no nos alimentamos.
- Pero, pero, tiene que haber una alternativa – respondió ella.
Jasper quiso dársela, quiso encontrar una dieta alternativa para Alice, pero en todos sus años de experiencia sabía que solo la sangre calmaba la maldita sed.
- No la hay – intentó hacerla entrar en razón con todo el tacto del mundo – Si la hubiera no te quepa duda de que la intentaría. No es agradable ser un monstruo que siega vidas para alargar la suya. Pero la única manera de mantenernos vivos es la sangre.
Una idea cruzó la mente de Alice mientras veía un conejo correr despreocupado unos metros más allá de donde ellos se encontraban. De pronto una imagen cruzó su mente arrancándola del presente. Estaba teniendo una visión.
“Dos hombres jóvenes corrían detrás de un enorme oso, en lo que parecía una carrera. De pronto uno de ellos, muy apuesto y con el pelo cobrizo se lanzó contra él derribándolo y clavando sus dientes en su cuello empezó a succionar su sangre”
Alice salió de trance e inmediatamente abrazó a Jasper desbordando alegría.
- Sí hay una alternativa. Solo es sangre. Da igual de qué tipo. No hace falta que sea humana – y tirando de Jasper comenzó a caminar hacia el bosque.
Jasper estaba completamente sorprendido. No entendía qué la había pasado, porqué se había quedado quieta esos interminables doce segundos. Y tampoco entendía nada de lo que había dicho después. Por ello frenó ejerciendo resistencia al agarre de Alice hasta que ella también paró volviéndose hacia él.
- ¿Qué ha sido eso? – la cuestionó. Y antes de que pudiera seguir preguntando Alice se le había vuelto a adelantar.
- Una visión. Vi a dos vampiros bebiendo de un oso – comenzó alegremente – Por lo que debe der ser posible alimentarse de animales en vez de humanos. – y ante la escéptica mirada de Jasper compuso un puchero y le rogó que la dejara probar – Por favor, intentémoslo. Si no funciona no pondré ninguna pega al cazar mi primer humano.
Y sin más comenzó a andar hacia el bosque y Jasper la siguió, dándose cuenta de que estaba perdido por ella. Le bajaría la luna del cielo si ella se lo pedía.
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Hola!!!!
Aquí traigo el primer premio del Concurso de verano....
Perteneciente a Kassi!!!!!!!!!
Nena, espero que te gusten

6 comentarios:

  1. ahhh q bello...! puedo poner el Os en mi blog a tu nombre siempre no?? O.o mme encantooo! mas mono Jasper iii grax por la portada mñn la arreglo k ya es tarde ;) Bye!! grax

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  2. ay que lindo me emcanto =D
    mi Jasper siempre tan hermoso como lo amo jaja
    bye saludos karlii whitlock

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  3. Que bello relatoooo Lau me encnatooo dichosa la chica del primer puesto maravillosa histroia mi Lau como amo a Jasper y Alice y como describes madre lo ameeee espero que tengo continuacion aaaaaaa !!1 loved

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  4. Lau me ha encantado! es una historia preciosa!! Muy Alice, muy jasper, sí!! magnífica!
    beoss
    T.

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  5. Lau me ha encantado de veras... vaya que casualidad que yo restatasé días antes de leer este OS mi olvidada idea con Alice... Claro que tú le echastes más imaginación... Te quedo realmente hermoso, tan Alice y Jasper!!!
    Lo amé-

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