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martes, 24 de agosto de 2010

CONOCIENDO FORKS




Acababa de mudarme junto con mis padres a un pequeño pueblecito del estado de Washington. Yo había nacido y crecido en Los Ángeles, pero mi padre había sido trasladado a Forks, donde sería el sheriff. Era un cargo muy importante para él y por eso dejé sin protestar toda mi vida atrás, porque lo más importante para mí era mi familia. Y eso que no iba a ser nada fácil. Yo era la capitana del equipo de natación de mi escuela y según tenía entendido en Forks no había piscina cubierta. Aparte de la natación no se me daba bien nada. Mi coordinación era penosa, apenas podía andar veinte metros a una velocidad normal sin tropezarme, incluso que mis propios pies se estorbaban el uno al otro.
Cuando mi madre y yo llegamos a Forks mi padre nos estaba esperando en la puerta de nuestra nueva casa junto con el ayudante del sheriff el señor Webber y una muchacha morena que parecía más o menos de mi edad.
- Hola cariño – dijo mi papá saludando con un beso a mi madre. Y después se volvió hacia mí y me dio otro beso en la mejilla – Estos son Frank Webber y su hija Ángela – siguió para presentarnos a su jefe.
- Encantadas – dijo mi mamá estrechando la mano del señor Webber.
Yo imité a mi madre y les saludé a ambos.
- Bueno Bella, - comenzó el señor Webber- tú padre me ha dicho que tienes 17 años. – Yo asentí con la cabeza – Entonces Ángela y tú iréis junta a clase y seguro que acabareis siendo buenas amigas.
- Seguro – contesté mirando a Ángela con una tímida sonrisa en mis labios, a lo que ella contestó de igual manera.
Enseguida se despidieron, no sin antes concretar que Ángela pasaría el lunes a buscarme para llevarme a la escuela.

Ya llevaba dos semanas en Forks y me había hecho a la escuela y a mis nuevos amigos rápidamente. Esa tarde había quedado con Ángela, Jessica, Eric, Mike y otros chicos para ir a La Push. Según me habían dicho era una playa preciosa donde poder pasear y hacer surf debido a sus espectaculares olas. Pero mi idea era nadar, nadar hasta que mi cuerpo no pudiera más.
Antes de que Ángela pasara a buscarme con su furgoneta decidí ir a la tienda de deportes para comprarme un bañador térmico ya que hacía frío y el agua estaría helada. Al volver a casa mi nueva amiga me estaba esperando, así que me cambié de ropa rápidamente y me metí de un salto en el asiento del copiloto.
- Hola – la saludé – Siento haberte hecho esperar.
- No pasa nada – me dijo con una sonrisa. Y sin más nos dirigimos hacia la playa.
Durante el camino fuimos hablando de cosas sin importancia, como un trabajo de literatura que teníamos que hacer para la siguiente semana o el asqueroso tiempo que hacía en Forks. Y es que si algo echaba de menos en mi nuevo hogar era la sensación del sol calentando mi piel. Yo siempre había adorado el sol y desde que vivía en Forks no le había visto aparecer ya que el cielo se encontraba permanentemente cubierto por una gran capa de nubes.
Cuando llegamos a la playa ya estaban los demás esperándonos. La verdad es que era un sitio muy hermoso, de la arena más blanca que pudiera recordar y en forma de media luna. Mike y Eric nos invitaron a Ángela y a mí a hacer surf, pero ambas rechazamos la oferta. Me quedé un rato con Ángela sentadas en la playa, en silencio y mirando como nuestros amigos se lo pasaban en grande a tanto solo unos cientos de metros de nosotras. Yo me moría, literalmente, por echarme al agua y nadar como una loca, pero no quería dejarla sola. Pero mi anhelo debía de ser muy notable, ya que a los pocos minutos oí como mi amiga me decía:
- Bella, puedes ir a nadar si quieres. Yo estaré bien aquí sola.
- ¿De verdad? – la pregunté con una gran sonrisa en mi rostro.
- Sí. Además seguro que pronto viene alguna de las chicas.
Yo no esperé a que me lo repitiera dos veces y me lancé enseguida al agua. Estaba bastante fría, pero la sensación de las olas contra mi cuerpo mientras me movía me calentó enseguida. Esto era mucho mejor que nadar en una piscina, si bien era más cansado.
Debí de estar mucho tiempo en el agua, más de una hora, porque cuando salí ya estaban todos comiendo alrededor de una gran hoguera. Me senté junto a Mike y busqué con mi mirada a Ángela.
- ¿Dónde está Ángela? – pregunté volviéndome hacia Mike al ver que mi amiga no estaba por ningún lado.
- Se ha ido a pasear con uno de esos chicos de la reserva – me contestó bastante molesto señalando al fondo de la playa.
- ¿Y ya ha comido? – insistí.
- No. Y como tarde mucho dudo que lo haga – me respondió hoscamente.
- Bien. Les llevaré algo.
Y cogiendo un par de emparedados más me dirigí hacia donde Mike me había señalado.
Un par de minutos después divisé a Ángela sentada en un tronco junto a un chico moreno. Era realmente guapo y al ir sin camiseta pude contemplar la forma de los músculos de la parte superior de su cuerpo. Me sentí atraída por ese cuerpo, por tocar esa piel aceitunada que él orgullosamente exponía ante nuestros ojos.
No quería estropearles el momento. ¿Y si estaban allí en busca de intimidad? Por el tono de voz de Mike bien podrían ser algo más que amigos. Ante ese pensamiento mis tripas se revolvieron. No podía ser que estuvieran juntos, pero tampoco tenía yo derecho a pedir lo contrario. Ni siquiera le conocía. Ángela se volvió hacia mí y una gran sonrisa iluminó su rostro.
- ¡Bella! ¿Qué haces aquí?
- Os traje unos emparedados. Se estaban acabando y no tenían mucha intención de dejaros nada. – la contesté ofreciéndoselos. Fue en ese momento cuando mis ojos se encontraron con la mirada del chico.
Estuve unos segundos atontada, hasta que Ángela cogió los bocadillos de mi mano y me devolvió al presente.
- Ohh… Gracias… - me dijo mirándonos al chico y a mí intermitentemente. – Este es Jacob. Jacob, ella es Bella.
Jacob se levantó y me tendió la mano diciéndome:
- Hola Bella. – Una sonrisa se extendió por su bello rostro mientras seguía hablando – Pero mejor dime Jake, es más informal.
- Encantada Jake.
No sabía que me pasaba pero no podía dejar de mirarlo. Y su piel resultó tan cálida a mi tacto que me resistí unos segundos a soltar su mano.
- Será mejor que volvamos – sugirió Ángela suavemente y yo me sonrojé. Me había olvidado de que ella estaba allí con nosotros.
Me adelanté un poco a ellos para dejarles algo de intimidad, pero enseguida Jacob me alcanzó y comenzó a entablar conversación conmigo mientras Ángela nos miraba de vez en cuando divertida. Pocos minutos después estábamos junto a la hoguera y vimos como los demás estaban recogiendo las cosas.
- ¿Os vais ya? – preguntó Jacob algo apesadumbrado.
- Sí. Parece que va a haber tormenta. – le contestó Mike.
Entre todos recogimos nuestras pertenencias rápidamente y Ángela y yo nos dirigimos hacia su camioneta con Jacob pisándonos los talones. Se despidió de ella amablemente y con un beso en la mejilla y cuando llegó hasta mí me susurró sonrojándose:
- Bueno… Espero poder verte pronto…
Y acercándose a mí posó sus labios en mi mejilla suavemente. Sentí como una gran electricidad recorría mi cuerpo y no pude contenerme.
- Sí quieres podemos quedar mañana a tomar algo.
Su rostro expresó una gran sorpresa y enseguida me regaló una de sus hermosas sonrisas. Yo me moría de vergüenza. Apenas le conocía y ya le había pedido una cita.
- Mañana estará bien – me contestó sin dejar de sonreír. - ¿Qué te parece si te recojo a la salida de clases?
- Perfecto – le susurré con una gran sonrisa.
Él se despidió de nuevo con otro suave y cálido beso en mi mejilla y alzó la mano en dirección a Ángela mientras se alejaba hacia el pueblo. Yo me subí a la camioneta de Ángela automáticamente, sin dejar de sonreír. No podía dejar de pensar en su rostro, en su piel y en sus labios. Como me hubiera gustado poder probarlos. Cuando me quise dar cuenta estábamos aparcadas enfrente de mi casa. Me volví hacia mi amiga avergonzada y vi como me sonreía ampliamente.
- Veo que te ha caído muy bien Jake – me dijo remarcando el “muy”.
Ella seguía sonriendo, pero una gran culpa se apoderó de mí.
- Yo… Esto… Lo siento Ángela… No sabía que tú y él…
- Que él y yo nada – me cortó – Jacob es mi amigo desde chiquitos y nada más. Y estoy muy contenta de que te guste y de que tú también le gustes a él.
- ¿Gustarle yo? – no me podía creer lo que mi amiga me estaba diciendo.
- Por supuesto. Jake nunca había invitado a salir a nadie.
Salí de la camioneta agradeciéndole a Ángela el viaje y subí eufórica hacia mi cuarto. No me podía creer que mañana hubiera quedado con Jake y mucho menos que yo le pudiera gustar, pero aún así rebusqué entre mi ropa algo que ponerme al día siguiente. Al final me decidí por unos jeans ajustados y una camiseta de tirantes bellísima que llevaría bajo mi sudadera negra.

El día pasó lentamente y a cada minuto que se acercaba a la hora de salir de clases me ponía más nerviosa. ¿Y si no venía? ¿Y si venía pero yo no le interesaba de “esa” manera? De pronto el timbre del final de las clases me sobresaltó y salí disparada hacia la puerta de la escuela. Allí estaba él, junto una moto enorme. Estaba divino, con unos jeans pesqueros que le llegaban justo por debajo de las rodillas y una camiseta de tirantes negras. ¿Es que este chico nunca tenía frío?
Me acerqué lentamente con una gran sonrisa en mis labios y él me recibió con un gran abrazo mientras me sonreía ampliamente.
- Te ves muy bien – me dijo suavemente mientras me lanzaba un casco.
- Gracias – le contesté sonrojándome - ¿Adónde vamos?
- Pues he pensado en dar una vuelta con la moto – me dijo sonrojándose.
- Perfecto – dije yo entusiasmada de tener que agarrarme a su cintura – Así podré conocer mejor los alrededores de Forks.
Jacob sonrió ante mi repentina alegría y subiéndose a la moto me invitó a seguirle. Yo me acomodé tras él ante las miradas de mis compañeros de clase y me agarré fuertemente a su cuerpo. Jacob cogió mis manos entre las suyas y me pidió que no le soltara. “Tranquilo” pensé “ni aunque me fuera la vida en ello me soltaría de ti”. Y me sonrojé por mis pensamientos justo cuando Jake ponía en marcha la moto y salíamos disparados hacia la carretera.
Jacob condujo a través del pueblo y enseguida salimos hacia uno de los caminos secundarios que se dirigían hacia La Push. Pero en vez de ir hacia la reserva nos desviamos hacia los acantilados y una vez cerca de ellos Jacob paró la moto y me ayudó a bajarme de ella. Mis piernas estaban un poco entumecidas pues era la primera vez que montaba en moto. Pero cuando sus manos rozaron mi cintura y me posaron suavemente en el suelo me olvidé de todo mientras mi mirada se perdía en sus oscuros ojos. Unos segundos después su voz me sacó de mi preciado letargo emocional.
- Bueno, ¿Qué te parece?
- ¿Umm? – alcancé a balbucear. Genial, ahora pensaría que estoy tarada.
- ¿Qué si te gusta? – me repitió amablemente haciendo un además con el brazo para que mirara el lugar.
- Ohh… Es precioso… - susurré mientras me fijaba en el paisaje.
Estábamos en lo alto de los acantilados, con el bosque unos metros a nuestras espaldas. Desde allí se veían kilómetros y kilómetros de mar, haciendo que nuestra vista se pudiera deleitar entre el azul inquieto de este y el color azul mágico del cielo. Me quedé varios minutos contemplando el mar, sus olas chocando estruendosamente contra las rocas a nuestros pies mientras que más a lo lejos se movían sigilosas creando preciosas e incomprensibles figuras. No sé en que momento los brazos de Jacob rodearon mi cintura, pero mi felicidad no podía ser más amplia.
- Gracias Jake – le susurré volteándome.
- Gracias a ti por este momento – me dijo acercando nuestros rostros hasta que casi se tocaban.
Se paró durante unos segundos y fui yo quien redujo el espacio existente entre nosotros al rozar mis labios con los suyos. Las manos de Jake me acercaron a su cuerpo mientras profundizábamos el beso. Sentir su lengua contra la mía produjo en mí una sensación maravillosa, lo que unido al movimiento de una de sus manos por mi espalda me hicieron soltar un suave gemido contra su boca. Enseguida mis manos volaron hacia su espalda, y mientras una se deleitaba con la dureza de sus músculos la otra se entretenía jugando con su pelo.
Jake enseguida paseó sus manos por mi espalda, dibujando traviesamente mi contorno. Cuando una de ellas se paró en mi trasero soltó otro suave gemido. Él paró para tomar aire y ya de paso para disculparse.
- Esto… Bella… Yo… No sé qué me ha pasado…
- ¿Te arrepientes? – le pregunté sorprendida
- No… Es que… Nos acabamos de conocer y yo… No quiero asustarte…
- ¿Asustarme? ¿Crees que estoy asustada?
Y sin esperar más explicaciones me lancé sobre él para besarle haciendo que cayéramos sobre la hierba.
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Este es el os con el que participo en el concurso de El rincón de Bonnie.....
si les gusto y quieren votarlo, o quieren pasarse para leer los demás y votarlos a ellos, aquí les dejo su dirección: http://elrincondebonnie-bonnie.blogspot.com/
besos!!!!!

4 comentarios:

  1. Zas! Me encantó! Esa Bella tomando la iniciativa con Jake! siiii!
    Un beso
    T.

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  2. Me encantado la historia... me encantaría que la continuaras!!!! Animate por fa...

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  3. Lau has llegado con fuerzas nena te amooo y jaja rei con esa Bella Bella me gusto muchooo

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  4. Muy bueno. Me gusta esta Bella. La manera en la que da el primer paso. Me encantó. Y eso que suele ser Jacob el primero.
    Pues como ya había dicho, me ha gusatdo. No, más que gustar, me ha encantado.

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