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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 19

CAPÍTULO 19: PARÁLISIS (JASPER)

Subimos corriendo hacia el dormitorio. No sé quién iba más nervioso de los dos. Si ella intentando averiguar qué era la sorpresa o yo deseando con todas mis fuerzas que la gustara.
Al llegar a la puerta la paré y la tapé los ojos con mis manos. Quería hacerlo bien. Que no viera nada hasta que estuviera dentro. Así que suavemente la fui empujando con mi cuerpo hasta que ambos quedamos dentro del dormitorio y retiré mis manos de su rostro dejándola ver el cuarto. Mis manos se dirigieron instintivamente a su cintura mientras sus hermosos ojos recorrían centímetro por centímetro la habitación.
Pude sentir como nacía en su interior un sentimiento de dicha y alegría entremezclado con amor. Esta exultante de alegría, lo que hizo que me sintiera el más dichoso de los hombres.
- ¿Te gusta? – le pregunté pausadamente, saboreando sus reacciones.
- ¿Qué si me gusta? Es la mejor sorpresa que me han dado en mi vida. – me contestó sinceramente.
Su alegría, unida con la mía, me desbordaba. Sólo atiné a darla la vuelta suavemente y a besarla apasionadamente, con todo el amor que tenía dentro de mi ser. Poco a poco fuimos moviéndonos hacia la cama, esa cama perfectamente redonda que había comprado con Esme horas atrás.
La tumbé y me dejé caer despacio sobre ella. Sin dejar de besarla mis manos comenzaron a recorrer su perfecto cuerpo de arriba hacia abajo y viceversa, mientras ella pasaba las suyas por mi espalda dibujando sensualmente las formas de mis músculos. De pronto deseé seguir probándola, sentir su sabor acariciando mi lengua, por lo que alejé mis labios de los suyos y comencé a besar y lamer su cuello bajando hacia sus pechos.
- Jasper – susurró entre jadeos. – No tienes porque…
- Shh… Habrá que estrenar la cama, ¿no? – la contesté con voz ronca.
Como respuesta a mis palabras tiró un poco de mi pelo para volver a juntar nuestros labios mientras enredaba una pierna en mi cadera.
De pronto se oyó un chillido agudo en el piso de abajo seguido por una alocada carrera por las escaleras. Yo no la hice caso y seguí besando a Danielle, aunque mi instinto me decía que pronto tendría que parar.
- ¡Mamá! ¡Rose! ¡Danielle! ¡La ropa, la ropa! – Era Nessie, que se paró ante nuestra habitación y abrió la puerta bruscamente. – Vamos, ya tendréis tiempo después de mimitos – dijo lanzándose hacia nosotros y arrastrando de la mano a Danielle hacia la puerta.
- Está bien Nessie, ya vamos – la dije sonriendo mientras Daniiele me pedía perdón con la mirada.
Por el camino se nos unieron Bella y Edward y al llegar al salón vimos decenas de bolsas diseminadas por el suelo y a Emmett y Rosalie nadando entre ropa.
- ¡Santo Dios! – exclamó Edward - ¿dejasteis algo en las tiendas?
Danielle soltó una pequeña carcajada y ambos nos acercamos al montón de bolsas, cogiendo unas cuantas para seleccionar la ropa que había dentro.
Después de unos cuantos minutos ya teníamos casi toda la ropa amontonada en los sofás. De pronto Nessie comenzó a reírse diciendo:
- Creo que esto es tuyo Danielle…
La aludida se volvió rápidamente hacia Nessie mientras un sentimiento de vergüenza invadía su cuerpo. Pero yo fui más rápido y arranqué la bolsa de las manos de mi sobrina mientras todos me miraban divertidos. Yo miré burlonamente a Danielle notando como la ira se apoderaba de ella. Sin dejar de mirarme me soltó bruscamente:
- Estate quieto… Ni se te ocurra mirar lo que hay dentro.
Al instante de pronunciar esas palabras una gran fuerza me paralizó y por mucho que intenté moverme no lo conseguí. No podía mover ni un músculo de mi cuerpo, ni siquiera un milímetro. No podía parpadear, no podía ni siquiera hablar. ¿Qué me estaba pasando?
- Vamos, deja de hacer el idiota – me dijo Danielle mientras se acercaba para quitarme la bolsa - ¿Jasper? – chilló algo histérica cuando vio que seguía sin moverme.
Noté como el pánico la invadía y yo sólo quería consolarla, decirla que estaba bien. Vi por el rabillo del ojo como todos, incluida Esme nos rodeaban y chillé mentalmente a Edward que era un idiota, que arreglara esto, que la tranquilizara y encontrara de una vez una maldita solución.
De pronto, y ante mis ideas asesinas hacia su persona, comenzó a reírse como el imbécil que era.
- Jo… Dinos que es tan gracioso ¿sí? Así podremos reírnos nosotros… - dijo Emmett sacándome aún más de mis casillas. Si pudiera moverme se iban a enterar esos dos. Danny y Esme sufriendo y ellos haciendo bromas.
- Es que… Es que… -comenzó sin dejar de reírse – creo que hemos descubierto el don de Danielle.
- ¿Qué?- dijeron todos al unísono perplejos.
- Pero no puede ser – dijo ella – yo no he hecho nada…
- Ordenarle que se estuviera quieto, recuerdas… - dijo Edward – Ahora creo que deberías decirle que se moviera o algo así.
Se volvió lentamente hacia mí asustada y apenas sin mirarme dijo:
- Puedes moverte
Pero no ocurrió nada. Así que una idea cruzó mi mente. Ella me estaba mirando a los ojos cuando me ordenó estarme quieto.
- Díselo mirándole a los ojos – la ordenó Edward al ver la línea de mis pensamientos.
Ella le hizo caso y repitió la orden y enseguida pude volver a moverme. Del alivio que conllevó el poder volver a moverme la risa salió de mis labios sin poder detenerla.
- Puff… Lo he pasado fatal – la dije mirándola cariñosamente mientras se acercaba a mí apenada. Yo la abracé y enseguida ella comenzó a disculparse.
- Lo siento… De verdad… Yo no quería… Ohh… Perdoname…
Su nerviosismo era evidente y tardé varios minutos en poder tranquilizarla. Carlisle debería saber esto, le dije mentalmente a mi hermano. No quería que Danielle se sintiera peor, pero necesitábamos saber que pensaba Carlisle al respecto.
- Será mejor que llamemos a Carlisle – dijo finalmente Edward.
Como yo había supuesto ante la mención de mi padre Danielle se puso aún más tensa y el remordimiento volvió a apoderarse de su cuerpo. Ya no sabía qué hacer para tranquilizarla, así que me concentré en ella olvidando a todos los demás usando fuertemente mi don, sentándola conmigo en uno de los sofás.
Los demás se sentaron a nuestro alrededor, mientras Nessie recogía toda la ropa y la subía a las habitaciones. Después de unos minutos apareció Carlisle con cara de preocupación.
- ¿Danielle? – preguntó - ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? – ante sus preguntas Danielle se encogió asustada a mi lado. No sabía lo que se cruzaba por su mente, pero tenía miedo, por lo que decidí contárselo yo.
- Pues estábamos desempacando la ropa – comencé – cuando cogí una bolsa de Danielle. Ella me miró bastante enfadada y me ordenó que me estuviera quieto. En ese momento una fuerza sobrehumana se apoderó de todos mis músculos y no pude moverme ni un milímetro, por mucha fuerza que hice. Creía que me iba a volver loco, que me iba a quedar así para siempre, pero Danielle volvió a mirarme y me dijo que me podía mover y todo acabó. Dejé de sentir esa fuerza y pude moverme con facilidad.
- Se te olvida que cuando dio las órdenes te miraba a los ojos. – puntualizó Edward.
- Cierto – corroboré – Cuando intentó deshacer la orden primero no tuvo efecto y luego, cuando me miraba a los ojos, pude moverme.
Carlisle y el resto de la familia nos miraban con expectación y con algo de preocupación. Esto, mezclado con mis declaraciones, hizo que Danielle se sintiera peor. Pero antes de haber podido decir nada para consolarla Edward se me adelantó.
- No es tu culpa – la dijo Edward suavemente. – Simplemente todavía no sabes controlarlo. Con algo de práctica…
- ¿Qué? ¿Práctica? – dijo aterrada
- Bien… - dijo Carlisle - querría verlo. Si no te opones claro… - la dijo sonriendo.
- Solo una vez- aceptó aún asustada.
- Bien… Solo una vez – repitió él. - ¿Algún voluntario?
- Yo, yo, yo… - gritó Emmett corriendo hacia nosotros.
- Perfecto… - dijo Carlisle – Ahora, Danielle, concéntrate y ordénale algo.
Me miró aterrada y yo la abracé fuertemente para darla ánimos y la susurré al oído:
- Tranquila… Puedes hacerlo… Y podrías mandarle que se diera cogotazos a él mismo o algo así.
- Es para hoy – la recriminó Emmett.
Danielle se volvió hacia él y concentrándose durante unos segundos le dijo:
- No te muevas.
Emmett se quedó paralizado, como antes me había pasado a mí.
- Excepcional – dijo Carlisle.
- Ha sido… - comenzó Edward – genial, magnífico… Carlisle, tiene un gran potencial… - siguió mientras se volvía hacia su padre.
De pronto Emmett pudo volver a moverse y como hice yo, estalló en carcajadas.
- ¡Genial! – gritó como un loco – Otra vez… Otra vez…
- Basta Emmett… - dijo Carlisle, y volviéndose hacia Danielle siguió suavemente – ahora intenta ordenar otra cosa… No sabemos si solo funciona para paralizar o puedes hacer que alguien haga lo que tú quieras.
Danielle se asustó un poco, pero antes de que pudiera volver a tranquilizarla ella misma se serenó.
- ¿Otra cosa? ¿Cómo qué?
- No sé… Algo diferente, que haga que tenga que moverse en contra de su voluntad.
Emmett volvió a ponerse frente a ella, esta vez son su sonrisa de superioridad algo insegura. Una sonrisa se dibujó en la cara de Edward justo antes de que Danielle hablara.
- Baila una jota.
Y de pronto Emmett comenzó a bailar fervientemente mientras todos estallábamos en una sonora carcajada. Pude sentir como Danielle no se estaba divirtiendo y justo cuando me volví hacia ella Emmett dejó de bailar y la cogió en brazos exclamando:
- Genial pequeñina, genial…
Cuando Emmett la bajó se acercó a mí.
- Carlisle… - comenzó.
- No te preocupes… Es un don excepcional. Tendrás que trabajar mucho para dominarlo, pero cuando lo hagas serás muy poderosa.
Esto último lo dijo con una sonrisa, pero pude notar su preocupación.
- Yo, yo… No sabía lo que podía hacer… - y ante la mirada interrogadora de todos los miembros de la familia confesó remarcando lo que yo ya sabía – Tengo miedo… No quiero hacer daño a nadie…
- No te preocupes Danny – la dije abrazándola – No tienes porque hacer daño a nadie. Yo te ayudaré a controlarlo.
- Todos ayudaremos – dijo Rosalie con una gran sonrisa.
- Sí… - corroboró Nessie.
- Gracias – contestó ella – Ahora, ¿podemos subir a la habitación? Hay que ordenar todo – dijo volviéndose hacia mí, a lo que yo asentí y cogiéndola de la mano nos dirigimos hacia arriba.

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