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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 07

CAPÍTULO 7: ALICE (JASPER)

Danielle estaba parada en la puerta de la habitación sorprendida por mi reacción. Parecía a punto de marcharse y yo quería explicarle, quería que me comprendiera…
- No te vayas, por favor…- la susurré.
Estas pocas palabras salieron de mí con un gran esfuerzo… Apenas podía hablar del dolor que sentía al recordar a Alice… Pero tenía que hacerlo, tenía que hablar de ello con alguien o me iba a volver loco…
Ella me miró apenada y se sentó detrás de mí, abrazada a mi espalda. Su contacto me reconfortó. Sentirla tan cerca, su respiración sobre mi piel, sus manos sobre mi torso, su olor… Todo ello me tranquilizaba.
Tras varios minutos sentí como Danielle cogía aire y me hablaba.
- ¿Qué pasa Jasper? Dime que puedo hacer para que dejes de estar así…
- No puedes hacer nada… no…- dije negando con la cabeza- Excepto escucharme…
Sí, necesitaba desahogarme, necesitaba contar a alguien el motivo de mi dolor, de mi sufrimiento… Lo idiota que había sido…
- No te preocupes… te escucharé… siempre…- me contestó ella posando su cabeza en mi hombro, hecho que me dio fuerzas para comenzar.
- Yo… nunca le he contado esto a nadie… no he podido… no me he atrevido…
Ante mis palabras ella se pegó aún más a mí. Era una forma de decirme que me escuchaba, que seguía ahí.
- Hace un par de años Alice y yo hicimos un viaje por Centroamérica. Cerca de Monterrey nos encontramos con María, mi creadora y antigua aliada. Hace décadas luché a su lado en su intento por recuperar su territorio. En un principio creí estar enamorado de ella pero cuando la violencia me sobrepasó me di cuenta de que no era amor lo que sentía sino agradecimiento. Ahora iba acompañada de otros dos vampiros, Julio y Néstor. Nos recibió efusivamente y se preocupó por los años que habíamos estado separados. A mí me pareció extraña su reacción pero no lo di importancia. Sólo quería alejarme de ella y de los recuerdos de cuando estuve a su lado. Así que no me di cuenta de lo que planeaba ni de que Alice ya lo sabía…
Fue bajando el tono de mi voz inconscientemente hasta que se convirtió en un susurro. Al recordar mi ceguera ante lo que se nos venía encima el dolor volvió a cegarme y tuvo que usar de todo mi autocontrol para no salir corriendo de nuevo. Pero eso no funcionaría. Había llegado el momento de dejar de ser un cobarde, de honrar la memoria de Alice, de dejarla descansar en paz… Antes de continuar me llevé las manos a la cara intentando cubrir mi vergüenza, la vergüenza de no haber podido salvar a mi amada.
- Seguimos viajando hacia el sur y a la altura de Panamá Alice tuvo una visión y quiso volver a casa. No me quiso contar lo que había visto y yo no insistí. Alice solía esconderme las visiones que afectaban de forma íntima al resto de la familia así que no lo di mucha importancia. Cuando nos quedaban unos kilómetros para llegar a Forks, nuestro hogar, Alice se paró, me miró sollozando y me dijo lanzándose a mis brazos: “Lo siento. Siempre te he amado y siempre te amaré”. Dicho esto comenzó a besarme como nunca antes lo había hecho. Había tanta desesperación en sus labios… No entendía lo que la pasaba hasta que no los olí. Eran ellos. María, Julio y Néstor. Estaban a varios metros de nosotros en posición de ataque. Antes de que pudiera haber organizado nuestra defensa María se había abalanzado sobre Alice y sus amigos contra mí. Cuando me deshice de ellos Alice se consumía en una fogata y María bailaba a su alrededor. Me lancé contra ella ciego de rabia y dolor pero enseguida se escabulló. Huir siempre había sido una de sus especialidades. Me debatí unos segundos entre seguirla e intentar recomponer el cuerpo de Alice. Pero Alice ya no existía… Se había ido…
No pude seguir hablando. Mi voz no me respondía. Sólo quería llorar, llorar para purgar esta pena que me estaba matando. Pero en vez de eso comencé a temblar. Temblaba de dolor y rabia, de ira…
Sentí el miedo de Danielle ante mis convulsiones pero no podía hacer nada para evitarlo. Me sorprendió que se tranquilizara rápidamente y soltara su abrazo para arrodillarse ante mí. Me retiró las manos del rostro y las sujetó con fuerza sobre mis piernas. Entonces mi miró a los ojos y se dispuso a tatarear “Para Elisa”, de Beethoven. Poco a poco fui calmándome y sin saber muy bien porque la cogí, la abracé, la senté sobre mí recostando mi cabeza en su pelo y seguí con mi relato.
- Minutos después llegó mi familia y me encontró allí, postrado de rodillas ante las ascuas de la hoguera donde Alice se había consumido… Un gran dolor les recorrió a todos… Dolor que se intensificó cuando les conté que Alice se había ido para siempre… Carlisle fue el primero en recobrar la cordura y comenzó a recoger los cuerpos de Julio y Néstor para quemarlos. Yo me levanté y sin decirles nada salí corriendo tras María. Edward y Emmett me siguieron, pero tras discutir con ellos conseguí que volvieran… Desde entonces vivo solo, aunque les voy a ver a menudo o les llamo, para que mi madre no siga sufriendo…
Al terminar de hablar la tranquilidad recorrió mi cuerpo. Era la primera vez que hablaba de lo pasado aquel día, la primera vez que expresaba en voz alta mi angustia. Y no había sido tan difícil. La presencia de Danielle era tan alentadora.
Hablando de Danielle… estaba muy callada. Temí que estuviera asustada, que me considerara un necio, pero al mirarla me di cuenta de que simplemente estaba dudando si hablar o no. Entonces intenté regalarle una sonrisa y le pregunté:
- ¿Qué quieres saber?
- ¿Qué fue de ella? ¿De María?
- La maté… La devolví todo el daño que me hizo… - contesté secamente y el dolor volvió a mi mente. La había conseguido arrinconar en Chile. Antes de matarla, antes de disfrutar viendo como se consumía entre las llamas me dijo que me amaba, que siempre me había querido. Eso hizo que mi ira se intensificara y acabé con su vida rápidamente, sin pararme a pensar.
- Se lo merecía- dije ella convencida
- ¿Ah, sí?- la pregunté contrariado. No sabía nada, no lo entendía. Probablemente yo también hubiera acabado con la vida de aquel que se atreviera a tocar a Alice. Aunque… no… yo nunca hubiera hecho daño a algo o alguien que ella amara… No habría tenido valor para dañarla aunque fuera indirectamente…
- Sí, cualquiera que te haga daño merece conocer el dolor – me contestó.
Las palabras de Danielle me sacaron de mis pensamientos. Su sinceridad era aplastante y no pude hacer otra cosa que besarla. Primero tiernamente para después besarla apasionadamente demostrándola lo mucho que la quería, lo mucho que la necesitaba.

1 comentario:

  1. Me gusta el papel de Danielle, pero no me gusta que Alice se haya ido... la historia es buena...pero para mí Alice y Jasper deben ir en una misma formula universal...aún así gracias por tu trabajo...es excelente!!!

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