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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 06

CAPÍTULO 6: ALICE (DANIELLE)

Me quedé completamente paralizada, pensando qué hacer.
- No te vayas, por favor…- me susurró Jasper.
Pude notar el dolor que sentía en su voz, así que me acerqué y me senté con mi pecho contra su espalda, rodeándole con mis brazos. No sé muy bien porque me aferré a él de esa manera, pero necesitaba que me sintiera a su lado, que supiera que me tenía ahí.
Pasaron varios minutos antes de que me decidiera a hablar.
- ¿Qué pasa Jasper? Dime que puedo hacer para que dejes de estar así… - le dije finalmente susurrando.
- No puedes hacer nada… no…- dijo moviendo la cabeza de un lado a otro- Excepto escucharme…
- No te preocupes… te escucharé… siempre…- le dije yo recostando mi cabeza en su hombro.
Jasper suspiró y se dispuso a hablar.
- Yo… nunca le he contado esto a nadie… no he podido… no me he atrevido…
Se hizo el silencio y yo, como única respuesta a sus palabras, le abracé más fuerte. Esto hizo que el siguiera hablando.
- Hace un par de años Alice y yo hicimos un viaje por Centroamérica. Cerca de Monterrey nos encontramos con María, mi creadora y antigua aliada. Hace décadas luché a su lado en su intento por recuperar su territorio. En un principio creí estar enamorado de ella pero cuando la violencia me sobrepasó me di cuenta de que no era amor lo que sentía sino agradecimiento. Ahora iba acompañada de otros dos vampiros, Julio y Néstor. Nos recibió efusivamente y se preocupó por los años que habíamos estado separados. A mí me pareció extraña su reacción pero no lo di importancia. Sólo quería alejarme de ella y de los recuerdos de cuando estuve a su lado. Así que no me di cuenta de lo que planeaba ni de que Alice ya lo sabía…
Su voz se iba convirtiendo en un susurro casi inaudible y al llegar al final de la frase sus manos se dirigieron hacia su rostro. Yo sabía que estaba sufriendo, que los recuerdos le atormentaban, pero también sabía que hablar podría ayudarle a dejarlos atrás. Tras una breve pausa siguió con su relato, esta vez con la cara entre las manos y con pequeños temblores que yo intentaba minimizar con el contacto de mi cuerpo sobre su espalda.
- Seguimos viajando hacia el sur y a la altura de Panamá Alice tuvo una visión y quiso volver a casa. No me quiso contar lo que había visto y yo no insistí. Alice solía esconderme las visiones que afectaban de forma íntima al resto de la familia así que no lo di mucha importancia. Cuando nos quedaban unos kilómetros para llegar a Forks, nuestro hogar, Alice se paró, me miró sollozando y me dijo lanzándose a mis brazos: “Lo siento. Siempre te he amado y siempre te amaré”. Dicho esto comenzó a besarme como nunca antes lo había hecho. Había tanta desesperación en sus labios… No entendía lo que la pasaba hasta que no los olí. Eran ellos. María, Julio y Néstor. Estaban a varios metros de nosotros en posición de ataque. Antes de que pudiera haber organizado nuestra defensa María se había abalanzado sobre Alice y sus amigos contra mí. Cuando me deshice de ellos Alice se consumía en una fogata y María bailaba a su alrededor. Me lancé contra ella ciego de rabia y dolor pero enseguida se escabulló. Huir siempre había sido una de sus especialidades. Me debatí unos segundos entre seguirla e intentar recomponer el cuerpo de Alice. Pero Alice ya no existía… Se había ido…
Su voz se rompió en un sollozo y su cuerpo empezó a sufrir violentas convulsiones. Yo estaba aterrada, no sabía como calmarle. Instintivamente deshice mi abrazo y me arrodillé frente a él retirándole las manos de la cara. Comencé entonces a tararear “Para Elisa” de Beethoven. Pasados unos minutos Jasper me miró a los ojos, me sentó en su regazo abrazándome fuertemente y siguió su historia.
- Minutos después llegó mi familia y me encontró allí, postrado de rodillas ante las ascuas de la hoguera donde Alice se había consumido… Un gran dolor les recorrió a todos… Dolor que se intensificó cuando les conté que Alice se había ido para siempre… Carlisle fue el primero en recobrar la cordura y comenzó a recoger los cuerpos de Julio y Néstor para quemarlos. Yo me levanté y sin decirles nada salí corriendo tras María. Edward y Emmett me siguieron, pero tras discutir con ellos conseguí que volvieran… Desde entonces vivo solo, aunque les voy a ver a menudo o les llamo, para que mi madre no siga sufriendo…
Jasper había concluido su relato, su historia de dolor y rabia… Pero yo tenía una duda y no me atrevía a preguntarle. Pero él se dio cuenta e intentando esbozar una sonrisa me preguntó:
- ¿Qué quieres saber?
- ¿Qué fue de ella? ¿De María?
- La maté… La devolví todo el daño que me hizo… - contestó secamente.
- Se lo merecía- dije yo convencida
- ¿Ah, sí?- preguntó Jasper contrariado
- Sí, cualquiera que te haga daño merece conocer el dolor – le contesté sinceramente.
Ante mi respuesta Jasper acercó su cara a la mía y me besó. Primero fue un beso tierno, pero de pronto se convirtió en uno apasionado, un beso que demostraba lo solo que había estado…

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