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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 04

CAPÍTULO 4: CONOCIÉNDONOS (DANIELLE)

No sé cuantas horas llevábamos así, mirándonos, pero a mí me parecieron segundos. Su aliento en mi cara hacía que me sintiera feliz, que no pensara en otra cosa.
De pronto nos sobresaltó una risotada y al mirar hacia la puerta vi a un vampiro enorme, muy musculoso, al que le hacía mucha gracia lo que veía.
Me entraron ganas de echarle a patadas, pero su tamaño me hizo desistir. Ya había comprobado que era mala luchadora.
Después de unos segundos incómodos habló Jasper.
- Como no… Emmett… tu siempre tan oportuno…
- Lo siento hermanito, no sabía que te interrumpía…- y volvió a reírse ruidosamente.
- ¿Hermanito?- dije yo sorprendida.
- Vaya… ya veo que no te ha dado tiempo a hablarle de tu familia…- siguió Emmett divertido- así me gusta… a mí Rose tampoco me cuenta su vida cuando…
- ¡Cállate!- rugió Jasper- No es lo que tú crees…
- ¿Ahh no?- dijo su hermano con incredulidad.
- No
De repente la que se rió fui yo, y levantándome de un salto les dije:
- Bueno, tendrán cosas de que hablar… los dejo solos…
- Vuelve- fue lo único que dijo Jasper.
- Sí, sí, vuelve…- corroboró su hermano- que te estará esperando en la misma postura…- y volvió a reír escandalosamente.

Me fui a dar un paseo por un pueblo cercano, no sin antes cambiarme de ropa y ponerme un vaquero y un jersey bastante escotado, ambas prendas nuevas. El jersey llamó la atención y dos chicos se acercaron para invitarme a un refresco. Obviamente tuve que rechazar, deseando que también le gustara a Jasper. Me regañé mentalmente por este pensamiento, Jasper nunca se fijaría en mí.
Después de pasar tres horas vagando por un par de pueblos decidí volver a la cabaña. Jasper estaba esperándome apoyado en su exterior. Al acercarme me dedicó una sonrisa y me miró con tal intensidad que mis piernas volvieron a flaquear.
- ¿Qué tal con tu hermano? ¿Pudo parar de reírse?- pregunté interesada.
- Bueno, tardó un rato en entender qué haces aquí… Se pensaba que había ligado… No se lo tomes en cuenta, siempre está bromeando… He quedado con él en que el sábado vamos a casa para que les conozcas.
- ¿El sábado? ¡Pero si estamos a miércoles!- dije algo histérica.
- Tranquilízate, no es para tanto… Además, se lo tuve que prometer para que se fuera- terminó con una sonrisa.
- ¿Qué me tranquilice? Quedan apenas tres días… y ¿si no les gusto?... y ¿Qué me voy a poner?
Este repentino ataque de pánico parecía divertir mucho a Jasper. Poco a poco comencé a tranquilizarme, aunque en el fondo seguía aterrada. No sabía lo que me pasaba, era como si una fuerza tranquilizadora estuviera entrando poco a poco en mi cerebro. Jasper sonrió y dijo:
- Si quieres te ayudo a elegir algo entre lo que compraste ayer. O si lo prefieres podemos ir de compras… De todos modos tengo que ir a comprar algo para Esme, que este sábado van a hacerla una fiesta sorpresa. Por eso vino Emmett.
Le seguí hasta el salón, donde había dejado las bolsas con la ropa. Jasper comenzó a sacarla y decidimos (bueno, decidió) que llevaría el vestido. De este modo sólo nos quedaba comprar el regalo de ¿Esme?
- Vamos entonces a por regalo, pero antes cuéntame algo de tu familia- le dije mientras me acomodaba en el sofá.
- Bueno… Están Carlisle y Esme, nuestros padres… Edward y Bella, Emmett y Rosalie, y Nessie… Carlisle fue el primero. Él creó a Edward, Esme, Rosalie y Emmet. Un tiempo después nos unimos Alice y yo, y luego Edward se enamoró de Bella, todavía humana, y antes de convertirla tuvieron a Nessie…
- ¿Alice?
El rostro de Jasper se volvió una máscara de dolor y no hizo falta más para comprender que ella había sido su pareja.
- Alice y yo…- dijo susurrando- éramos uno…
- ¿Y qué pasó? ¿Te dejó?
- ¡No!- rugió él estremeciéndose- la mataron.
- Ohh… Jasper… lo siento… yo no sabía… lo siento…
- Está bien, vámonos a por el regalo de Esme- me contestó seriamente.
Y salió corriendo hacia el centro comercial más cercano y yo le seguí. Por el camino me di cuenta de que se iba calmando. Me reprendí mentalmente por sacar el tema, pero por lo menos ya sabía porqué le molestaba mi presencia…Debía de recordarle a ella.
Un kilómetro antes de llegar al pueblo nos pusimos a andar a ritmo normal para no llamar la atención. Jasper iba algo más animado, preguntándonos que le podríamos comprar a Esme. Con esta conversación llegamos al centro comercial y antes de entrar Jasper se paró en seco, tensando todo su cuerpo.
- ¿Ocurre algo?- le pregunté preocupada e intentando adivinar si había algún problema.
- No. Sólo que hace tanto tiempo que no voy a una tienda… la última vez lo hice con Alice…
Esto último le salió en un susurro por lo que le sugerí que nos volviéramos.
- Vamos a la cabaña. Ya vendré yo cuando se te ocurra qué regalarle.
- No- repuso suavemente- Tengo que hacerlo, quiero hacerlo.
Y sin más se dirigió a la entrada. Yo le seguí y tras entrar en varias tiendas decidimos comprarla una finísima y muy sencilla pulsera de oro blanco que se asemejaba a dos serpientes entrelazando sus cuerpos. Ese símil me hizo pensar en Jasper y en mí horas atrás y en las ganas de estar siempre con él que tenía. Pero mis pensamientos se vieron interrumpidos al ver unos zapatos en un escaparate. Eran preciosos, perfectos. Negros, con finas líneas blancas haciendo motivos curvilíneos y enrevesados, y con un taconazo impresionante. El deseo debió de brillar en mis ojos o se me tuvo que quedar la boca abierta porque Jasper me miró divertido y me susurró:
- Hora de devolverte el regalo.
Y sin más entró en la tienda y pidió que me los sacaran. Yo le dije que estaba loco, que no podía pagarles, pero él simplemente me pidió que me les probara. La verdad es que me quedaban geniales y me irían de muerte con el vestido. Ahora que pensaba en el vestido, no tenía calzado para él. Pero mierda, eran demasiado caros. Estaba yo debatiéndome cuando Jasper se las arregló para que la dependienta se los cobrara a una velocidad propia de un vampiro. Así que cuando quise reaccionar me estaba sacando de la tienda con mis zapatos embalados.
- No tenías que haberlo hecho- le regañé intentando parecer cabreada.
- Lo sé, pero me apetecía.
Y de nuevo salió corriendo y yo tuve que seguirle. Esto se estaba convirtiendo en una costumbre que tenía que poner fin. No iba a estar toda la vida corriendo tras él. ¿Toda la vida? No seas tonta. Este mismo sábado te presentará a su familia y se librará de ti.
Cuando llegué a la cabaña él estaba dentro, sentado en la cama, mirando al vacío y con una muesca de dolor que hizo que mi cuerpo se quedara de piedra en la entrada.

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