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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 03

CAPÍTULO 3: CONVIVENCIA (JASPER)

- Soy Danielle Clay.
Yo, extrañado y a la vez divertido, cogí su mano y casi susurrando dije:
- Jasper Hale… esto, Whitlock
- ¿Hale o Whitlock?
- Como quieras
- Entonces solo Jasper
Me quedé mirándola un segundo, y volví a recordar a Alice. No podía dejarme llevar por mis sentimientos y me volví rápidamente hacia el claro. Ella me seguía y una vez allí comprobamos que los muchachos ya se habían ido.
Con un suspiro de alivio comencé a dirigirme hacia las montañas a una velocidad endiablada y ella se dispuso a seguirme. ¿De verdad me estaba siguiendo? Unos minutos después me paré bruscamente y esperé a que me alcanzara.
- ¿Dónde te crees que vas? ¿Qué haces siguiéndome?- pregunté bastante molesto e incluso solté un par de fieros gruñidos. No iba a permitir que esa “niña” me diera el día.
- Te dije que te acompañaba- respondió tranquilamente.
- Mira Danielle- repuse– me acompañabas hasta el claro, no a mi casa.
No entendía porque me seguía, pero tampoco me importaba, siempre y cuando dejara de hacerlo.
- Vamos, serán solo unos días…
- He dicho que no. Yo vivo solo y eso no va a cambiar ahora.
- ¿Solo? ¿Por qué?- me preguntó extrañada. ¿De verdad estaba extrañada? ¿Es que acaso ella iba con alguien? Pero me decidí a contestarla al ver en sus ojos verdadera curiosidad.
- Es una larga historia- dije apenas susurrando.
- Bueno, tenemos toda la eternidad- me contestó sonriendo.
Eso me hizo volver a recordar a Alice. Danielle era tan sencilla, tan directa, tan mujer, tan ella… Tenía que alejarme antes de cometer una estupidez así que bufé y reinicié la carrera hacia la casa. De todos modos, si me seguía, se llevaría una buena sorpresa y con un poco de suerte me dejaría en paz.
Tras un par de minutos llegué a mi casa, una pequeña cabaña cuyo exterior era de un ruinoso total para que los humanos no se acercaran. Pero el interior era otra cosa. Mi madre, Esme, la había decorado exquisitamente hace ya varios años y contaba con todas las comodidades.
Me recosté en la puerta con una pequeña sonrisa intentando imaginar su cara cuando viera la cabaña y esperé unos segundos a que llegara.
- Bueno, ¿qué te parece mi mansión?- le pregunté con una risita.
- Ummm… no está mal…- me contestó muy despacio, y enseguida me di cuenta de que mentía.
- ¿Desilusionada? Quizás te estés planteando lo de quedarte…
- Puff… Claro… Como llevo todo este tiempo alojándome en hoteles de lujo -dijo señalando su equipo de acampada- No te vas a librar tan fácilmente de mí.
Ante su comentario se borró de mi cara la sonrisa de superioridad y volví a ponerme tenso y serio.
- Haz lo que quieras, pero no entiendo tu obsesión por quedarte.
Parece que se pensó un momento la respuesta, quizá por miedo a mi reacción.
- He viajado hasta aquí buscando un aquelarre que no bebe sangre humana. Pero ya veo que el rumor se ha exagerado y que no es un aquelarre sino un solo vampiro. Así que me gustaría quedarme un tiempo contigo.
Su respuesta me dejó boquiabierto por un momento. ¿Así que por eso estaba allí? No era por mí, sino por mi familia… ¿Por mí? ¿Y que te pensabas? ¿Qué la habías enamorado? Vaya, Jasper, eres un poquito egocéntrico…
- Te puedes quedar un tiempo- dije al final- pero sólo hasta que vaya a visitar a mi familia. Entonces te podrás quedar con ellos, si te lo permiten, claro.
De repente abrió los ojos sorprendida. No tenía ni idea de que el rumor era cierto. Y por supuesto quería conocer a mi familia. ¿Por qué no me habré callado? ¿Pero qué digo? Ella tiene todo el derecho a conocerlos, tiene derecho a saberlo… Creo que me estoy volviendo loco, que estar tanto tiempo solo no me ha sentado nada bien… Pero ¿qué podía hacer? Después de lo de Alice no había tenido fuerzas para mirar a la cara al resto de mi familia…
Estos pensamientos conllevaron el ya tan conocido dolor y decidí entrar en la casa para calmarme un poco. Por supuesto, ella me siguió.
Al entrar, Danielle se quedó petrificada. Obviamente no se esperaba esta decoración… La cabaña se dividía en tres habitaciones. La principal era el salón, amueblado con muebles bastantes elegantes y equipado con lo último en electrónica. A la derecha se encontraba el baño, donde había un jacuzzi que había hecho instalar mi hermano Emmett. Tras la puerta de la izquierda se encontraba el dormitorio, donde no había entrado en todo el tiempo que llevaba viviendo aquí.
- Tras esta puerta- dije señalando la de la derecha- está el baño. Y tras aquella el dormitorio.
De pronto Danielle se dirigió hacia la habitación y yo la seguí para cedérsela, ya que yo no pensaba utilizarla. Ella la rechazó convincentemente pero yo quería que se sintiera cómoda, que hiciera de ella su hogar.
- Vamos, no seas cabezota- le dije- Además, yo no duermo…
- Yo tampoco- me contestó divertida.
- Ya, pero eres la invitada y tendrás que sentirte cómoda- le contesté sonriendo.
No podía dejar de mirarla, era tan bella… Su pelo moreno suelto por su espalda me había hechizado. Y ¿qué decir del resto de ella? Tenía un rostro angelical y un cuerpo… ¡Jasper! No seas depravado… Ella sólo quiere conocer a tu familia. Al bajar la mirada avergonzado me di cuenta de que le temblaban las piernas.
- ¿Pasa algo? ¿Estás bien?- pregunté preocupado.
- No… Bueno, en realidad… Hace mucho que no cazo
- Vamos juntos entonces- le propuse.
Tras pasar un par de horas cazando volvimos a la cabaña y Danielle se dirigió al baño. ¡Dios! Se iba a dar una ducha. Iba a estar desnuda a solo unos pasos de mí… Tuve que irme, huir… Sé que soy un cobarde, pero no quería tener que debatirme entre entrar al baño o no.
Cuando volví no estaba por ninguna parte y había una nota sobre la mesa del salón:
Jasper, me fui de compras. Volveré en cuatro o cinco horas
Danielle

Esas sencillas palabras hicieron revivir en mí todo el dolor que estaba queriendo ocultar desde su llegada. Era tan parecida a Alice… A nadie se le ocurriría estar de compras cuatro horas… Bueno, solo a Alice, y ahora a ella… ¿Por qué me torturaba de esa forma? Pero no iba a permitirlo… Ya había perdido el amor una vez y ahora no iba a ocurrir lo mismo… Me tenía que alejar de ella… Pero ¿Cómo? ¿Cómo lo haría si el daño ya estaba hecho? Yo sabía que no podía dejarla ir… Pero tampoco quería condenarla a una vida con un amargado como yo… Porque eso era lo que yo era… un amargado… Hasta mi familia lo creía así… ni siquiera les he contado como murió Alice… No pude enfrentarme a ellos y sobre todo, no pude enfrentarles a la verdad… No quería que me odiaran más de lo que ya lo hacían…
En esta tesitura me encontraba cuando llegó Danielle cargada de bolsas de ropa. Esa simple imagen trajo de nuevo a Alice a mi mente y antes de decirla que se largara me lanzó una de las bolsas.
- Esto es para ti. Por dejar que me quede unos días.
- No necesito nada- dije hoscamente sin ni siquiera mirar el contenido.
- Vamos, no seas así. Además, sí que lo necesitas- me contestó sacando un jersey de la bolsa.
- He dicho que no- rugí, y cogiendo la ropa salí de la cabaña.

Pero un gran dolor y un sentimiento de decepción me paralizaron a cinco metros del bosque. Ella estaba sufriendo… sufriendo por mi culpa… Desde donde estaba podía oír sus sollozos… si bien no podíamos llorar esos sollozos eran aún peor… Yo podía sentir su desesperación, su dolor por mis actos… Era un imbécil… ¿Cómo podía haberla dañado de esa manera? No podía aguantarlo más así que salí disparado hacia mi casa, hacia Forks. Una vez allí decidí ir al hospital a visitar a mi padre… Sí, Carlisle sabría que podía hacer. Pero no estaba allí, sino en casa, así que me di media vuelta y volví a la cabaña. No me apetecía contarle mis problemas donde nos pudieran escuchar todos, ni ver a Esme, que seguro que seguía destrozada por mi huida de sus vidas.
Hacía semanas que no veía a mi familia, aunque les telefoneaba cada tres o cuatro días para que supieran que seguía vivo y Esme se tranquilizara un poco.
Al llegar a la cabaña Danielle estaba acostada en el dormitorio escuchando música, por lo que no me oyó entrar hasta que no me senté junto a ella y la hablé.
- Perdóname por favor. No tenía que haber reaccionado de esa manera.
- No, no deberías haberlo hecho. Pero eres tú el que me tiene que perdonar a mí- me dijo casi susurrando.
- ¿A ti? ¿Por qué?- contesté extrañado.
- Por meterme en tu vida. Tú no querías que me quedase y aún así lo hice. Pero no te preocupes, en cuanto conozca a tu familia te dejaré en paz.
Estas últimas palabras me desgarraron por dentro. No quería que se fuera. No quería que se sintiera mal por mi culpa.
- No, por favor,- seguí- no te culpes. Toda la culpa es mía. Tú no has hecho nada. Soy yo, que no puedo confiar en nadie, no después de…
El dolor volvió a mi mente en forma de Alice. Ella murió por mi culpa, no me di cuenta de que estaba en peligro, no pude defenderla…
En ese momento Danielle me abrazó y yo la apreté contra mi cuerpo.
- No hace falta que digas nada más, de verdad… No quiero que sufras por mi culpa- me susurró asustada.
Nos quedamos así varios minutos, en silencio y abrazados. En esos minutos intenté calmarme, no quería asustarla más…
- ¿Qué escuchabas?- pregunté algo más animado.
- El Canon de Pachelbel, me ayuda a relajarme…
- ¿Puedo?- dije cogiendo uno de los cascos.
- Claro.
Y nos tumbamos en la cama, con nuestras frentes tocándose y mirándonos a los ojos. Nuestras manos se entrelazaron sin pensarlo y no pude concentrarme más que en su aliento viajando hacia mi rostro. Estaba más tranquilo a cada momento, relajándome con el ritmo de su respiración y así nos quedamos durante bastante tiempo, observándonos mutuamente y aspirando el aliento del otro.

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