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martes, 25 de febrero de 2014

Autores de cerca: Ruth M. Lerga


Ruth M. Lerga, autora de Cuando el corazón perdona y Cuando el amor despierta



¿Quién es Ruth M. Lerga?
Soy una lectora empedernida. Soy de esas que cuando ve un libro sobre una mesa en una cafetería, una mesa que desde luego no es la mía, necesita cogerlo y mirar cuál es, leer la sinopsis y hacerse una idea rápida de si le gustaría o no. De las que se mete en una librería y se deja imbuir por el aroma de los libros, pasea buscando una tapa con ese algo que le seduzca y cuando la encuentra la toca, ojea la contraportada y la biografía del autor; pero como me gusta tanto el contenido como el continente también paso las páginas mirando el color del papel y su grosor, el tipo de letra y los márgenes, calibrando la calidad de la edición, y toquiteo la portada y compruebo si hay solapas o no. Soy básicamente una loca de los libros. Una coleccionista que, además y por si alguien lo dudaba, también los lee. Tengo más de un millar en casa, están por todas partes: es una invasión en toda regla, y yo ondeé la bandera blanca sin esfuerzo. Soy una lectora ecléctica: excepto terror, fantástica y erótica, pon lo que quieras ante mis curiosos ojos, y eso incluye teatro y poesía, ensayos y libros infantiles si son lo suficientemente atractivos para llamar mi atención. Y romántica, claro. La mitad de mi biblioteca contiene las historias de amor más hermosas que he encontrado aquí y allá.

¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Puedes contarnos qué fue y qué te motivó a hacerlo?
Esta es una historia poco corriente: nunca soñé con escribir, ni con ser escritora. Y a solas, cuando nadie me ve, he soñado con ser casi de todo. Pero solo escribía en el colegio, cuando de deberes nos ponían “texto libre”. Ni la lista de la compra escribo, que la hace mi marido.
Pero este enero hizo cuatro años que tuve un accidente de coche. Nada grave, en realidad, o eso pareció. Una pequeña lesión en el hombro derecho, una pequeña intervención, seis semanas de rehabilitación y como nueva; o eso me prometieron. Tres intervenciones y cuatrocientas cincuenta sesiones de rehabilitación después, el hombro, o lo que queda de él, está mal y tengo dolor crónico.
Pero como las cosas malas no son nunca tan malas, al principio del tratamiento el médico me dijo que tenía que escribir un par de horas al día al ordenador, o cuando volviera al trabajo no soportaría siete horas tecleando. El primer día me abrí una cuenta de correo electrónico (no, era 2010 y no tenía) y escribí a todos los amigos. El segundo ya no tenía nada que hacer. Pensé en copiar algo de una novela, pero como por culpa del hombro no podía sostener un libro en la mano, y por tanto no podía leer, pensé en escribir lo que me apetecería leer.
Y de aquel Word en blanco salió “Cuando el corazón perdona”. Lo mandé al Certamen Vergara - Rincón de la Novela Romántica, fue la novela ganadora, publiqué en España tres tiradas y en otros cuatro o cinco países de Sudamérica, y bueno… flipé pepinillos.

¿En qué te inspiras a la hora de escribir tus novelas?
En situaciones que veo o imagino y que pienso ¿cómo las resolvería yo? Claro, que como me gustan las novelas de Regencia mi solución de “me lanzo yo” o “me largo a vivir a otro país y a otra cosa mariposa” no me sirven, así que busco una solución a un conflicto que se me ha ocurrido en función de las posibilidades de la época. Pero no en plan “haría esto o esto”. No, no. Yo me monto el diálogo entero en la cabeza, y si nadie puede oírme lo largo para ver qué tal suena. Eso lo he hecho siempre, en realidad. Lo que hago ahora es imaginar también qué desencadena ese conflicto, y quiénes son los protagonistas de mi historia.

¿Tienes alguna manía especial para escribir?
Tengo una libreta tamaño A6 (un folio partido en cuatro) con tres lápices a juego, donde en la primera página de cada historia que empiezo anoto todo lo que quiero recordar sobre un personaje: aspecto físico, alguna manía, el nombre de sus amigos o sirvientes, su casa…
Y en la página siguiente el del otro. Primero ella, después él. Y luego cada hoja es para un capítulo, donde día a día anoto pulcramente qué contaré. Todo impecable.
Alguna amiga que también escribe la ha visto y dice que es enfermizo.

¿Qué estás leyendo?
Clásicos. Necesito zambullirme en la Regencia, coger el tono, la forma de narrar, las voces de los personajes, y para hacerlo los clásicos me resultan inspiradores: Norte y Sur de Gaskell es para mí indispensable, también algo de Austen (me encanta Emma),  y algo nuevo de Gerogette Heyer, que aunque es posterior es extremadamente cuidadosa con las formas históricas en todas sus expresiones.
Y ahora, para mi vergüenza, os confesaré que los leo en inglés y después me toca buscar palabras en el traductor porque no sé cómo se dicen en castellano: tejidos, bailes, tratamientos sociales. Pero la semana pasada una autora que está muy de moda (lo merece) y que va a publicar en inglés me confesó que le ocurría lo mismo, así que me sentí mejor en mi esnobismo.

¿Cuánto tardaste en escribir “Cuando el corazón perdona”? ¿Y “Cuando el amor despierta”?
Detesto cuando me preguntan esto; no la pregunta en sí sino la reacción. Antes de confesar dejadme que os diga que yo pienso muy deprisa, que soy de las que cuando se sientan a escribir son cada personaje y se dejan llevar. Es como una especie de “sit-com”, donde conoces tanto a los protagonistas que sencillamente los pones en situación y esperas a que interaccionen, creando ellos la escena. A pesar de mi cuaderno, soy escritora de brújula. Dijo lord Byron que cuando escribía el demonio se sentaba en su pluma sin permiso y la balanceaba. En mi caso es más o menos igual, solo que ya quisiera yo escribir cómo él. Mi demonio debe ser de menor categoría: diablillo, y eso si llega.
Cada vez que me siento frente al ordenador escribo un capítulo. Y me siento a diario. Así que si miras los capítulos que tiene la primera, y cuentas que había días que no podía escribir porque el hombro se ponía tonto… Cinco semanas. Y otras tres corregirla. Ocho semanas en total antes de darla por finiquitada.
Lo sé. Sin comentarios. Como digo a Ana Iturgaiz, la fábula de Iriarte sobre la araña y la oruga existe; y ella dice que no diga bobadas.
“Cuando el amor despierta” fue distinto. La primera vez que la escribí fueron cuatro semanas. Pero las doscientas primeras páginas las escribí después cuatro veces más, es decir, para salvar esas doscientas escribí novecientos setenta y nueve folios. Y además entre medio murió alguien muy, muy allegado y querido, y pasé un mese completamente en blanco, fuera de todo, ajena incluso a mí misma. Así que finalmente fueron finalmente casi cuatro meses entre escribirla, reescribirla, aquel durísimo parón y su corrección.

¿Es difícil escoger el nombre de los personajes?
Te diré que es imposible escoger el nombre de la novela. En ninguna de las otras dos, ni de la tercera de la trilogía, he elegido yo el nombre. En la primera lo intenté y el resultado fue horroroso. Puedes contar con los dedos de una mano cuántas personas conocen su título inicial, y jamás lo confesaré. “Cuando el amor despierta” fue enviada a la editorial con el rótulo de “Julian y April”. Sin complicaciones.
¿Nombres? Bueno, tengo un libro sobre los cien nombres más comunes de hombre y mujer en el siglo XIX. Supongo que voy leyendo hasta que alguno me cuadra, si es que no me ha venido antes algo a la cabeza. No sé. Me agobio tanto con el título que lo demás me parece coser y cantar.
Sé que definirán al personaje, que son esenciales, pero o no le doy la importancia que tienen, o tengo puntería, o nadie se ha quejado de momento.

Para finalizar, ¿tienes algún nuevo proyecto en mente?
Excelente pregunta. Hace cuatro días entregué a la editorial una novela de chick lit, pero el chick lit más sajón de entre 1995 y 2005: Fielding, Plum Skyes, Keyes, Kinsella, Jewell, Goldsmith… Pero me temo, estoy deseando en realidad, que venga devuelta toda ella llena de tachones y cosas en rojo. Está en primera persona, y hay que añadirle que es un género complicado donde lo socialmente envidiable resulta patético, lo patético es divertido, lo habitual es aburrido y lo ordinario resulta interesante. Afortunadamente estoy en una editorial que es mucho más que una imprenta, así que me guiarán para que de un experimento salga algo decente. Y si no, sencillamente no saldrá. Cuento además con una tester que sabe más de romántica que nadie que haya conocido nunca.
Y mientras reposa escribiré “Cuando lo que sea haga lo que tenga que hacer”, la historia de James y Judith, cerrando así la trilogía de mis mosqueteros.
Pero, honestamente, sé muy bien qué viene después en histórica, tengo las siguientes cuatro novelas perfiladas. Mi cabeza es un maldito hervidero.
¡Ah!, y cada personaje tiene ya nombre, pero no me he molestado en pensar títulos.

Y aunque no haya hueco, solo una cosita más: gracias por dejar que pase un ratito con vosotros, espero no haberos aburrido con mis cuentos. Besos a todo el mundo.

5 comentarios:

  1. No he leído nada de esta autora, pero es interesante conocerla un poco más.
    Un beso :)

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  2. Yo terminé ahora mismo "cuando el amor despierta" y me ha gustado muchisimo! estoy deseando leer los siguientes!!!! Viendo que el articulo es de febrero de 2014 me pregunto si se sabe algo de la historia de James y Judith... aun no ha sido publicada, o si?

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  3. @Kalima: creo que la autora está en ello :) Yo también espero poder saber más de esta historia en breves :D

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  4. Me he leído CUando el corazón perdona, vi que había dos historias previas y ahora estoy con Cuando el corazón despierta, pero miro y no encuentro el que supuestamente sería el segundo libro, me ha sorprendido mucho ya que hace muchas referencias a la historia de James y Judit en el de Richard y Nick. Un poco raro, no?

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  5. Al parecer la saga comenzó por el fina....o el ultimo libro....No se...porque el de James y Judith aún no se publica

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