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lunes, 9 de mayo de 2011

Imprimado - Cap 11




CAPÍTULO 11: ¿VUELTA A CASA?

Con el amanecer se acabó la tranquilidad. Bajé al rayar el alba y sentí como todos los Cullen estaban en tensión. Edward y Bella habían pasado la noche en la mansión, algo inusual.
Tras saludarles salí al patio trasero. Allí esperaría a mis hermanos, allí comenzaría la farsa.
No tardaron en llegar. Jane abría la comitiva, situada como siempre en el centro de la formación. A su derecha su hermano Alec y a su izquierda un sonriente Félix, que seguro que se alegraba de nuestro reencuentro.
- Dimitri – saludó seca Jane – Parece que nos esperabas.
- Así es enana – la dije cariñosamente mientras intentaba despeinarla y abrazaba a Félix. Mi relación con ella era bastante estrecha, aunque Jane siempre intentaba evitar mostrar sus sentimientos – Alice me avisó de vuestra visita – concluí dando la mano a Alec.
- No me llames así – gruñó Jane a la vez que Alec soltaba una carcajada.
- Y bien… ¿a qué debo la vista? ¿Venís a sustituirme? – pregunté intentando sonar anhelante.
- Un buen Vulturi nunca abandona una misión – recitó Félix con una mueca de burla y Jane le miró asintiendo. Ella era la más fiel a Aro, a quien consideraba como su padre, sentimiento que se extendía en menor medida a sus dos hermanos Cayo y Marco.
- Venimos a supervisar la misión, a emitir un informe sobre tu actuación – explicó Jane con dureza pero con un deje de tristeza en la voz y la mirada. La dolía hacerme esto, decirme de manera tan directa que los hermanos Vulturi ya no confiaban en mí.
- Perfecto – ironicé – Ciento cincuenta años de servicio, de fidelidad absoluta y en cuanto el resultado no es el esperado se forma una comisión. – y volviéndome de forma teatral hacia la casa comencé a andar y proseguí con la actuación – Seguidme. Cuanto antes empecemos, antes acabaremos.
Entré en la casa seguido de mis antiguos amigos pensando en cómo había cambiado mi vida en las últimas semanas. Los vampiros por los que habría dado la vida meses atrás, con lo que había compartido la mayor parte de mi vida, eran ahora mis enemigos. Nunca volvería a echar una partida de cartas con Alec, ni apostaría alguna absurdez contra Félix, ni pasearía junto a Jane por la arboleda que rodeaba el castillo Vulturi… Un suspiro salió de mis labios al entrar en el salón, pero pronto me recompuse al ver la cara de póker de Edward, que de seguro había escuchado mis melancólicos y egoístas pensamientos.
Los Cullen nos esperaban en perfecta formación, con Carlisle, Alice y Edward en pleno centro. Vi a Bella, Rose y Esme en una segunda fila, protegidas por Emmett y Jasper en los flancos y con la pequeña Nessie en brazos de su madre. Yo di un paso atrás, ocupando mi posición junto a Jane, con Alec y Félix algo retrasados.
- Bienvenidos Jane, Alec y Félix – saludó Carlisle - ¿A qué debemos vuestra visita?
- Buenos días familia Cullen – comenzó Jane mirando uno por uno y parándose en Nessie – Sentimos la interrupción, pero pasábamos por aquí y…
- Ahórrate los formalismos Jane – interrumpió Edward – Al grano, por favor.
Ella le echó una mirada envenenada, pero prosiguió tranquila.
- Los asuntos que nos traen por Forks son internos, no tenemos porque airearles aunque seguro que les conoces igual de bien que nosotros mismos. Así que si no os importa, nos gustaría poder reunirnos tranquilamente y decidir si nos quedamos unos días más.
- Recordad que estáis en nuestro territorio – advirtió Carlisle – Nada de matar humanos, ni siquiera de tomar algo de su sangre. Si queréis alimentaros tendréis que iros lejos. Y tampoco os podéis acercar a la reserva. Confío que Demeti os señalará los límites sin problema – concluyó mirándome rápidamente, a lo que yo asentí.
- Por supuesto, Cullen, – siseó Félix – acataremos vuestras normas. Por ahora.
- Hasta pronto – se despidió Jane por todos nosotros, y sin romper la formación fuimos abandonando lentamente la casa. Una vez en el bosque se volvieron hacia mí.
- ¿Y bien? – cuestiono Alec, y como me encogí de hombros siguió preguntando - ¿Por qué nos han hecho cruzar medio planeta? ¿Para saludarte?
- Eso deberías preguntárselo a tu hermana, que te podrá contestar mejor que yo – contesté verdaderamente molesto mirando a Jane
- Aro no se fía de ti, Dem – dijo suavemente, con dolor en sus ojos – Ni Heidi ni yo hemos podido convencerle de que sus sospechas son una idiotez. Y mucho menos con Marco y Cayo intrigando a nuestras espaldas.
- ¿Y de qué se me acusa? – pregunté poniéndome a la defensiva
- Por ahora de nada. Por eso nos ha enviado. Detecta cierto colaboracionismo con los Cullen y “sus aliados”.
- Ja… Esa sí que es buena – estallé - ¿colaboracionismo? ¿Y qué pretende que haga? ¿Qué arranque cada día un miembro de cada Cullen y se lo mande por mensajería? O mejor aún, ¿qué me coma un lobito para que me desmiembren ellos a mí en diez minutos?
- Vamos, vamos, tampoco hay que ponerse así – me intentó calmar Alec.
- Vete a la mierda, Alec. Decidme qué coño estoy haciendo mal, joder.
Di media vuelta y comencé a pasearme, en parte para ver si me serenaba un poco y en parte para pensar cómo seguir con la farsa. Había visto la duda en sus ojos junto con la compasión. Estaba seguro de que un par de alegatos más y creerían en mí como siempre lo habían hecho. Y eso era exactamente lo que pretendía.
- Dem, – me susurró Jane abrazando mi cintura – nosotros no dudamos de ti, hermano. Lo sabes.
Y antes de enterrar su rostro en mi pecho me miró a los ojos y su mirada confirmó sus palabras. Si había logrado engañar a Jane el plan estaba prácticamente conseguido. Ella era siempre el hueso duro.
- Lo sé chiquita – dije acercándola a mí – Pero me duele que los hermanos Vulturi sí. Nunca he hecho nada para que desconfíen de mí y mucho menos cuando estoy siguiendo órdenes.
- Te presentaste voluntario muy rápidamente, – acotó Félix – o al menos eso es lo que dice Marco.
- ¿Rápido? – le contesté separándome de Jane pero manteniéndola a mi lado con un brazo – Si estaban a punto de designar la misión a dedo. Además, solo lo hice para ganar puntos. Una misión exitosa y podríamos habernos tomado un par de semanas de vacaciones.
Toqué ese punto porque sabía que así Félix estaría también de mi lado. Ambos llevábamos siete años planeando una escapada juntos a Rusia. Pero para ello necesitábamos el beneplácito de los Vulturi y este sólo se conseguía haciendo bien las cosas. Cuando le vi asentir una sonrisa casi escapa de mis labios, pero logré contenerla. Sólo quedaba Alec.
- Cuéntanos cómo van las cosas por aquí, si ves algo sospechosos y qué pasa con la niña – me pidió el susodicho.
Yo suspiré y me dispuse a relatarles mi día a día con los Cullen, un poco maquillado, claro, y para ello me eché a andar, sin ningún rumbo fijo, sólo paseando.
- No encuentro nada raro en la niña. Es un encanto, la verdad es que la he cogido hasta cariño – y ante la mirada divertida de Jane, que seguía junto a mí me expliqué – Es muy inteligente y dice cosas graciosas. Además, me trata como a uno más de su familia. Nunca me había sentido así, ya sabes – la confesé algo más bajo haciendo referencia a mi pasado humano del que tanto habíamos hablado en Volterra.
- Vamos, que te tiene comiendo de la mano – se burló Félix
- No seas idiota; sólo es una niña. Simplemente no veo nada malo en ella – le espeté – Y gracias a que la caigo en gracia y que suelo portarme bien con ella me estoy ganando la confianza de los Cullen. Al menos ya no me miran como si me quisieran patear el culo a todas horas. Bueno, no todos, – dije sonriendo – pero al menos ya no desconfían tanto. Saben que no estoy aquí para hacer daño, sólo para controlar que todo va bien.
- ¿Y los lobos? – preguntó Alec tocando el punto más espinoso
- No les veo mucho – contesté encogiéndome de hombros, e intentando mejorar mi actuación proseguí algo irritado – Y es un consuelo, la verdad. Van todos los días a la mansión o pasean por los alrededores, pero intento no cruzármeles mucho. El odio es mutuo. Me gruñen, les gruñó, pero enseguida tengo un Cullen cerca por si acaso. Son de lo más molesto, pero tras tantos días acabas acostumbrándote. Es como… como… las ratas de Venecia… ¿te acuerdas Félix? Todo el día en las malditas alcantarillas con esas ratas apestosas pululando por todos los lados…
- Entonces no estás tan mal, por lo que vemos – dijo Jane apretando su agarre en mi cintura.
- Bueno, he estado peor, créeme – la contesté sonriendo débilmente.
- ¿Y la comida? – siguió preguntando Alec despectivamente – He oído que te alimentas de vaquitas.
En ese momento aspiré fuertemente y el conocido olor de Alex me llenó las fosas nasales. ¡No podía ser! Ella andaba cerca. Tenía que conseguir llevarme a mis hermanos antes de que lo notaran, así que comencé a hablar rápidamente.
- Eso sí que es un suplicio. Tengo la garganta al rojo vivo la mitad del tiempo. Esa sangre no llena ni un tercio, por no hablar de su sabor… Vamos hasta México a alimentarnos. Así podéis reponer fuerzas y yo como algo decente. – propuse sin éxito. El olor de Alex cada vez era más fuerte. Nos estábamos acercando a nuestro claro, donde ella estaba, y por la cara de mis hermanos ellos lo sabían.
- Mejor comamos algo por aquí – propuso Félix
- No – dije serio de repente – Los Cullen…
- Podemos engañarlos, Dem. Nunca se enterarán.
- No – repetí - Vámonos de aquí.
- Venga ya – me contestó Alec internándose en el claro seguido por Félix y Jane, que tiraba de mí fuertemente.
Allí estaba mi amor, con los ojos húmedos de lágrimas recién derramadas, asustada por la repentina aparición de cuatro vampiros nada amistosos.
- Juguemos un rato – anunció Jane haciendo doblarse a Alex del dolor con su don.
- ¡No! – grité poniendo mi mano sobre sus ojos – Déjala Jane. No queremos líos.
Pero Félix aprovechó ese momento para acercarse a Alejandra y cogerla del cuello con su fuerte mano derecha, mientras que rodea su cintura con el otro brazo.
- Intenta algo y te parto el cuello, bonita – la dijo amenazadoramente.
- Félix, déjala – ordené firmemente soltando a Jane y acercándome a él.
- Es el momento de desquitarte, hermano, – me animó Alec – de alimentarte como es debido. No es que huela muy bien, pero al fin y al cabo es sangre humana.
- Félix – repetí ido – Suéltala ¡ya!
No podía ver cómo la tocaba, como sus dedos rodeaban su frágil cuello. Pero sólo conseguí que apretara más su agarre.
- Dem – sollozó Alex desde su prisión.
- Vaya, vaya – se burló Jane – Si la zorrita sabe cómo se llama.
Y sin darme tiempo a nada volvió a lanzar un ataque que hizo que Alejandra soltara un grito inhumano. No me lo pensé dos veces, en esas condiciones no podía razonar muy bien, y me lancé contra Jane derribándola.
- ¡Te dije que no! – y volviéndome contra Félix proseguí - ¡Suéltala!
Alec estaba sorprendido, pero enseguida se lanzó a por mí y entre él y su hermana consiguieron inmovilizarme contra el suelo.
- ¿Qué está pasando, Dem? ¿Por qué la defiendes? – preguntó Jane enfadada.
- Piensa, Jane – conseguí articular – Es una loba. Los Cullen caerían sobre nosotros. Tienen una tregua que…
- ¡No seas ridículo! – me chilló y posando su mirada en la mía hizo que el dolor se apoderase de mi mente durante unos segundos. Cuando volví a mi ser, oí como Alex sollozaba audiblemente desde los brazos de Félix – Ella te importa, ¿verdad?
- Jane… - susurré. Nunca la podía engañar por mucho tiempo – Por favor…
- ¡Eres un maldito traidor! ¡Una loba! ¡Una enemiga por naturaleza! El ser más asqueroso que ha pisado este planeta – chilló como loca soltando su agarre, momento que aproveché para lanzar a ambos hermanos lejos y placar a Félix, que soltó a una asustada Alex.
- No soy ningún traidor – me defendí poniendo mi cuerpo delante del de Alex – Si me dejaras explicarme…
- ¡No! Yo te creía… Te defendí ante todos… Y ahora… - dijo furiosa perdiendo los papeles
- Déjala ir – la pedí y ante su cara de asombro proseguí – Iré con vosotros a Volterra. Podéis entregarme como el traidor que soy, pero a ella dejadla en paz. No tiene la culpa de nada.
- ¿Pero qué estás diciendo? – preguntó Félix aún sorprendido
- La amo, Jane – seguí mirándola a los ojos – Es lo único que tengo, por favor, por los viejos tiempos.
Jane conocía mejor que nadie mi historia, sabía que nunca antes nadie había tocado mi corazón, al igual que yo conocía sus más oscuros secretos. Vi como asentía y sin pensármelo dos veces volví mi rostro hacia Alex, que seguía asustada y la dije:
- Vete, Alejandra. Nunca más volveremos a vernos.

5 comentarios:

  1. Ayyy...por Dios y ahora que??? ¬¬ Espero tu proxio capi!!!

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  2. dios dios que pasara ???? realmente espero con ansias el proximo capi me encanto hay dios no se cuanto podremos esperar

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  3. Nooooooo Lauuuura me hiciste llorar con ese final... Nooooo Auuuu>!!!!!!!!!!!!! pobre Dme enverdad renunciara a Alex... pendejo Vulturi no s epudieron quedar en Italia jugnado grrr!!
    gracias por volver

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  4. ¡¡¡NOOO!!! por dios no puede ser pobre los chicos...
    me imagino el dolor de demetri, y el de alex... aii tiene q llegar alguien para ayudarlos, alguno de la manada...

    Bueno me encanto este capi... porfa tenes que actualizar pronto pronto... el fic esta muy bueno... este es el segundo fin que leeo de demetri, y la verdad me gusta mucho... (alhuna vez me gustaria ver algo de felix)

    Voy a estar siguiendo tu blog todos los dias aver si publicas nuevos capis...

    Un beso y de verdad me gusto mucho el fic...


    --♥-- GISELE MAZA --♥--

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  5. Vamos a ver que me van a dar los 7 males, uuufff, como es eso de que jamas la volvera a ver, no no y no. Vale, tranquilidad, esto tendra solucion, digo yo. Por cierto esa Jane es que me cae como una patada enel culo, ademas lo de felix , que le acusa de que cogio la mision muy rapido y las desconfianzas de los Vulturis no me han gustado nada de nada. Si ahora se va con ellos a Volterra, a ver que le hacen alli. No se pero esta historia es tragica de las tragicas, lo quemehaces sufrir reina y lo bien que lo haces leches, jajajajjaja
    Millones de besos y esperando la proxima dosis de tu droga
    Nos vemos corazon

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