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lunes, 14 de febrero de 2011

Imprimado - Cap 08


CAPÍTULO 8: PROBLEMAS

Los días siguientes al encuentro con Alejandra y la beta de su manada fueron de todo menos tranquilos. Nos veíamos todo lo que podíamos, que no era mucho. Entre sus deberes de la manada y su trabajo apenas tenía horas para mí. A eso había que añadirle que yo no podía cruzar la línea del tratado, porque si no habría velado sus sueños todos los días. Ahora estaba intentando convencerla de que durmiera algún día en mi habitación, pero ella no estaba muy dispuesta. Aludía que no quería molestar, que bastante incordiábamos ya a los Cullen, y que sus hermanos no lo verían con buenos ojos.
A muchos de ellos nuestra relación les estaba costando, pero eso a mí me importaba un comino. Si no les gustaba ya podían mirar para otro lado. Pero Alex no pensaba así. Ellos eran una parte importante de su vida y yo tendría que acabar aceptándolo aunque me ponía de muy mala leche cuando ella se entristecía por su culpa. Un par de veces estuve a punto de salir corriendo a estrangular a algún lobito. La primera cuando Leah la ordenó que no volviera a verme. Las órdenes de un superior no pueden ser desobedecidas y Alex no tuvo alternativa. Leah se lo ordenó en un descuido de Jacob, y menos mal que él es aún más poderoso y en un segundo arregló el asunto. Pero el daño ya estaba hecho y Alex estuvo llorando más de dos horas en mis brazos. La segunda vez que quise matar a un quileute fue cuando Sam, el líder de la otra manada la echó en cara que era una traidora y que por él y sus hermanos podía irse de la reserva para no volver jamás. Estuve a dos metros de traspasar la línea del tratado. Pero entre Alejandra, Emmett y Rosalie me lo impidieron. Fue una suerte que ellos estuvieran cerca, porque si no habría desatado una verdadera guerra. Nadie insultaba a mi chica y salía indemne, y esa se la tenía guardada.
De este modo las pocas horas que pasábamos juntos las invertíamos sobre todo en pasear por el bosque. Muchas veces nos encontrábamos con alguno de sus hermanos y las reacciones eran diferentes dependiendo del susodicho. El que mejor me caía era, casualmente, el hermano de Leah: Seth. Era un muchacho simpático y lleno de energía que cuando aparecía por la mansión vaciaba la despensa en menos tiempo de lo que dura un plátano en manos de un par de monos hambrientos. Luego estaban Paul y Jared, inseparables y ambos igualmente imprimados, uno con la hermana de Jacob y otro con la prima. El pobre estaba bastante disgustado por ello, pero tampoco podía decirles nada, era algo inevitable.

Esa mañana amaneció nublado, para variar, y enseguida oí la risa de Nessie mientras sus padres la traían a desayunar con sus abuelos. Bajé a darles los buenos días y tras prometer a la pequeña que montaría con ella su nueva casita de muñecas subí a darme una larga y relajante ducha.
Media hora después estaba secándome en mi dormitorio con una pequeña toalla cubriendo mis partes pudendas cuando un diminuto huracán se coló por la puerta chillando como una loca.
- ¡Vamos Demetri! ¿Todavía no te has vestido? Tardas más que mamá cuando no quiere ir de compras con tía Alice… ¡Vamos!
No tendría los genes de Alice, pero había que ver como se parecía la niña a su tía.
- Ya voy… Dame un par de minutos y estaré abajo contigo.
- ¡Te espero en uno!
Y tan deprisa como había entrado salió corriendo escaleras abajo. Me volví sonriente hacia el armario y cogí lo primero que se me ocurrió no sea que fuera a volver a por mí y arrastrarme hasta el salón, cosa de lo que sería capaz.
Mientras bajaba oí como Bella reprendía a su hija por bajar corriendo las escaleras y por molestarme.
- Renesmee. Sabes perfectamente que la gente tiene cosas más importantes que hacer que jugar contigo. No puedes estar imponiendo tu presencia constantemente. ¿Y qué te he dicho de correr por las escaleras? Que seas más rápida y fuerte que la media no significa que no te puedas romper el cuello si te caes…
Bella sonaba dura, pero en sus ojos se veía todo el amor que sentí por su hija. En ese momento entendí porque mi madre me regañaba constantemente. Yo era un niño muy inquieto y ella simplemente tenía miedo de que algo malo me pasara. Esa misma expresión estaba viendo en el rostro de Bella, una incontrolable preocupación materna. No sabía muy bien por qué había recordado a mi madre, hacía muchísimas décadas que estaba muerta y eso me confundió. Pero enseguida se me pasó al ver dos lágrimas desbordar los ojitos de Nessie mientras Bella se contenía por correr hasta su lado para abrazarla y acunarla. Y como yo sabía que eso no estaría bien, que a veces hay que ser duro con los niños, fui en su ayuda y cogí a la pequeña en brazos.
- Ya está Nessie – dije secando sus lagrimitas – Promete a mamá que nunca más correrás por las escaleras…
- Lo siento mamá – dijo algo más tranquila – Nunca más volveré a hacerlo
- Bien – asentí mientras Bella besaba dulcemente la mejilla de su hija – Y ahora vamos a jugar – terminé dirigiéndome con ella todavía en brazos al salón.
“No hace falta que juegues conmigo si no quieres” dijo tristemente en mi mente poniendo su manita en mi mejilla
- Claro que quiero pequeña. Te dije que te ayudaría a montar la casita y eso haremos. Aunque bueno – dudé – quizás le tendríamos que pedir ayuda a la abuela Esme o a Rosalie, que a mí esto de combinar cortinas y alfombras no se me da muy bien.
- Eso está chupado, tío Dem – me dijo sonriendo bajándose de mis brazos de un salto y cogiendo sin problemas la enorme caja donde venían los materiales.
Yo me quedé estático. Me había llamado tío. Y me había gustado.
Sonriendo fui a sentarme con ella y allí pasé dos horas, primero montando la casita según me decía Nessie y más tarde decorándola. Podríamos haberlo hecho a mayor velocidad, pero en su lugar nos tomamos nuestro tiempo, disfrutando de cada momento. Finalmente nos quedó bastante bien, obviando mis intentos de decorar el salón, que fueron un desastre. Menos mal que Rosalie tomó el mando y se encargó ella de hacerlo.
Mi relación con ella mejoró bastante aquella mañana. Ya no me veía como una amenaza para su familia. Y todo gracias a Nessie. Me había encariñado tanto con la niña que la tensión que se respiraba cuando yo estaba presente se había disipado por completo. Ahora confiaban en que no haría nada para perjudicarlos. Y tenían razón. Nunca quise hacerles daño, pero después de conocer a Nessie mucho menos.
De pronto aparecieron Alice y Jasper, ambos muy nerviosos y comenzaron a llamar al resto de la familia. Edward estaba muy serio y me miraba fijamente. Alice había tenido una visión y no era nada bueno por sus caras.
- Aro sospecha, no saben si mandar a alguien o venir él mismo – fue la único que dijo Alice antes de que mi teléfono sonara.
Yo lo cogí con los nervios a flor de piel. Si Aro pretendía venir hasta aquí es porque ya no confiaba en mí, porque sus dudas eran enormes. Y si venía descubriría todo y podríamos acabar todos muy mal…
- ¿Sí? – pregunté al teléfono, sabiendo perfectamente quien me estaba llamando
- Demetri… Qué alegría poder volver a hablar contigo – contestó Aro cínicamente
- Igualmente Aro, siempre es un placer – me arrastré un poco intentando ganar tiempo para pensar. Los Cullen no podrían ayudarme ahora, ya que si decían algo Aro les oiría.
- Y cuéntame, ¿cómo van por allí las cosas? – preguntó finalmente y yo sentí que de ser humano estaría sudando, o peor aún, llorando de los nervios que me acongojaban.
- Pues todo sigue igual – comencé, y de pronto Alice salió escopetada de la habitación y al segundo después estaba frente a mí con una libreta – Nes… La niña sigue creciendo, aunque creo que algo más despacio. Es inteligente y bastante amigable, como cualquier crío de su edad – la busqué con la mirada, esperando que no le doliera el duro tono de voz que estaba poniendo al hablar de ella. Pero al parecer Bella se la había llevado de allí. “Todo por la farsa”, me dije antes de seguir hablando – Lo peor son los dichosos lobos. No es que hagan ningún daño, pero han hecho otro par de visitas y es asqueroso tenerles cerca – continué leyendo lo que la mano de Alice escribía rápidamente en el papel – Y la maldita dieta… Espero poder escaparme uno de estos días a Sudamérica a cazar un par de humanos…
- Ya veo, ya… - me contestó Aro visiblemente más tranquilo por mis quejas – Tiene que ser duro para ti. Si quieres puedo mandar a alguien a relevarte… - dejó caer y yo me olí una encerrona
- No hace falta. Me ofrecí voluntario y acabaré con mi misión. Demetri Vulturi nunca deja nada a medias – contesté seguro, quizás demasiado.
- Bueno, bueno, sí estás seguro… De todos modos ándate con ojo, hijo, sabes que al final acabaré conociendo todos y cada uno de los detalles…
- Lo sé, Aro. Y estoy tranquilo – le contesté temblando por dentro ante la clara amenaza. Podría mentirle todo lo que quisiera, pero finalmente nos encontraríamos y él conocería toda la verdad, todas mis traiciones.
- Me alegro. Y hazme el favor de saludar a Carlisle de mi parte. Dile que me llame un día de estos, que hace mucho que no hablo con mi viejo amigo.
- Será un placer, Aro. Ahora mismo se lo comunico. – respondí.
Y antes de poder decir nada más me colgó. Me llevé las manos a la cara y susurré para mí mismo:
- Estamos perdidos
- No – dijo Alice – Tienes dudas, pero aún confían en ti. Esperemos que esto dure – terminó poniendo una mano reconfortante en mi hombro.
Miré al resto de los Cullen, todos ellos con caras serias, sabiendo que pronto la calma habría terminado. Y todo por mi culpa. Sin mí ellos serían una familia tranquila, sin los sanguinarios Vulturi tras ellos. No debería haber ido nunca a Forks. No debí dejarme guiar por mis sentimientos.
De pronto Alex vino a mi mente. Tan hermosa, tan pura. Y con ella toda su manada. Ellos serían los siguientes, sino los primeros en la lista de Aro y sus hermanos. ¿Qué sería de ellos? ¿Por qué tuve que condenar a tanta gente?
Mi desesperación iba en aumento, tanto que todos los Cullen se habían dado cuenta de ello y me miraban descaradamente.
- La culpa no es tuya, hijo – dijo Esme suavemente intentando hacerme sentir mejor.
- Sí lo es – la contestó abatido – Si yo no hubiera vuelto nada de esto habría pasado… Sí no hubiera querido conocerla a toda costa…
- ¿Te arrepientes de haberme conocido? – preguntó Alex dolida desde la puerta.
Allí estaba toda la manada, Sam incluido.
- ¡No! – contesté levantándome y cogiéndola entre mis brazos – Nunca me arrepentiré de conocerte, de amarte… Pero sí de haberos puesto en peligro. Jamás me lo perdonaré… Si te llega a pasar algo… - dije acariciando su cara.
- Ya sabía yo que esto era mala idea – rezongó Sam y yo clavé mi mirada en él, al igual que el resto de los presentes.
- Será mejor que nos calmemos – pidió Edward invitando a todo el mundo a acomodarse – La culpa no es de Demetri – siguió mirándome – Todos sabemos que los Vulturi estaban esperando el momento adecuado para volver a atacar. Esa era su idea cuando se marcharon de aquí. Esto será simplemente una excusa. Nuestro veredicto estaba echado mucho antes de que Demetri volviera.
Alice asintió y fue ella quien continuó hablando. Yo por mi parte, comencé a acariciar la espalda de Alex, que se encontraba sentada en mi regazo.
- Por ahora no saben qué hacer. Unos piensan que Demetri es un traidor y otros siguen apoyándole. No saben si esperar un poco más para recibir más noticias, si mandar una partida de reconocimiento o si venir todos ellos con la decisión de exterminarnos tomada…
- ¿Y mientras que haremos? – preguntó Leah adelantándose al resto - ¿Quedarnos sentados y esperar a que nos ataquen?

4 comentarios:

  1. buenoo me gusto mucho el cap y espero que no tardes en subir uno nuevo
    besoos :)

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  2. woooooooo me encanto el capi pobre de Demetri espero pronto leer un nuevo capi de esta historia me encanta ^^

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  3. siempre vale la pena esperar ^^ ya quiero leer el siguente capi no te tardes porfiss

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  4. que puedo decir Oh mierda.... esto tiende a ponerser color d e hormiga.... espero que no venga lso Vulturis grrrrr demonois con lo que le ah costada a Demm este proeceso aaaa Lau maravilloso... tarde pero aqui estoy

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