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lunes, 10 de enero de 2011

Imprimado - Cap 07


CAPÍTULO 7: BETA

Tras unos deliciosos minutos en los que besaba a Alex contra la puesta de mi dormitorio oímos a Jacob llamarla.
- Tengo que irme – susurró contra mis labios tras posar en ellos un último beso.
Yo sonreí melancólico pensando en cómo aguantaría tantas horas sin verla y la seguí cogido de su mano hasta el piso inferior, donde Jacob la esperaba mientras jugaba con los rizos de Nessie.
- Estoy lista – dijo Alex dirigiéndose hacia Jacob, justo antes de posar suavemente sus labios sobre los míos como despedida.
Nessie estalló en aplausos y risas y Jacob la secundó con sus graves carcajadas.
- Hacen buena pareja, ¿verdad, Jake? – preguntó la pequeña corriendo hacia Alejandra y dándola un beso en la mejilla.
- Sí, mi niña – accedió el lobo mirándolas sonriente. Diría cualquier cosa con tal de no contradecirla y yo no pude evitar una sonrisa al pensar que probablemente yo también tuviera esa cara de bobo cuando miraba a Alex.
Me acerqué al gran ventanal para ver como mi amada se alejaba. Mis pensamientos vagaron hacia minutos atrás, cuando la tenía entre mis brazos, hasta que fueron interrumpidos por la voz de la pequeña Nessie.
- Ya iba, mamá – decía desde los brazos de Bella – Sólo me estaba despidiendo de Jake. Vino a verme, ¿sabías? Y me prometió llevarme al parque de atracciones de Port Angeles la semana que viene.
Sonreí involuntariamente al escuchar su emocionado tono de voz y sin más me dirigí hacia mi dormitorio, donde pensaba echar un par de solitarios al ajedrez como hacía cientos de años me enseñó mi abuelo.

Pocas horas después Alice entraba en mi cuarto como si de un huracán se tratase y tras saludarme se dirigió sin preguntar hacia mi armario. Llevaba unas cuantas prendas en los brazos, que rápidamente colocó en él.
- Te he comprado un par de cosillas. Mañana ponte la camisa azul que te he dejado, ¡qué vamos a Port Angeles! – me ordenó emocionada
- ¿A Port Angeles? ¿Yo? – la pregunté divertido mientras me incorporaba de la cama, donde había estado tumbado hasta ese momento.
- Sí. Tengo que recoger un par de cosas que encargué la semana pasada y así podrás comprarla algo a Alejandra. Porque, ¿a qué no se te había ocurrido regalarla nada? – y ante mi sorprendida negativa continuó sin apenas coger aire – Lo sé. ¿Y cómo piensas conquistarla si no la demuestras lo que te importa? – yo me encogí de hombros y ella prosiguió – Hay que ver que bobos sois a veces… Menos mal que mi Jass es tan detallista…
Y se fue tan rápido como había venido, dejándome confuso mientras me preguntaba qué podría regalarla.
No podía ser algo muy caro y ostentoso, no creía que eso fuera con ella. No la regalaría un pesado collar de diamantes, presente que haría babear a otras féminas, como Heidi o Jane, por ejemplo.
Además estaba el problema de que cuando se convirtiera en loba podría perder cualquier joya que la comprar. Descarté de inmediato collares, pulseras y anillos, por no hablar de pendientes.
¿Un libro? No… Un libro sería un regalo muy pobre. Quizás una veintena… Eso sería una exageración.
Piensa Demetri.
La verdad es que me estaba dando cuenta de lo poco que sabía de ella. ¡Si ni siquiera podía encontrar algo qué reglarla!
Así pasó mi día, cada vez más metido en mis pensamientos y de peor humor. No quise ni jugar con Nessie, quien se fue de mi dormitorio aburrida de intentar hacer que sonriera. Y tampoco salí a cazar con los Cullen, si no que preferí hacerlo solo, por mi cuenta.

A la mañana siguiente, cuando Alice subió a buscarme para irnos y dio el visto bueno a mi ropa yo seguía sin saber que podía comprarla. Así que con pocas ganas seguí al pequeño demonio bailarín escaleras abajo y me monté en la parte trasera de su porche. Era un sitio la mar de incómodo, pero era mejor eso que ir en el mismo coche de Edward, quien podía leer mis míseros pensamientos.

- Esperamos que te comportes – me espetó Jasper tras aparcar en la ciudad mientras esperaba a que me bajara del coche.
- Sí, mi general – le contesté hastiado por sus dudas.
¡Era un Vulturi! No un neófito que se lanzaba al cuello del primer humano que pasaba por delante de sus narices. Mi autocontrol estaba muy por encima del suyo. Lo de la juguetería había sido un desliz que nunca más volvería a suceder.
Más cabreado que antes me dirigí tras los Cullen hacia un centro comercial. Una vez allí cada cual se dispuso a realizar sus compras, dejándome solo y sin saber dónde ir.
Sin pensármelo dos veces comencé a pasearme por los enormes pasillos, mirando distraído los escaparates. Tras media hora de deambular mis ojos se quedaron fijos en el cristal de una juguetería. Allí detrás estaba el regalo ideal para Alex y enseguida mis piernas se pusieron en movimiento y entré en la tienda a una velocidad algo inusual en un humano.
La dependienta me miró sorprendida, preguntándose de seguro de dónde había salido. Pero enseguida se sobrepuso y sonriendo descaradamente me preguntó si podía ayudarme.
- Quería un peluche que he visto en el escaparate – contesté mirando hacia el mismo. – Es un lobo – puntualicé.
- Tenemos un montón de peluches a su disposición – comenzó la chica intentando seducirme con su voz y pequeños movimientos de sus manos y su pelo – Puedo enseñarle unos cuantos muy bonitos. ¿Para quién es? ¿Para su sobrina? ¿Su hermanita?
- Mi novia – la contesté cansado de sus tristes insinuaciones. Esta humana era un desperdicio de tiempo. – Y no necesito ver ningún peluche más, gracias – seguí intentando ser amable – Ese es perfecto para ella – terminé sonriendo.
- Ohh. Está bien. Entonces voy a por él. Espere aquí un momento – contestó desilusionada antes de dirigirse a por el peluche.
¡Madre mía! Ni yo me lo creía. La chica estaba bastante bien y un par de semanas atrás la habría hecho mía sin contemplaciones para luego beber de ella. Pero ahora tenía a Alex y ni siquiera esa linda muchacha me había atraído lo más mínimo.
Enseguida llegó con el peluche y me gustó aún más que tras el sucio cristal del escaparte. Tenía los ojos verdosos, como ella, y su pelaje era tan suave como su cabello.
No era un regalo muy ostentoso ni caro, pero esperaba que la gustara. Al menos a mí me había encantado.
No dejé que la muchacha envolviera el peluche en un papel de colores chillones y sumamente horroroso, así que salí con él en una bolsa bastante mona que había comprado allí mismo. Seguro que tenían ese papel tan indeseable para que la gente se decantara por la nada baratas bolsitas, pero yo no pensaba dejar que estropearan así el detalle.
No había dado ni tres pasos fuera de la tienda cuando su olor llegó hasta mí seguido por el dulce tono de su voz.
- Vamos Leah…Cuanto antes empecemos, antes terminamos
Me volví instintivamente hacia ella y cuando nuestras miradas se cruzaron dos amplias sonrisas adornaron nuestros rostros.
- Alex – susurré acercándome a ella.
Cuando estuve a su lado la cogí por la cintura y alzándola sin problemas planté en sus labios un dulce beso lleno de amor que demostraba cuánto la había echado de menos.
Nuestro momento se vio interrumpido por un ronco gruñido proveniente de su acompañante y sin soltarnos nos volvimos hacia ella.
- Dem, ella es Leah, la loba beta de mi manada. Leah, - dijo mirándola de forma suplicante para que se comportara, supongo - él es Demetri.
La aludida me saludó con un simple movimiento de cabeza sin destensarse lo más mínimo y al poco abrió la boca para hablar, o más bien para gruñir.
- Vámonos Alejandra. Podemos comprarlo en otro lugar. Además, aquí empieza a oler mal – y sin más se dio la vuelta y echó a andar en dirección contraria.
- Leah – gimió mi amada desde mis brazos conteniendo las lágrimas. – Perdónala – me pidió acariciando mi rostro – Ella no lo entiende.
Yo besé sus labios una vez más antes de dejarla ir, no sin antes decirla que todo estaba bien.
Pero nada estaba bien. Mi interior bullía de rabia. Esa idiota había hecho sufrir a Alex, y todo porque yo no le gustaba. Pues ya se podía ir acostumbrando a mí.
No noté lo tenso que estaba, clavado con las manos en puños en el mismo lugar que minutos atrás me encontraba con Alex en mis brazos, hasta que sentí la mano de Edward en mi hombro.
- Vamos a casa – me dijo tranquilo, y sentí una ola de paz proveniente de Jasper.
Ellos habían vivido la escena y me apoyaban. Así me lo había hecho saber Nessie, a quien Leah no la caía muy bien. Según la pequeña la loba la miraba siempre de mal manera y siempre se había mostrado con ella fría y distante, al contrario que todos los demás quileutes, que como yo habían caído presos de su encanto.
Esta vez volví con Edward, Bella y Renesmee en el Volvo, con el peluche del lobo en su bolsa a mi lado. Gracias al firmamento no había sufrido ningún daño mientras lo apretaba en mis manos, únicamente el papel estaba algo arrugado.

Al llegar a la mansión Cullen Edward se volvió hacia mí y me susurró que ella estaba esperándome, así que salté del coche aún en movimiento y me dirigí raudo a su encuentro.
- Demetri – me llamó nada más verme aparecer y se lanzó a mis brazos ahogando un sollozo. Yo la saqué de allí, llevándola en volandas y entre besos a nuestro claro, el lugar donde nos conocimos.
Noté como los lobos nos rodeaban, dejando poco espacio a nuestra intimidad, pero me importaba muy poco. Yo sólo quería que ella estuviera bien, que dejara de llorar.
- Tranquila, preciosa – susurré en su oído tras posarla en un tronco haciendo que se sentara y acomodándome a su lado – No puedo caerle bien a todos tus amigos, ¿no? Si no, no sería yo, sería Gandhi.
Ese comentario hizo que sonriera débilmente.
- ¿Gandhi? – preguntó
- ¿No es ese el tío que cae bien a todo el mundo? ¿El calvito de la túnica naranja? – contesté con otra pregunta haciendo que sonriera aún más.
- Qué bobo eres – me dijo besando suavemente mis labios.
Yo me encogí de hombros y ella reparó en la bolsa que colgaba de mi muñeca. No me había vuelto a acordar de ella y ahora Alex la miraba curiosa.
- ¿Qué has comprado? – preguntó finalmente
- Es… algo para ti… - dije indeciso – Espero que te guste.
La entregué la bolsa rezando a ese Dios en el que no creía que así fuera, porque cada vez me parecía peor regalo. Y encima algunos lobos se habían asomado descaradamente al claro para ver de qué se trataba.
Lo sacó de la bolsa sonriendo y al mirarlo a los ojos soltó una carcajada.
- Es muy bonito, Dem. Creo que hasta nos parecemos – me dijo dándome un beso y enseñándoselo a los demás lobos.
Uno de esos empezó a gruñir descontroladamente, pero los demás hacían ruidos raros, como si se estuvieran riendo. De pronto se oyó un aullido y todos se largaron de golpe. Yo miré preocupado a Alex, pero ella seguía sonriendo.
- Habrá sido Jake. No le gusta que nos metamos en la vida de los demás y ellos estaban cotilleando descaradamente.
- Entonces, ¿te ha gustado? ¿No te parece una tontería? – pregunté contra sus labios.
- Me ha encantado. Gracias – y selló sus palabras con un largo y placentero beso de amor.
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Aquí estoy de nuevo con esta historia....
Espero que os guste....
Y este capi en el que vemos a un Dem más mono que nunca va dedicado a mi gran amiga Ada... que aunque hablemos poco te sigo queriendo nena!!!
besos!!

5 comentarios:

  1. WAAAAAA ME ENCANTOOOO
    ESPEREO EL SIEGUIENTE CAP
    BESITOSS :)

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  2. me encanto ahora por tu culpa quiero un pelu che jajajaja hablo enserio

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  3. Oh mi Lau hermosa graicas por el capi , cariño sabes que amo como escribes y si no hemos coincidido ultimamente pro no por eso te dejo de quereer ere s una niña bien mona y pos entiendo las diferencia horaria nos molesta...
    en cuanto al cap quieor matar a la totna de Leah grrrrrr pendeja esa queooien se creer y me encanto el detalle de la lobita aaaaaaaauuuuuuuuuuuuu!!!! en fiin me voy suspirando de aqui mucho muy demasiadooo graicas por esas bella slineas

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  4. Me encanto!!!! Me gusta como muestras esta parte tan tierna de "Dem"... huy odiosa Leah, me parece tan estresante!!!
    Espero el siguiente!!!

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  5. como siempre un capitulo perfecto y presioso mi laura, y si, Dimitri aqui esta mas humano, me gusta, aunque no se porque me da a mi que esa Leah va ha causar algun que otro problema a la pareja, es que en ninguna historia me cae bien ¬¬
    un beso guapisima y nos vemos
    Irene

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