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lunes, 30 de agosto de 2010

Visiones que nunca fallan - OS




VISIONES QUE NUNCA FALLAN

¿Qué hubiera pasado si Jasper hubiera conocido a Alice cuando todavía era una humana? ¿La habría convertido o no hubiera podido resistir la tentación de tomar su vida?

Hacía doscientos años que vagaba solo. Ni siquiera se paraba a pensar en qué país se encontraba, y no digamos ya en qué ciudad. Todo era igual para sus ojos color escarlata; sólo se guiaba por su olfato, por el olor de la sangre.
Jasper Whitlock había sido convertido en vampiro unos trescientos años atrás por María, una sureña que le embaucó y le hizo creer que estaban enamorados para utilizarle como pieza clave de su ejército de neófitos. Jasper se encargaba de controlar a los vampiros más recientes, cosa fácil con su don. Y es que Jasper era lo que hoy en día llamaríamos un empático; podía sentir las emociones de los que le rodeaban y cambiarlas a su gusto. Por eso había sido importante para María. Porque lo suyo no había sido amor, sino conveniencia. Y cuando Jasper se dio cuenta la abandonó. Abandonó ese estilo de vida que ella le había enseñado, su modo de vida; en tres palabras: abandonó la lucha.
Y desde entonces se movía de un lado a otro del continente, sin rumbo fijo, guiado por el olor de las más sabrosas sangres humanas. Llevaba dos noches en esa ciudad, ni siquiera sabía su nombre ni hizo nada por averiguarlo. Sus pasos siempre le dirigían hacia la misma carretera, pero él daba marcha atrás al reconocerla. Era el camino que llevaba al sanatorio mental.
La tercera noche volvió a la entrada del edificio y cansado de esquivarlo se decidió a entrar. “Será fácil hacer desaparecer un cuerpo al que nadie echará de menos”, pensó para sí mismo. Y sin más se dirigió hacia la entrada de aquel lúgubre edificio, aquel sitio donde las almas de los enfermos se consumían junto con sus cuerpos entre paredes acolchadas y altas dosis de medicinas tranquilizadoras.
Jasper odiaba la sangre contaminada, elegía siempre las más puras y jugosas. Por eso no había querido entrar en aquel manicomio las veces anteriores. Pero había algo que lo llamaba a entrar y eso hizo.
Se coló por la primera ventana que encontró, rompiéndola con facilidad y en absoluto silencio comenzó a caminar por los oscuros y desiertos pasillos. En su corto paseo decenas de diferentes sangres le llamaban, pero sólo ocho de ellas estaban completamente limpias de medicación. Pensó que serían los cuidadores, por lo que le llamó la atención que una de ellas, la más sabrosa y suculenta para su olfato, estuviera detrás de uno de las puertas de seguridad, en lo que parecía la habitación de un paciente.
Abrió la puerta con cuidado, intentando hacer el mínimo ruido posible y entró cerrándola tras de sí. Al voltearse se encontró con una figura menuda, una joven de unos dieciocho años que lo miraba feliz mientras el alivio recorría su cuerpo. Era pequeña y delgada, con el pelo corto y negro como la noche, y sus ojos oscuros le miraban con devoción. Jasper no había visto nunca antes un ser tan bello y nunca antes había sentido esa sensación de paz al estar cerca de un humano. Momentos antes de que él saltara hacia el cuello de la chica esta habló.
- Antes de nada me gustaría presentarme – y ante la sorpresa del chico que tenía delante siguió hablando, más bien susurrando, aunque sabía perfectamente que él podía oírla – Me llamo Alice.
Jasper no podía olvidar sus modales por lo que no dudó en contestar a aquella linda y atrevida desconocida. Sus anteriores víctimas habían temblado ante él, pero ella estaba allí tan tranquila, como si supiera algo que él no sabía. Y Jasper no andaba muy desencaminado, puesto que Alice podía ver el futuro. Su don era algo impredecible e incontrolable, y por él estaba allí internada.
- Jasper Whitlock, para servirla – dijo casi sin pensar.
Alice sonrió, constatando que él era a quien llevaba tanto tiempo esperando, y una ola de alivio y tranquilidad recorrió su cuerpo dejando a Jasper más sorprendido aún. Él no entendía cómo alguien podía estar así de tranquilo en su presencia. No cuando llevaba más de trescientos años atemorizando a todos los humanos con los que se cruzaba.
- Me has hecho esperar mucho tiempo, Jasper – dijo Alice firme pero pausadamente.
- Lo siento señorita – contestó Jasper completamente envarado dejando entrever claramente su incomodidad.
“¿Cómo que la he hecho esperar? Esta joven tiene algo raro” Pensó Jasper sorprendido.
Alice se dio cuenta de la incomodidad y la sorpresa que estaba sintiendo Jasper, así que se decidió a contarle la verdad. Sería la prueba de fuego. Si él la creía todo iría bien, y según su visión así sería. Pero sus visiones no eran fiel reflejo de la realidad, sino que estaban sujetas a las decisiones de los afectados.
- Ven – comenzó Alice extendiendo su mano hacia Jasper como si le conociera de toda la vida.
- Estoy bien aquí, gracias – contestó él arrepintiéndose de ello al momento.
La alegría se había desvanecido del cuerpo de Alice dejando paso a una profunda tristeza ante el rechazo de Jasper, y este lo notó. Pero no se retractó, puesto que estaba hambriento y no sabía si podría controlarse al tenerla demasiado cerca.
Alice se dio ánimos a sí misma para continuar y se reprendió mentalmente. Sabía que él la rechazaría y aún así no pudo evitar sentirse decepcionada al escucharlo de sus labios.
- Como quieras – siguió hablando ante la atenta mirada del vampiro – Sabía que vendrías, pero creía que lo harías antes. También sé lo que eres y sé que quiero ser como tú…
Jasper estaba completamente asombrado. ¿Cómo que sabía que iría a por ella? ¿Y cómo que sabía lo que era? ¿Quería convertirse en esto, en un asesino en serie?
- Perdona, pero no te entiendo – la contestó - ¿Podrías explicarte mejor?
Alice respiró profundamente y llenándose de valor comenzó su extraña explicación sin ningún tipo de preámbulo.
- Como tú yo poseo un don; puedo ver el futuro. Por eso te vi venir hacia mí y sé de tu naturaleza. Mis visiones no son algo preciso, sino que cambian según varían las decisiones de los involucrados en ellas. Según mi visión tendrías que haber venido a buscarme dos días antes, pero has aplazado la decisión hasta esta noche…
- ¿Cómo que mi decisión? Yo no he venido aquí buscándote, sólo quiero alimentarme.
Alice se vio interrumpida por Jasper y al comprender el significado de sus duras palabras el desasosiego se apoderó de ella. No había ido a salvarla, a llevarla con él. Otra vez sus visiones habían fallado; no tenía un futuro con ese joven apuesto al que llevaba semanas esperando. Seguiría sola en esa celda acolchada, volviéndose loca. Quizás ya lo estaba y el joven sólo era producto de su imaginación, quizás el resto del mundo tenía razón y estaba completamente loca.
Un sollozo salió de los labios de Alice mientras la realidad la golpeaba duramente. Sus rodillas no pudieron sostenerla más y cayó al suelo desmadejada, rota de dolor por dentro. Sus sueños de libertad y amor se habían acabado en ese mismo instante.
Jasper la vio caer y sintió el fuerte dolor que la bella muchacha estaba padeciendo. Se debatió unos segundos entre consolarla o salir de allí en busca de ayuda para la joven. Porque alimentarse de ella ya no estaba entre sus opciones. Alice había despertado sentimientos que él no conocía por sí mismo, por mucho que los hubiera sentido a través de otras personas.
Su corazón, hasta hace unos minutos helado y sin vida, despertó con las lágrimas de aquella joven e hizo que inconscientemente se acercara a ella y la estrechara entre sus brazos mientras la tranquilizaba con su don.
Alice sintió el frío cuerpo de Jasper rodeando al suyo, su aliento sobre su cuello. Y supo que finalmente lo conseguiría, que sería suya, pero antes tenía que pedírselo.
- Muérdeme – le ordenó firmemente mirándole a los ojos.
- No sabes lo que dices – la contestó él intentando no cumplir su deseo.
Sus ojos estaban oscuros, la sangre de Alice le llamaba fuertemente. Quería probarla, necesitaba beber de ella. Pero no sabía si podría parar, si no la mataría en el intento.
Su instinto se impuso a su razón y cuando Alice repitió por segunda vez la orden el cerebro de Jasper la captó y la obedeció. Lentamente sus labios se acercaron al cuello de Alice y lo más suavemente que pudo atravesó la carne con sus afilados dientes.
El sabor de la sangre de la joven lo transportó a un mundo de placer y delirio, un camino que tenía difícil retorno. No podía dejar de beber de ella, aunque el fondo de su cerebro le pidiera parar no obedecía.
Alice se debatía entre sus brazos, intentando mantener un soplo de vida inútilmente. Ya había aceptado que ese sería su final cuando la herida abierta comenzó a arderla intensamente. Rápidamente el dolor y el escozor se extendieron por el resto de su pequeño cuerpo y sin poder contenerse soltó un desgarrador grito.
Ese fue el detonante para que Jasper parara de succionar su sangre. El oírla gritar bajo los efectos de la venenosa ponzoña había devuelto la conciencia del vampiro. Jasper la miró arrepentido, asqueado de lo que había hecho. Acababa de condenarla a una vida de soledad y vagabundeo sin rumbo fijo. Por un momento pensó en acabar con su sufrimiento de un golpe certero y huir. Pero no pudo, su conciencia y su reanimado corazón no le dejaron.
Así que la cogió en brazos y salió de aquel lúgubre edificio tan rápido como pudo, dirigiéndose al bosque más cercano. Una vez allí buscó desesperadamente un lugar aislado donde esconderse, puesto que Alice no dejaba de gritar y de seguir así llamaría la atención de algún humano.
Finalmente, y tras dos horas de correr, siempre sin rumbo fijo, divisó una serie de cuevas en la falda de una montaña y allí se dirigió. Depositó suavemente a Alice en lo más profundo y oscuro de la gruta más alejada y se sentó junto a ella a esperar que la transformación terminara compartiendo el dolor de la muchacha.
Dos días y siete horas estuvo Alice debatiéndose de dolor tirada en el frío suelo de aquella cueva. Nunca antes había sentido algo tan espantoso, ni cuando la daban los electroshocks en el manicomio. Los únicos momentos de alivio llegaban cuando una mano fría y suave rozaba su pelo y su rostro transmitiéndola un poco de tranquilidad.
Transcurrido el tiempo de la transformación Alice sintió como el dolor remitía hasta desaparecer por completo. Abrió los ojos confundida al sentir el duro suelo bajo su espalda y se puso de pie de un salto, más rápido de lo que nunca hubiese creído capaz. No recordaba cómo había llegado hasta allí, hasta esa oscura cueva que sin embargo ella veía claramente.
Sus ojos se posaron en Jasper, quien la miraba expectante mientras mandaba olas de tranquilidad que chocaban contra su cuerpo. Pero Alice estaba tranquila, más de lo que él nunca había visto. La confusión la dominó por unos segundos, pero al ver al joven todo encajó en su mente, los últimos segundos de su vida como humana volvieron a ella y le reconoció. No en vano llevaba soñando con él los últimos dos meses. Ahora se sentía plena, libre por fin.
La felicidad que experimentó Alice al mirarle demolió las barreras que Jasper había creado a su alrededor tras el engaño de María. La muchacha se había ganado su corazón en pocas horas y sin hacer nada, simplemente por no temerle en su habitación del manicomio. Además, el verla sufrir durante la transformación despertó en él el deseo de cuidarla, de evitar que volviera a sentir dolor.
Con la espontaneidad que siempre la había caracterizado Alice se acercó a Jasper y tocándole el rostro suavemente le susurró:
- Eres tan lindo…
Jasper no se esperaba ese movimiento, y mucho menos el roce y las palabras, por lo que se quedó uno segundos en blanco. Pero cuando Alice le cogió de la mano y tiró de él hacia el exterior se centró.
- ¿Tienes sed? – la preguntó suavemente. Alice le miró sorprendida y él explicó sus palabras – Si te arde la garganta es sed. Siempre estará ahí, nunca te desharás de la sed. Sólo se puede mitigar con sangre. Así que vayamos a cazar un par de humanos.
Alice frenó en seco intentando reprimir la repulsión que le producía aquella idea. Ella no pensaba matar ningún humano. Jasper se sorprendió de nuevo ante su reacción, pero antes de poder responder Alice le estaba contestando.
- No quiero matar humanos… No puedo – sollozó
- Es nuestra naturaleza, pequeña – la explicó su acompañante pacientemente – No podemos sobrevivir si no nos alimentamos.
- Pero, pero, tiene que haber una alternativa – respondió ella.
Jasper quiso dársela, quiso encontrar una dieta alternativa para Alice, pero en todos sus años de experiencia sabía que solo la sangre calmaba la maldita sed.
- No la hay – intentó hacerla entrar en razón con todo el tacto del mundo – Si la hubiera no te quepa duda de que la intentaría. No es agradable ser un monstruo que siega vidas para alargar la suya. Pero la única manera de mantenernos vivos es la sangre.
Una idea cruzó la mente de Alice mientras veía un conejo correr despreocupado unos metros más allá de donde ellos se encontraban. De pronto una imagen cruzó su mente arrancándola del presente. Estaba teniendo una visión.
“Dos hombres jóvenes corrían detrás de un enorme oso, en lo que parecía una carrera. De pronto uno de ellos, muy apuesto y con el pelo cobrizo se lanzó contra él derribándolo y clavando sus dientes en su cuello empezó a succionar su sangre”
Alice salió de trance e inmediatamente abrazó a Jasper desbordando alegría.
- Sí hay una alternativa. Solo es sangre. Da igual de qué tipo. No hace falta que sea humana – y tirando de Jasper comenzó a caminar hacia el bosque.
Jasper estaba completamente sorprendido. No entendía qué la había pasado, porqué se había quedado quieta esos interminables doce segundos. Y tampoco entendía nada de lo que había dicho después. Por ello frenó ejerciendo resistencia al agarre de Alice hasta que ella también paró volviéndose hacia él.
- ¿Qué ha sido eso? – la cuestionó. Y antes de que pudiera seguir preguntando Alice se le había vuelto a adelantar.
- Una visión. Vi a dos vampiros bebiendo de un oso – comenzó alegremente – Por lo que debe der ser posible alimentarse de animales en vez de humanos. – y ante la escéptica mirada de Jasper compuso un puchero y le rogó que la dejara probar – Por favor, intentémoslo. Si no funciona no pondré ninguna pega al cazar mi primer humano.
Y sin más comenzó a andar hacia el bosque y Jasper la siguió, dándose cuenta de que estaba perdido por ella. Le bajaría la luna del cielo si ella se lo pedía.
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Hola!!!!
Aquí traigo el primer premio del Concurso de verano....
Perteneciente a Kassi!!!!!!!!!
Nena, espero que te gusten

Eco de luz - Cap 26


CAPÍTULO 26: COMPLICACIONES (DANIELLE)

Diez días después de irnos a Vancouver volvimos a la casa familiar más enamorados que al principio, si eso podía ser. Esos días juntos nos habían ayudado a conocernos mejor y habíamos a prendido a amarnos de decenas de formas diferentes.
Cuando llegamos al salón todos nos saludaron efusivamente, y Emmett comenzó a hacer bromas subidas de tono que hicieron que me avergonzara enormemente.
De pronto sonó el teléfono de Edward y este sonrió de manera tonta, lo que significaba que era Nessie. Nos quedamos todos en silencio para escuchar la conversación y cuál fue nuestra sorpresa al escuchar la asustada voz de Jacob al aparato.
- ¿Edward? ¿Eres tú?
- Si Jacob, ¿qué pasa? ¿Está Nessie bien?
En ese momento todos nos habíamos puesto de pie de la sorpresa. Se escuchaba tremendamente mal.
- No… - gimió llorando – Mátame Edward… Creo que la he embarazado…
Todos contuvimos la respiración cuando le oímos pronunciar la última palabra. Cualquiera que no conociera la historia de Edward y Bella se habría relajado ante semejante frase, pero no nosotros, no cuando ese embarazo había sido casi mortal.
- Jacob, tranquilízate – ladró Edward al teléfono – tráela enseguida y sobretodo no la dejes sola ¿me oyes?
- Sí… - se oyó del otro lado
- Papá – gimió Nessie
- Ness, mi niña… ¿Cómo estás?
Esa era Bella, que había arrancado el móvil de las manos de su marido.
- Bien mamá… Jacob es un exagerado… Sólo son mareos y nauseas… - Sonaba segura, aunque asustada.
- Bueno nena, pronto estarás en casa con la familia. Coged el primer avión a Estados Unidos por favor…. – suplicó Bella.
- Sí mamá. Y estaros tranquilos, que ya verás como todo va bien.
La comunicación se cortó y Bella cayó sollozando en los brazos de Edward mientras Rosalie salía corriendo de la casa seguida de su esposo y Esme se abrazaba fuertemente a Carlisle. Yo estaba muy asustada. No había vivido el embarazo anterior, pero sabía lo que se nos podía venir encima.
Jasper estaba intentando calmar el ambiente y fue el primero en hablar.
- Tenemos unas diez horas más o menos para prepararlo todo. – Todos le miraron perplejos – Quiero decir, tendremos que montar un hospital de campaña o algo así para por si acaso y comprar provisiones para ambos, además de algunas cosas para el bebé. Si el embarazo de Nessie es tan rápido y confuso como el de Bella necesitaremos muchas cosas y rápidamente.
Todos asintieron y enseguida comenzamos con los preparativos. Edward y Carlisle se encargaron de todos los aparatos médicos, mientras Esme y yo viajábamos a Port Ángeles a buscar las provisiones necesarias y cosas para el bebé como pañales, leche en polvo, chupetes y miles de accesorios más. Jasper se quedó con Bella para ayudar que estuviera tranquila y juntos adecuaron un dormitorio para Nessie. Rosalie y Emmett estaban desaparecidos en combate, pero Esme me contó que Rose solía “huir” para calmarse en las situaciones difíciles, y esta lo era. Estaría de vuelta enseguida, y completamente calmada para ayudar en lo necesario.
Las horas parecieron días esperando a los recién casados. Habían ido a recogerles al aeropuerto Carlisle, Jasper y Edward, y los demás estábamos en la casa desesperados por ver a Nessie. Bella era la más nerviosa. No la habíamos dejado ir por si arrancaba la cabeza a Jacob nada más verle. Esa era la misión de Jasper, intentar controlar a Edward en la medida de lo posible. Aún así yo no creía que fuera a pasarle nada. Todos le tenían un gran aprecio y aunque el error era descomunal ya no había vuelta atrás.
Cuando oímos el Mercedes de Carlisle rodar por la grava de la carretera las tres nos agolpamos en el porche de la casa. Nessie venía en el asiento trasero, entre Edward y Jacob, con la cabeza apoyada en el hombro de su padre. Antes de que parara el coche Bella ya se había abalanzado hacia la puerta donde se encontraba su marido, quien rápidamente se bajó del coche para dejar que abrazara a su hija.
- Nessie… Mi Nessie… - sollozaba Bella abrazando fuertemente a su hija - ¿Cómo estás mi niña?
- Bien mamá… No te preocupes – intentó tranquilizarla – Todo va a salir bien.
- Bella – gimió Jacob acercándose – perdóname, por favor… Perdóname…
Y no pudiendo más se desplomó ante ellas llorando como un niño, como alguien que lo ha perdido todo.
- Jacob – dijo Nessie arrodillándose ante él – estamos bien, amor. No va a pasarnos nada.
Pero Jacob seguía llorando y por el rostro de Jasper, a quien yo estaba abrazando en ese momento, su dolor debía de ser inmenso.
Entre Edward y Carlisle lograron meter a Jacob en casa, quien seguía implorando el perdón de todo aquel que se le acercara.
- ¡Basta ya, Jacob! – rugió Bella zarandeándole – todo va a salir bien. ¿Me oyes? ¡BIEN! Deja de lloriquear, compórtate como un hombre y cuida de tu esposa.
Todos nos quedamos sorprendidos, incluso el propio Jacob, quien dejó de llorar de golpe y miró a Bella asustado.
- ¿No me vas a arrancar la cabeza? ¿Un brazo? – dijo un poco más animado.
- Eso se lo dejo a Rosalie – contestó Bella mirando hacia el bosque.
Por allí venían Rose y Emmett, visiblemente calmados. Nada más entrar Rosalie se dirigió a Jacob y propinándole un sonoro bofetón le dijo seriamente:
- Como la pase algo, por pequeño que sea, desearás no haber nacido.
Y dicho esto, tras dejarnos a todos alucinados por su suave tono de voz y la ¿bondad? que desprendían sus ojos, se acercó a Nessie y abrazándola comenzó a decirle frases cariñosas.
- Nessie, pequeña – dijo Carlisle – me gustaría revisarte.
La mitad de la familia subió con ambos a la sala-hospital que habíamos preparado y sólo nos quedamos abajo Emmett, Esme, Jasper y yo. Jasper seguía intentando tranquilizar el ambiente. Se le veía cansado, y eso en un vampiro no era normal. Aunque estábamos abrazados desde el momento que volvió del aeropuerto, sentí que tenía que mostrarle más abiertamente mi apoyo, mi amor. Por ello comencé a darle pequeños besitos en su cuello y rostro.
- ¿Qué te parece si cuando se calme esto un poco nos vamos a dar una vuelta y te despejas un poco? – le propuse suavemente.
- Fantástico amor – me contestó juntando levemente nuestros labios – Cuando sepamos algo nos vamos… Lo necesito. Gracias por darte cuenta.
- De nada, cariño. Te amo.
- Yo también te amo.
Y dicho esto nos fundimos en un tierno beso, que rompimos cuando oímos que nuestra familia al completo bajaba las escaleras.
- ¿Y bien? – preguntó Emmett cómicamente - ¿Cómo está mi sobrina preferida y su pequeño retoño?
Pero la cara de los presentes lo decía todo.
- Aunque la membrana que rodea a los bebés no es tan dura como la del embarazo de Bella, es demasiado consistente para una ecografía. Aún así hemos podido atisbar pequeños resquicios por los que veíamos su interior. – comenzó Carlisle mientras Jacob ayudaba a Nessie a acomodarse en un sofá y Bella y Rosalie salían disparadas hacia la cocina – Parece que el bebé está sano, y por el tamaño que se ha podido entrever yo diría que va por las nueve semanas de gestación. De ser así vas más rápido que el embarazo de Bella, hecho comprensible si tenemos que en cuenta la naturaleza de sus padres. Espero saber más cuando conozcamos los resultados de la analítica.
Todos nos habíamos quedado en silencio tras escuchar las palabras de Carlisle y fue Jasper quien lo rompió al susurrarme:
- Vamos
Yo le cogí de la mano y nos dirigimos hacia el bosque dejando al resto de la familia en la casa. En un par de minutos habíamos llegado al claro donde solíamos escaparnos de vez en cuando. Yo me senté en la hierba y Jasper se tumbó en el suelo reposando su cabeza en mi regazo. Intuí que necesitaba silencio y tranquilidad, así que me puse a tararear mentalmente mis canciones preferidas mientras acariciaba suavemente su pelo.
Jasper movía sus manos por mis piernas creando cientos de estrellas invisibles que hacían que me estremeciera de vez en cuando. De pronto paró en seco sus movimientos y susurró tan bajo que apenas pude escucharle.
- Mierda…
Se levantó de un salto y cogiéndome de la mano me arrastró en una frenética carrera hacia la casa. Yo me asusté. Algo terrible debía de estar pasando para que reaccionara de esa manera.
Cuando llegamos todos estaban esperándonos expectantes en el salón. Edward debía de haberles avisado, y fue él el primero en cuestionar a Jasper.
- ¿Cómo se te ha ocurrido? ¿De verdad crees que pueden venir?
- No lo sé Edward, pero deberíamos de estar preparados. Sabes mejor que yo de lo que son capaces – le contestó Jasper.
- ¿Qué nos estamos perdiendo? – preguntó Emmett contrariado – Porque después de tantos años no me acostumbro a las malditas conversaciones unilaterales.
- Jasper cree que los Vulturi pueden verse interesados en el embarazo de Nessie. Y personalmente creo que tiene razón. Aro tenía idea de intentar esclavizar a los lobos ara unirles a su guardia, y esto será una escusa. Una nueva especie, sin antecedentes…
Mientras hablaba su tono iba bajando hasta convertirse casi en un susurro doloroso. Todos nos quedamos horrorizados. Yo no había estado en el enfrentamiento anterior, pero las narraciones eran espeluznantes.
- Les plantaremos cara. No se saldrán con la suya. – protestó Bella acercándose a su hija.
- Sí, ¡lucharemos! – se animó Emmett – nadie tocara un pelo a mi familia.
Rosalie asintió, igual que Esme.
Jacob estaba pálido, casi tanto como nosotros, y fue el siguiente en pronunciarse.
- Iré a avisar a la manada. Tendremos que estar preparados.
Y tras darle un casto beso en los labios a su esposa y un abrazo a Bella salió corriendo rumbo al bosque.

domingo, 29 de agosto de 2010

La amiga de mi hermana - OS




LA AMIGA DE MI HERMANA

- Edward, cariño, ¿puedes llevar estos libros a tu hermana?
Ya estaba alejándome de casa cuando oí a mi madre llamarme y al darme la vuelta la vi caminando hacia mí con una maleta.
- Mamá ¿dijiste unos libros? – dije dudando al ver la maleta.
- Sí hijo. Pero son unos cuantos y los he guardado aquí para que sea más cómodo llevarlos.
- Ahh… bueno… Está bien. Aunque tengo que dar un buen rodeo para llegar a su apartamento.
- Lo sé hijo, y gracias. Así me ahorras un viaje a mí.
- Ok mamá. Hasta otro día.
Y ella se despidió de mí con un beso en la mejilla.
Sin pensármelo dos veces me dirigí hacia el piso de Alice, en pleno centro de Seattle.
Llegué pasados unos minutos y cuando estaba a punto de llamar al timbre por enésima vez oí una voz a mis espaldas.
- ¿Buscabas a alguien?
Me volví y vi a la mujer más bella que jamás hubiera imaginado. Su pelo moreno y ondulado caía libre sobre sus hombros, enmarcando un suave y pálido rostro en el que brillaban los ojos más hermosos que había visto antes. Eran del color del chocolate fundido y poseían un brillo que los hacía especiales. Cuando bajé mi mirada hacia su cuerpo me encontré con que era de complexión menuda, pero con unas curvas nada desapetecibles. Ladeé un poco mi cabeza para mirarla mejor y cuando volví a subir la vista hacia su rostro noté que se había ruborizado por completo, dándola un aspecto tierno y adorable.
Vi como se debatía entre avanzar hacia la puerta o salir corriendo pidiendo auxilio por mis estúpidos modales de acosador. Antes de que se decidiera por la segunda opción dejé caer la maleta en el suelo y acercándome unos pasos alcé mi mano mientras me presentaba.
- Edward Cullen. Estaba buscando a mi hermana, pero parece que no está…
La chica vaciló unos momentos antes de estrechar su mano con la mía, momento en el que sentí como una descarga de adrenalina atravesaba todo mi cuerpo desde la piel que ella estaba rozando. Retiró la mano rápidamente y sonrojándose un poco más, si es que era posible, me contestó.
- Bella Swan. ¿Eres el hermano de Alice?
- Así es. El duendecillo es mi hermanita – la contesté sonriendo. Alice me había hablado millones, digo, trillones de veces de su amiga Bella. Lo linda que era Bella, lo inteligente que era Bella, lo solidaria, desinteresada, buena cocinera… Llevaba semanas intentando que aceptara una cita con ella, pero yo siempre me había negado. Si tenía todas esas cualidades y seguía soltera era que mi hermana algo se callaba. Pero al verla ahí delante, mirándome fijamente, me maldije una y mil veces internamente por no haber aceptado las proposiciones de Alice. De ahora en adelante haría caso a mi hermana en todo lo que me propusiera.
Bella se adelantó hacia la puerta que minutos antes estaba medio aporreando y sacando una llave comenzó a abrirla.
- Entonces puedes esperarla dentro – me dijo sonriendo. En ese momento el cielo se abrió ante mí. Era tan bella mientras sonreía… Hacía tanto honor a su nombre…
Antes de que me tomara por un tarado entré en su apartamento, dejándome la maleta en el descansillo.
- ¿No se te olvida algo? – me preguntó enarcando una ceja y mirando hacia la puerta mientras contenía una sonrisa.
Me di la vuelta y al percatarme de que la maleta seguía fuera salí apresuradamente por ella. Definitivamente estaba haciendo el imbécil, hecho que me fue confirmado cuando vi mi reflejo en el espejo del recibidor. Estaba completamente sonrojado. Una mujer había hecho que Edward Cullen se sonrojara. Debía de ser una señal.
- Puedes pasar al salón – me dijo Bella mientras me guiaba hacia él.
La seguí sin dudarlo. Creo que en ese momento la habría seguido hacia el mismísimo infierno si ella lo hubiera propuesto.
Entramos en un espacioso salón decorado en tonos claros al gusto de mi pequeña hermana. Me acomodé en uno de los sofás y esperé a que Bella volviera de dejar su bolso en su cuarto. Estaba mirando una fotografía de ambas que tenían sobre una estantería cuando Bella volvió portando en sus manos una bandeja con una cerveza y unas patatas fritas.
Como buen caballero que era se la quité suavemente y la deposité sobre la mesita, sentándome de nuevo. Ella se sentó a mi lado un poco nerviosa, por lo que decidí romper el hielo.
- ¿Para mí no hay nada? – la pregunté en bromas haciendo alusión a la cerveza.
- Es para ti – me contestó sonrojándose nerviosa - ¿No te gusta? Es la preferida de Jasper…
- No te preocupes, era una broma – la contesté sonriendo – Y sí me encanta. Un momento ¿Jasper? – la cuestioné. Yo conocía a un Jasper, el hermano de la nueva novia de Emmett, pero dudaba que Bella le conociera también.
- El novio de Alice… - me respondió cautelosamente - ¿No te había contado?
Ahora se veía entre preocupada y asustada, pero mi instinto de hermano no me dejaba ser suave o sonreír sin problemas.
- No… No sabía nada… Espero que sea buen chico…
- Ohh… Lo es… - comenzó nerviosa tras darse cuenta de su error – Nos le presentó Emmett…
Esto último lo dijo como si el hecho de ser conocido de mi hermano Emmett cambiaría mi modo de ver la situación.
- ¿Emmett? – pregunté confuso. Si Emmett le conocía sólo podía decir una cosa. - ¿Y sabes de qué le conoce mi hermano?
- Ehh… Pues… - dudó – es el hermano de Rosalie, su novia… Le conocimos una noche que salimos a tomar algo a un pub. Y desde entonces quedamos varias veces hasta que se decidieron a salir solos. El resto es historia…
Mis sentimientos estaban encontrados. Por un parte sentía rabia porque mi hermanita no me hubiera contado que tenía pareja. Además, estaba el hecho de que Jasper era amigo mío desde hace varios años y aunque era un tipo legal no me apetecía que anduviera por ahí revolcándose con mi hermana. Pero por otra parte estaba Bella, tan dulce y sonrojada, temblando por dentro por haber metido la pata y por mi reacción protectora hacia Alice.
- Historia… - repetí lentamente tras unos segundos.
Bella estaba visiblemente incómoda, por lo que decidí que tenía que cambiar drásticamente de tema.
- ¿Y tú? ¿Tienes novio, Bella?
- No… - me contestó en un susurro sonrojándose de nuevo.
Me encantaba que se sonrojara, la hacía ver tan linda…
- ¿No? Qué cosa tan extraña siendo tan bella… Te lo habrán dicho mil veces, pero haces gran honor a tu nombre…
Su sonrojo aumentó y una pequeña sonrisa curvó sus labios mientras me contestaba.
- La verdad es que no. Eres el primero… - dijo algo avergonzada.
- ¿El primero? Vaya… - dije incrédulo. Serían tontos los hombres con los que se había cruzado – Entonces, ¿nunca has estado saliendo con nadie?
Se revolvió incómoda en el sofá y escondiendo la cara tras una cortina de pelo me contestó quedamente.
- No… Nunca…
Noté cómo la incomodidad y la vergüenza la envolvían, tiñendo su cara de un profundo escarlata. Y en ese mismo momento me arrepentí de mis preguntas. Pero yo no pretendía molestarla, sólo quería saber más de ella.
Me levanté enseguida y me arrodillé ante ella, apartando su pelo de su rostro con una de mis manos mientras que con la otra rodeaba una de las suyas.
- No te avergüences por ello. No es algo malo. Simplemente no ha aparecido el indicado – la dije sonriendo.
Al ver como una pequeña sonrisa se extendía por su hermoso rostro deslicé mi mano libre por su rostro y continué hablando lanzándome por completo a la piscina.
- Si quieres yo podría ser tu primer chico… Podríamos salir un día de estos a tomar algo y conocernos mejor…
Bella alzó la mirada mirándome incrédula, y ante mi sonrisa accedió con un movimiento de cabeza.
Iba a preguntarla por el día que prefería y por el lugar cuando un torbellino entró por la puerta.
- ¡Ya estoy en casa! – gritó mi hermana mientras entraba saltando en el salón y tiraba un par de bolsas sobre el sofá donde minutos antes había estado sentado. - ¡Edward! – exclamó mientras se lanzaba a mis brazos con tal fuerza que estuvo a punto de tirarme al suelo.
- Ey… Yo también me alegro de verte enana… Pero no por eso impido que respires – la dije riendo con dificultad por la estrechez de su abrazo.
Ella se echó a reír y me soltó, dirigiéndose hacia Jasper, que esperaba apoyado en la puerta. Mi amigo me miraba con súplica en los ojos mientras mi hermana le arrastraba hacia mí cogido de la mano.
- Ya sé que os conocéis, – comenzó mientras tomaba mi mano con la suya – pero quiero hacerlo bien. Edward, este es mi novio, Jasper. Jazz, el es mi hermanito querido.
Yo la atraje hacia mí en un claro abrazo sobreprotector y mirándola seriamente la contesté.
- Alice… ¿Tu hermanito querido? Deberías habérmelo dicho antes… - y mirando a mi ahora cuñado seguí – Jasper, sólo cuídala, ¿sí?
Alice soltó un chillido ensordecedor y tras darme un abrazo se lanzó a besar los labios de Jasper.
Para no mirar semejante escena centré mi atención en Bella, que se estaba levantando del sofá y se dirigía hacia el pasillo que comunicaba los dormitorios con el resto del apartamento. Mi mirada atrajo el interés de Alice, quien se lanzó contra Bella e hizo que se sentara de nuevo en el sofá.
- Espera Bella. Mamá debe de haberme mandado lo que la pedí – Y sin dejarla protestar abrió la maleta y tras rebuscar en ella unos segundos sacó dos camisetas y se las lanzó – pruébatelas.
- ¡Alice! – exclamé - ¿Qué no eran libros?
- Mmm… Sí, hay dos libros – me contestó enseñándomelos.
- Increíble – dije más para mí mismo que para ella, aunque la verdad, no sé de qué me sorprendía. – Mejor me voy antes de que me volváis a estafar.
Pero antes de marcharme representando el papel de indignado me acerqué a Bella y sin pensármelo dos veces la planté un beso en la mejilla haciendo que se sonrojara.
- ¿Sigue en pie lo de salir juntos esta semana? – al ver que ella afirmaba con la cabeza la pregunté esperanzado - ¿el viernes?
- El viernes estaría bien – me contestó tímidamente - ¿Qué tal a las ocho?
- Perfecto. El viernes a las ocho te recojo. – y alzando la voz me despedí de todos - ¡Adios!
Y ante la mirada interrogadora de mi hermana y la sonrisa de Jasper salí rumbo a mi apartamento. Cuando cerré la puerta me pareció oír un grito típico de mi hermana, así que supuse que estaba interrogando a la pobre Bella. Bien, la compensaría por eso el viernes en nuestra cita.


La semana pasó lentamente, demasiado para mi gusto. Tenía que haber quedado con Bella el martes o el miércoles, en vez del viernes. Más de una vez pensé en hacerla una visita en su apartamento, pero enseguida se me quitaron las intenciones. No quería parecer desesperado y mucho menos un acosador. Así que esperé, y como dice mi madre el que espera desespera, por lo que planeé decenas de sitios donde podríamos ir.
El viernes a las ocho estaba llamando puntualmente a la puerta del apartamento de Bella, y fue Alice quien me abrió dando pequeños saltitos como cuando era pequeña y Emmett y yo la complacíamos.
- Hermanito – me saludó con un abrazo y un beso en la mejilla – Pasa. Bella ya casi está lista.
- Hola Alice. Espero que no la hayas torturado mucho – la saludé de vuelta estrechándola entre mis brazos mientras nos dirigíamos hacia el salón.
- Yo nunca torturo a nadie – me dijo ofendida – Además, si me hubieras hecho caso, hace semanas que Bella y yo seríamos cuñadas…
Mi contestación se quedó en mi garganta ya que en ese preciso instante apareció Bella. Estaba más hermosa de lo que recordaba, con unos vaqueros ajustados y una camiseta morada que resaltaba sus pequeñas curvas. Llevaba su pelo suelto sobre sus hombros, con un pequeño recogido que se lo apartaba del rostro.
- Hola – me saludó tímidamente.
- Hola –la contesté atontado mientras Alice me daba un codazo. Me adelanté hacia ella para posar mis labios sobre su mejilla mientras la susurraba – Estás preciosa.
Cuando me separé vi su adorable sonrojo y la sonreí mientras la indicaba que nos fuéramos.
- Será mejor que nos vayamos ya – y dejándola pasar me despedí de mi hermana con la mano.
La guié hasta mi coche en silencio y la ayudé a entrar. En el camino me di cuenta de que era un poco patosa ya que había tropezado un par de veces, aunque bien podía ser de los nervios. Según me había dicho era la primera cita a la que asistía.
Nos pusimos de camino hacia las afueras de Seattle. En un principio había decidido llevarla a un pub de moda, pero se me acababa de ocurrir un sitio mejor. Noté cómo su nerviosismo se iba incrementando según nos alejábamos de la ciudad, así que comencé a explicarla dónde íbamos.
- No te preocupes. No te estoy secuestrando ni nada por el estilo – la dije sonriendo haciendo que enseguida sus labios se curvaran seductoramente – Vamos a un pequeño bar que hay junto a una laguna. De pequeños íbamos todos los domingos.
Ella sonrío ampliamente y mirándome me dijo:
- Alice me ha hablado cientos de veces de la “Cabaña del Lago” – así se llamaba el bar – Y siempre he querido conocerlo…
- Bien, pues hoy lo harás – la contesté animado.
Unos minutos más tarde llegamos al lago y tras aparcar enfrente del bar ayudé a Bella a bajarse de coche. Se alejó unos metros hacia el lago y se quedó mirándolo. Me acerqué a ella y no pude evitar abrazarla por detrás acercándola a mi pecho. Miré hacia el lago, donde se reflejaba una perfecta luna llena creando una bella imagen.
- Es hermoso… Gracias – me dijo apoyando su cabeza en mí.
- No tanto como tú – la contesté mientras la volteaba suavemente hasta quedar de frente, tan cerca que podía sentir su aliento en mis labios.
- Edward… - me dijo sorprendida – Yo… Yo nunca…
- Shh… - la interrumpí – Déjame ser el primero. Déjame enseñarte lo que es el amor…
Bella asintió, acercándose más a mí y poniéndose de puntillas para acercar aún más nuestros rostros hasta juntar su boca con la mía. Dejé que fuera ella quien rozara nuestros labios, quien comenzara aquel primer beso puesto que no sería el último.

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Hola!!!!

Aquí está el premio al segundo lugar del Concurso de verano, perteneciente a Anna Cullen.....

Espero que te guste....

un beso!!!!








sábado, 28 de agosto de 2010

PREMIO TERCER PUESTO "Concurso de verano"

Hola!!!
Lo prometido es deuda.....
y aquí está el premio de Rochie Cullen, tercer puesto en el Concurso de verano.....
Rochie amiga, disfruta de este mosaico de Edwards que te he hecho con todo mi cariño.....
Espero que te guste....
un beso!!!!!!




Los demás premios les colgaré a lo largo de la siguiente semana!!!!!

jueves, 26 de agosto de 2010

premio!!!!


Hola!!!!
Este premio es de parte de Tatis.....
muchas gracias nena!!!!!!!!!

martes, 24 de agosto de 2010

CONOCIENDO FORKS




Acababa de mudarme junto con mis padres a un pequeño pueblecito del estado de Washington. Yo había nacido y crecido en Los Ángeles, pero mi padre había sido trasladado a Forks, donde sería el sheriff. Era un cargo muy importante para él y por eso dejé sin protestar toda mi vida atrás, porque lo más importante para mí era mi familia. Y eso que no iba a ser nada fácil. Yo era la capitana del equipo de natación de mi escuela y según tenía entendido en Forks no había piscina cubierta. Aparte de la natación no se me daba bien nada. Mi coordinación era penosa, apenas podía andar veinte metros a una velocidad normal sin tropezarme, incluso que mis propios pies se estorbaban el uno al otro.
Cuando mi madre y yo llegamos a Forks mi padre nos estaba esperando en la puerta de nuestra nueva casa junto con el ayudante del sheriff el señor Webber y una muchacha morena que parecía más o menos de mi edad.
- Hola cariño – dijo mi papá saludando con un beso a mi madre. Y después se volvió hacia mí y me dio otro beso en la mejilla – Estos son Frank Webber y su hija Ángela – siguió para presentarnos a su jefe.
- Encantadas – dijo mi mamá estrechando la mano del señor Webber.
Yo imité a mi madre y les saludé a ambos.
- Bueno Bella, - comenzó el señor Webber- tú padre me ha dicho que tienes 17 años. – Yo asentí con la cabeza – Entonces Ángela y tú iréis junta a clase y seguro que acabareis siendo buenas amigas.
- Seguro – contesté mirando a Ángela con una tímida sonrisa en mis labios, a lo que ella contestó de igual manera.
Enseguida se despidieron, no sin antes concretar que Ángela pasaría el lunes a buscarme para llevarme a la escuela.

Ya llevaba dos semanas en Forks y me había hecho a la escuela y a mis nuevos amigos rápidamente. Esa tarde había quedado con Ángela, Jessica, Eric, Mike y otros chicos para ir a La Push. Según me habían dicho era una playa preciosa donde poder pasear y hacer surf debido a sus espectaculares olas. Pero mi idea era nadar, nadar hasta que mi cuerpo no pudiera más.
Antes de que Ángela pasara a buscarme con su furgoneta decidí ir a la tienda de deportes para comprarme un bañador térmico ya que hacía frío y el agua estaría helada. Al volver a casa mi nueva amiga me estaba esperando, así que me cambié de ropa rápidamente y me metí de un salto en el asiento del copiloto.
- Hola – la saludé – Siento haberte hecho esperar.
- No pasa nada – me dijo con una sonrisa. Y sin más nos dirigimos hacia la playa.
Durante el camino fuimos hablando de cosas sin importancia, como un trabajo de literatura que teníamos que hacer para la siguiente semana o el asqueroso tiempo que hacía en Forks. Y es que si algo echaba de menos en mi nuevo hogar era la sensación del sol calentando mi piel. Yo siempre había adorado el sol y desde que vivía en Forks no le había visto aparecer ya que el cielo se encontraba permanentemente cubierto por una gran capa de nubes.
Cuando llegamos a la playa ya estaban los demás esperándonos. La verdad es que era un sitio muy hermoso, de la arena más blanca que pudiera recordar y en forma de media luna. Mike y Eric nos invitaron a Ángela y a mí a hacer surf, pero ambas rechazamos la oferta. Me quedé un rato con Ángela sentadas en la playa, en silencio y mirando como nuestros amigos se lo pasaban en grande a tanto solo unos cientos de metros de nosotras. Yo me moría, literalmente, por echarme al agua y nadar como una loca, pero no quería dejarla sola. Pero mi anhelo debía de ser muy notable, ya que a los pocos minutos oí como mi amiga me decía:
- Bella, puedes ir a nadar si quieres. Yo estaré bien aquí sola.
- ¿De verdad? – la pregunté con una gran sonrisa en mi rostro.
- Sí. Además seguro que pronto viene alguna de las chicas.
Yo no esperé a que me lo repitiera dos veces y me lancé enseguida al agua. Estaba bastante fría, pero la sensación de las olas contra mi cuerpo mientras me movía me calentó enseguida. Esto era mucho mejor que nadar en una piscina, si bien era más cansado.
Debí de estar mucho tiempo en el agua, más de una hora, porque cuando salí ya estaban todos comiendo alrededor de una gran hoguera. Me senté junto a Mike y busqué con mi mirada a Ángela.
- ¿Dónde está Ángela? – pregunté volviéndome hacia Mike al ver que mi amiga no estaba por ningún lado.
- Se ha ido a pasear con uno de esos chicos de la reserva – me contestó bastante molesto señalando al fondo de la playa.
- ¿Y ya ha comido? – insistí.
- No. Y como tarde mucho dudo que lo haga – me respondió hoscamente.
- Bien. Les llevaré algo.
Y cogiendo un par de emparedados más me dirigí hacia donde Mike me había señalado.
Un par de minutos después divisé a Ángela sentada en un tronco junto a un chico moreno. Era realmente guapo y al ir sin camiseta pude contemplar la forma de los músculos de la parte superior de su cuerpo. Me sentí atraída por ese cuerpo, por tocar esa piel aceitunada que él orgullosamente exponía ante nuestros ojos.
No quería estropearles el momento. ¿Y si estaban allí en busca de intimidad? Por el tono de voz de Mike bien podrían ser algo más que amigos. Ante ese pensamiento mis tripas se revolvieron. No podía ser que estuvieran juntos, pero tampoco tenía yo derecho a pedir lo contrario. Ni siquiera le conocía. Ángela se volvió hacia mí y una gran sonrisa iluminó su rostro.
- ¡Bella! ¿Qué haces aquí?
- Os traje unos emparedados. Se estaban acabando y no tenían mucha intención de dejaros nada. – la contesté ofreciéndoselos. Fue en ese momento cuando mis ojos se encontraron con la mirada del chico.
Estuve unos segundos atontada, hasta que Ángela cogió los bocadillos de mi mano y me devolvió al presente.
- Ohh… Gracias… - me dijo mirándonos al chico y a mí intermitentemente. – Este es Jacob. Jacob, ella es Bella.
Jacob se levantó y me tendió la mano diciéndome:
- Hola Bella. – Una sonrisa se extendió por su bello rostro mientras seguía hablando – Pero mejor dime Jake, es más informal.
- Encantada Jake.
No sabía que me pasaba pero no podía dejar de mirarlo. Y su piel resultó tan cálida a mi tacto que me resistí unos segundos a soltar su mano.
- Será mejor que volvamos – sugirió Ángela suavemente y yo me sonrojé. Me había olvidado de que ella estaba allí con nosotros.
Me adelanté un poco a ellos para dejarles algo de intimidad, pero enseguida Jacob me alcanzó y comenzó a entablar conversación conmigo mientras Ángela nos miraba de vez en cuando divertida. Pocos minutos después estábamos junto a la hoguera y vimos como los demás estaban recogiendo las cosas.
- ¿Os vais ya? – preguntó Jacob algo apesadumbrado.
- Sí. Parece que va a haber tormenta. – le contestó Mike.
Entre todos recogimos nuestras pertenencias rápidamente y Ángela y yo nos dirigimos hacia su camioneta con Jacob pisándonos los talones. Se despidió de ella amablemente y con un beso en la mejilla y cuando llegó hasta mí me susurró sonrojándose:
- Bueno… Espero poder verte pronto…
Y acercándose a mí posó sus labios en mi mejilla suavemente. Sentí como una gran electricidad recorría mi cuerpo y no pude contenerme.
- Sí quieres podemos quedar mañana a tomar algo.
Su rostro expresó una gran sorpresa y enseguida me regaló una de sus hermosas sonrisas. Yo me moría de vergüenza. Apenas le conocía y ya le había pedido una cita.
- Mañana estará bien – me contestó sin dejar de sonreír. - ¿Qué te parece si te recojo a la salida de clases?
- Perfecto – le susurré con una gran sonrisa.
Él se despidió de nuevo con otro suave y cálido beso en mi mejilla y alzó la mano en dirección a Ángela mientras se alejaba hacia el pueblo. Yo me subí a la camioneta de Ángela automáticamente, sin dejar de sonreír. No podía dejar de pensar en su rostro, en su piel y en sus labios. Como me hubiera gustado poder probarlos. Cuando me quise dar cuenta estábamos aparcadas enfrente de mi casa. Me volví hacia mi amiga avergonzada y vi como me sonreía ampliamente.
- Veo que te ha caído muy bien Jake – me dijo remarcando el “muy”.
Ella seguía sonriendo, pero una gran culpa se apoderó de mí.
- Yo… Esto… Lo siento Ángela… No sabía que tú y él…
- Que él y yo nada – me cortó – Jacob es mi amigo desde chiquitos y nada más. Y estoy muy contenta de que te guste y de que tú también le gustes a él.
- ¿Gustarle yo? – no me podía creer lo que mi amiga me estaba diciendo.
- Por supuesto. Jake nunca había invitado a salir a nadie.
Salí de la camioneta agradeciéndole a Ángela el viaje y subí eufórica hacia mi cuarto. No me podía creer que mañana hubiera quedado con Jake y mucho menos que yo le pudiera gustar, pero aún así rebusqué entre mi ropa algo que ponerme al día siguiente. Al final me decidí por unos jeans ajustados y una camiseta de tirantes bellísima que llevaría bajo mi sudadera negra.

El día pasó lentamente y a cada minuto que se acercaba a la hora de salir de clases me ponía más nerviosa. ¿Y si no venía? ¿Y si venía pero yo no le interesaba de “esa” manera? De pronto el timbre del final de las clases me sobresaltó y salí disparada hacia la puerta de la escuela. Allí estaba él, junto una moto enorme. Estaba divino, con unos jeans pesqueros que le llegaban justo por debajo de las rodillas y una camiseta de tirantes negras. ¿Es que este chico nunca tenía frío?
Me acerqué lentamente con una gran sonrisa en mis labios y él me recibió con un gran abrazo mientras me sonreía ampliamente.
- Te ves muy bien – me dijo suavemente mientras me lanzaba un casco.
- Gracias – le contesté sonrojándome - ¿Adónde vamos?
- Pues he pensado en dar una vuelta con la moto – me dijo sonrojándose.
- Perfecto – dije yo entusiasmada de tener que agarrarme a su cintura – Así podré conocer mejor los alrededores de Forks.
Jacob sonrió ante mi repentina alegría y subiéndose a la moto me invitó a seguirle. Yo me acomodé tras él ante las miradas de mis compañeros de clase y me agarré fuertemente a su cuerpo. Jacob cogió mis manos entre las suyas y me pidió que no le soltara. “Tranquilo” pensé “ni aunque me fuera la vida en ello me soltaría de ti”. Y me sonrojé por mis pensamientos justo cuando Jake ponía en marcha la moto y salíamos disparados hacia la carretera.
Jacob condujo a través del pueblo y enseguida salimos hacia uno de los caminos secundarios que se dirigían hacia La Push. Pero en vez de ir hacia la reserva nos desviamos hacia los acantilados y una vez cerca de ellos Jacob paró la moto y me ayudó a bajarme de ella. Mis piernas estaban un poco entumecidas pues era la primera vez que montaba en moto. Pero cuando sus manos rozaron mi cintura y me posaron suavemente en el suelo me olvidé de todo mientras mi mirada se perdía en sus oscuros ojos. Unos segundos después su voz me sacó de mi preciado letargo emocional.
- Bueno, ¿Qué te parece?
- ¿Umm? – alcancé a balbucear. Genial, ahora pensaría que estoy tarada.
- ¿Qué si te gusta? – me repitió amablemente haciendo un además con el brazo para que mirara el lugar.
- Ohh… Es precioso… - susurré mientras me fijaba en el paisaje.
Estábamos en lo alto de los acantilados, con el bosque unos metros a nuestras espaldas. Desde allí se veían kilómetros y kilómetros de mar, haciendo que nuestra vista se pudiera deleitar entre el azul inquieto de este y el color azul mágico del cielo. Me quedé varios minutos contemplando el mar, sus olas chocando estruendosamente contra las rocas a nuestros pies mientras que más a lo lejos se movían sigilosas creando preciosas e incomprensibles figuras. No sé en que momento los brazos de Jacob rodearon mi cintura, pero mi felicidad no podía ser más amplia.
- Gracias Jake – le susurré volteándome.
- Gracias a ti por este momento – me dijo acercando nuestros rostros hasta que casi se tocaban.
Se paró durante unos segundos y fui yo quien redujo el espacio existente entre nosotros al rozar mis labios con los suyos. Las manos de Jake me acercaron a su cuerpo mientras profundizábamos el beso. Sentir su lengua contra la mía produjo en mí una sensación maravillosa, lo que unido al movimiento de una de sus manos por mi espalda me hicieron soltar un suave gemido contra su boca. Enseguida mis manos volaron hacia su espalda, y mientras una se deleitaba con la dureza de sus músculos la otra se entretenía jugando con su pelo.
Jake enseguida paseó sus manos por mi espalda, dibujando traviesamente mi contorno. Cuando una de ellas se paró en mi trasero soltó otro suave gemido. Él paró para tomar aire y ya de paso para disculparse.
- Esto… Bella… Yo… No sé qué me ha pasado…
- ¿Te arrepientes? – le pregunté sorprendida
- No… Es que… Nos acabamos de conocer y yo… No quiero asustarte…
- ¿Asustarme? ¿Crees que estoy asustada?
Y sin esperar más explicaciones me lancé sobre él para besarle haciendo que cayéramos sobre la hierba.
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Este es el os con el que participo en el concurso de El rincón de Bonnie.....
si les gusto y quieren votarlo, o quieren pasarse para leer los demás y votarlos a ellos, aquí les dejo su dirección: http://elrincondebonnie-bonnie.blogspot.com/
besos!!!!!

ENTREGA DE PREMIOS - CONCURSO DE VERANO


Bueno.... el fin de las votaciones llegó.... y con el las ganadoras......
Tengo el placer de anunciar sus nombres, acompañados de su condecoración.....
Acordaros las tres de mandarme un mail con el premio que quieran (los personajes del os, el tipo de os que quieren, para que historia quieren la imagen...... todo lo que se os ocurra....)


Y el primer puesto es para KASSI, por su oneshoot "Tormenta veraniega"


El segundo lugar es de ANNA CULLEN, por su oneshoot "Don't stop believing"

Y el tercer puesto es para ROCHIE CULLEN, por su oneshoot "Con una palabra tuya"

Agradecer al resto de las concursantes su presencia y decirlas que no se desanimen.... que todos los os son preciosos.... aunque ellas ya lo saben por mis comentarios y los de las demás lectoras.....
Me alegra muchísimo lo bien que se ha desarrollado todo.... y solo me queda esperar para repetir la experiencia.....
premiadas, no olviden mandarme el mail.....
un beso enorme a todas!!!!!!!


lunes, 23 de agosto de 2010

Eco de luz - Cap 25




CAPÍTULO 25: LUNA DE MIEL (JASPER)

Era el día en que mi pequeña Nessie se casaba con Jacob. No me podía creer lo deprisa que estaba pasando todo. Si hace apenas cinco años era una niñita tan linda con sus coletitas… En fin, todos crecíamos, sobre todo ella, que lo hacía a super velocidad.
Estaba esperando a Danielle, que había ayudado a Nessie con el vestido junto con las demás mujeres de la casa. Cuando bajó las escaleras me quedé anonadado. Estaba hermosísima, con un vestido granate por encima de la rodilla que se pegaba a sus curvas de una forma maravillosa. La cogí de la mano y nos dirigimos hacia los asientos del jardín que teníamos reservados.
Una vez allí noté como Jacob estaba más nervioso de lo que podría aguantar por sí solo, así que comencé a intentar tranquilizarle, cosa algo difícil ya que mi don no afectaba demasiado bien a los licántropos. Pero él lo notó y nos dirigió a Danielle y a mí una mirada de gratitud mientras nos sonreía.
De pronto comenzó a sonar la macha nupcial y aparecieron ante nuestros ojos mi bella sobrinita y Edward. Ambos venían nerviosos también, pero radiantes de felicidad. En un segundo la felicidad de Edward se vio eclipsada por una oleada de furia, lo que ocasionó que gruñera por lo bajo y que todos nos riéramos. El gruñido iba inconfundiblemente dirigido a Jacob, que se comía a Ness con la mirada. A mí tampoco me hicieron mucha gracia los sentimientos de lujuria y pasión que desprendió, pero me controlé al recordarme que ya era toda una mujercita, nos gustara a nosotros o no.
La ceremonia transcurrió de forma sencilla, sin ninguna complicación. Ambos novios leyeron sus votos y pronto se dio paso al banquete.
Los humanos y licántropos presentes, entre ellos los novios, comieron abundantemente mientras nosotros reíamos y charlábamos. El centro de las bromas de Emmett era Edward, quien iba perdiendo poco a poco la paciencia con nuestro hermano. Y aunque era el amor y la felicidad las que predominaban en el ambiente, paulatinamente fue creciendo el sentimiento de la tristeza, unido por la nostalgia que todos sentíamos al saber que pronto Nessie partiría con su esposo.
Al llegar a la tarta de bodas todos cogimos un pedacito y comimos un poco. Estaba completamente asqueroso, pero era la tradición. En el momento del brindis Jacob y Nessie se levantaron y pidieron atención.
- Primero de todo, gracias por acompañarnos en este día tan especial – comenzó Jacob mientras pasaba un brazo por la cintura de Nessie pegándola a su cuerpo – Hoy Nessie es mía, mi esposa, mi otra mitad… Bueno, siempre lo ha sido, pero hoy le queda claro al mundo. Mi Renesmee – siguió mirando a su ahora mujer a los ojos – eres lo más bello de esta vida, la luz que ilumina mi camino. Hace ya muchos años, cuando te vi por primera vez en brazos de tu tía mi mundo cambió por completo. Te amo.
Nessie no le dejó continuar porque se había lanzado contra sus labios y le devoraba apasionadamente bajo la atenta mirada de un Edward nada feliz. Yo tampoco estaba muy dichoso, que digamos, esa pareja destilaba lujuria por todos sus poros. Menos mal que cuando comenzaron los aplausos y los silbidos se separaron y enseguida pudimos ver como ambos se sonrojaban por completo debido a la vergüenza de haber sido tan fogosos y a la ola de pudor que les mandé como pequeño castigo.
En ese momento Danielle soltó un suspiro y apoyó su cabeza en mi hombro, mientras sentimientos encontrados se apoderaban de su cuerpo. Estaba feliz por los novios, a los que había llegado a amar, pero también sentía cierta envidia por ellos, por su amor tan puro. No pude por más que abrazarla y enviarla mi amor como mejor sabía, a través de mi don. Danielle se volvió hacia mí y comenzó a darme pequeños besos mientras yo intensificaba nuestras emociones.
Nos separamos e hicimos de anfitriones hasta que el último invitado se hubo marchado. Los últimos en irse fueron Jacob y Nessie, camino de su luna de miel en Andorra. Habían elegido ese destino por sus enormes bosques, y porque Jacob decía que cuanto más frío hiciera mejor. Esas declaraciones no fueron muy bien tomadas por los hombres de la familia, que ya nos imaginábamos los beneficios de un destino frío.
Tras ayudar a Esme a recoger la casa y el jardín nos escapamos al bosque. Una vez allí Danielle se lanzó sobre mí y comenzó a besarme apasionadamente, enroscando sus piernas en mi cintura.
- Danny, amor… - le dije jadeando – Para un segundo, que tengo que decirte algo…
Se bajó sorprendida y asustada ante mi intento de ponerme serio y la duda se apoderó de su bello cuerpo.
- Ohh… No pequeña. No te asustes. Es algo bueno – la tranquilicé sonriendo.
La cogí de las manos y la atraje hacia mi cuerpo, y acercando su rostro al mío deposité un suave beso en sus labios.
- Estos días he estado pensado en nosotros, en que necesitamos un tiempo a solas. –iba a protestar, pero la interrumpí poniendo un dedo sobre sus hermosos labios – Sé que somos muy felices con mi familia, nuestra familia. Pero quiero estar a solas contigo. Por ello, he preparado nuestra propia “luna de miel”.
Se quedó sorprendida, pero enseguida se acercó a mí para preguntarme.
- Y ¿adónde iremos, apuesto novio mío? – dijo de un modo muy sexy.
- ¿Qué te parece Vancouver? Tengo allí una pequeña casita, en medio del bosque…
- ¡Perfecto amor! – me dijo entusiasmada - ¿Cuándo nos vamos?
- ¿Qué te parece ahora? – le pregunté atrayéndola hacia mis labios.
Sin contestarme salió corriendo hacia la casa y comenzó a preparar las maletas y tras despedirnos de la familia nos dirigimos echando una carrera hacia Canadá. Yo cargué con el maletón que había preparado, que no entendía muy bien qué demonios había empaquetado.
A las tres horas de carrera sin descanso llegamos a la cabaña, por lo que frené y Danielle me imitó.
- Ven – la llamé ofreciéndola la mano – Quiero que entremos juntos en ella.
Nos cogimos de la mano y juntos entramos en el claro. Se quedó sorprendida por el aspecto de la casita, construida en piedra y pizarra. Nos acercamso y tras desconectar la alarma entramos en ella.
Estaba todo como lo recordaba. La última vez que vinimos lo hicimos con Nessie cuando aún gateaba. Cuando volví al presente Danielle estaba contemplando unas fotos mías con Alice llena de pena.
- Podemos quitarlas si te molestan – la dije suavemente intentando ocultar mi dolor por si decía que sí.
- Claro que no amor. Ella es una parte importante en tu vida, y siempre tendremos algo que nos la recuerde.
Esa respuesta me sorprendió. Era completamente sincera y llena de amor. En ese momento lo comprendí todo. Danielle me amaba por encima de todo y yo a ella. Nunca olvidaría a Alice, pero mi corazón era ahora de otra persona.
Dejé caer la maleta con un gran estruendo y me lancé sobre ella sin dudarlo chocando nuestros labios en el vuelo hacia el sofá. El beso de intensificó y la pasión desbordaba todos nuestros sentidos. Danielle me devolvió el beso con la misma intensidad y enrolló sus piernas entorno a mi cuerpo, frotándose fuertemente contra mi excitado miembro. Jadeé de la impresión y bajé mis labios hacia su cuello besando casda porción de piel que encontraba en mi camino.
- Vamos a un dormitorio Jass…
Enseguida obedecí, portándola velozmente hacia el piso superior. De una patada abrí la puerta de uno de los dormitorios y a los dos segundos estábamos sobre una mullida y cómoda cama de enorme tamaño. No me pude contener debido a la lujuria que irradiábamos y rasgué su vestido de arriba abajo, comenzando a lamer desesperadamente sus hinchados pezones. Mientras mis labios y mi lengua trabajaban lenta pero ardientemente sus pechos, bajé una de mis manos hacia su húmedo centro. Tras romper sus braguitas hundí dos dedos de golpe en su interior, haciendo que soltara un gran jadeo. Comencé a moverlos a un ritmo endiablado, mientras que con mi pulgar acariciaba su clítoris para intensificar el placer. En ese momento se me ocurrió utilizar mi don y llevarnos hasta el borde de lo que podíamos sentir psicológica y físicamente. Subí mis labios hasta los suyos cuando sentí que se estaba acercando al orgasmo y la besé con gran intensidad masajeando alternativamente sus pechos con mi mano libre. A los pocos segundos sentí como el orgasmo llegaba a su cuerpo y como se dejaba llevar gritando entre jadeos mi nombre.
Me tumbé a su lado sin separar mis labios de la adictiva piel de su cuello mientras se recuperaba. Tres segundos después me empujé suavemente y se colocó a horcajas sobre mí, introduciendo mi miembro en su interior suavemente. Noté su confusión y me di cuenta de que estaba completamente desnudo. No me acordaba de cuando me había deshecho de mis ropas, pero poco importaba. Una sonrisa surcó mi rostro ante tales pensamientos mientras llevaba mis manos hacia su cintura para poder marcarle el ritmo. Sus manos se apoyaron en mi estómago y comenzó a moverse suavemente, siguiendo mis indicaciones. Unió nuestras bocas y nos besamos dulcemente durante unos segundos, pero enseguida volvió a la posición anterior. En un claro intento de volverme loco por completo comenzó a acariciarse los pechos lentamente primero, y según subía el ritmo de los movimientos de sus caderas subía el de sus manos. Comenzamos a gemir debido a la fricción de nuestros cuerpos, y yo al ver como se tocaba a ella misma. Me estaba haciendo perder la cabeza de placer.
De pronto mi cerebro me ordenó tener esos pezones entre los labios y no pude contenerme mucho más. Me lancé sobre ellos hambriento, como si nunca antes lo hubiese probado. Danielle soltó una pequeña carcajada de triunfo, pero poco me importó. Yo ya tenía lo que quería, a ella.
A los pocos segundos llegamos juntos a la cima, gimiendo y jadeando en busca de aire como sencillos humanos. Danielle cayó agotada sobre mí y nos tapé a ambos, sin dejar de acariciar sus curvas, con una mantita.
- Tendré que comprarte un vestido nuevo. Te veías preciosa en él – comenté riendo suavemente.
- Uno o un par… - me contestó mientras volvía a atacar mis labios y lanzaba la manta al otro lado de la habitación de una patada.
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Hola!!!!
Aqui estoy de vuelta con las publicaciones!!!!!
y mañana sabremos quien es el ganador del concurso!!!!
espero que os guste....
un beso!!!

domingo, 22 de agosto de 2010

De vuelta y con premios!!!!

Hola!!!!!

Pues ya estoy de vuelta de Inglaterra..... mañana comienzo con las publicaciones como una semana más, menos mal..... que alivio poder publicar... que me he sentido fatal de no poder hacerlo... pero bueno.... a sido por fuerza mayor.... no por gusto.....

Estos días he recibido invitaciones y premios que poco a poco iré recogiendo..... las invitaciones tardaré un poco en contestarlas porque me tengo que poner al día en mil temas, asi que poco a poco.... XD.....

lo que si que van son los premios... si mi hueca cabecita se ha dejado alguno no duden en recordarmelo.....








Estos premios son de parte de Dieries of Cullen's, un blog que descubrí unas horas antes de partir a Inglaterra y que esta genial..... nenas, esta semana me pongo al día con los diarios, promise you.... :)
Y estos premios tienen reglas:
1. Agradecer a quien te lo dio:
Gracias y mil veces gracias.....
2. Otorgar a cinco blogs:
- Rohayhu
- Luna de invierno
- Purple dreams
- Eclipse de lunas
- Over the Twilight


Este premio es de parte de mi querida Tatis..... nena... muchas gracias y en cuanto pueda me paso por tu blog para ponerme al día con tus maravillosas historias......