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miércoles, 22 de diciembre de 2010

6 - La Grinch - Ada Cullen


LA GRINCH - Ada Cullen

Navidad, de todas las festividades esta es la que menos me atrae, digo si me gusto alguna vez, tal vez cuando era nada más que una cría, cuando creía en santa Claus y mamá Noel, cuando me imagina una parranda de renos halando un gran trineo y a Rodolfo con su nariz brillante, cuando pedía fervientemente algo y al despertar debajo del árbol lo encontraba todo envuelto, cuando antes de dormir mi mamá me ayudaba a dejar un vaso con leche y galletitas de chocolate sobre la mesa para agradecer al viejo gordo y barrigón de barba blanca, cuando escribía mi carta diciéndole y enfatizando que había sido una niña buena… de eso hace eones, ahora la navidad simplemente me convertía en el Grinch, me encerraba en mi cueva, gruñendo cada vez que un coro tocaba a mi puerta, o los cantitos alegres inundaban la calle, no importaba que la nieve callera como copitos o que mierda mas… No, si según palabras textuales de mis amigas solo me faltaba verme al espejo y que la imagen proyectada me dejara ver el color verde, las cejas arqueadas hasta la coronilla de la cabeza.
Y qué decir de la víspera de noche buena, todo el mundo corriendo desesperado para hacerse a regalos y no sé que más cosas, por eso prefería llevarme el trabajo a casa, abastecerme de todos los suministros necesarios para no salir hasta pasado el año nuevo, y poder recostarme en mi sofá, viendo la tele y tomando chocolate con malvaviscos, evitando a toda costa cualquier película o canal donde hicieran alusión a la navidad-tarea que no es fácil- no esa época no es para mí, ni volverá a serlo, no desde que entre a la adolescencia y me vi obligada a vivir en varios hogares de paso hasta que cumplí la mayoría de edad y pude comenzar a trabajar y pagar mi universidad, no desde que mis padres me dejaron por culpa de un alcohólico que les… bueno hay recuerdos que es mejor dejarlos enterrados y no abrir más la herida.
Varios golpes en la puerta me hicieron despertar de mi pequeña siesta, torcí la boca, me levante calmadamente oyendo como los golpes aumentaban
― Espero que no sea otro corrillo porque esta vez sí les lanzo un cubo de agua fría— farfulle molesta— ¡se pueden esperar!— chille una octava más alta.
Al abrir la puerta me encontré con el rostro más sexy y maravilloso, rápidamente escanee la figura frente a mí alto, blanco, cabello claro según dejaba ver la gruesa gorra de lana que cubría su cabeza, ojos color miel, nariz perfecta y labios besables, sin querer sonreí
― Eh… Hola— ¡Señor! hasta su voz era sexy, de seguro que podía derretir toda la nieve si cantaba, no me molestaría que cantara un estúpido villancico, hasta pondría un…

― Hola— susurre interrumpiendo el rumbo de mis pensamientos

― Soy el vecino de junto— anuncio señalando a la derecha, entonces mi mente grito: “¡Hola veciiinoo!”— Carlisle Cullen—

― Esme… Esme Plath ¿en qué puedo ayudarlo?— pregunte un poco brusca— tengo cosas por hacer— “si correr a mi sofá y fantasear contigo llevando menos ropa y sonriéndome lascivo”.

― De casualidad tendrás un muérdago de sobra que me puedas prestar— le mire con cara de: Debes estar bromeando, ¡no me jodas!— decoraba la casa y … pues… soy nuevo en la cuidad y no conozco mucho, ya es tarde y….

Corte en seco su intervención— lo siento, odio la navidad— module sonriendo fríamente— que encuentres el muérdago— dije antes de cerrarle la puerta en la nariz.
¿Muérdago? Que acaso mi casa era la más decorada de toda la calle, o el tipo bueno estaba ciego ¿ por qué no fue a la casa Alice? que estaba junto a la de él a ella le sobra de todo, estoy segura.
Comenzaba el recorrido de regreso a mi muy mullido sofá, cuando nuevamente golpearon la puerta fuertemente, ignore los golpes, abrí de mala gana mostrando mi buen estado de animo
― ¿Qué?—

― No te parece que has sido un tanto descortés—

― ¿y?—

― Estamos en navidad, época de amor, paz y fraternidad— dijo calmado


― No me importa, en realidad me tiene sin cuidado ¡adius!— me disponía a cerrar la puerta por segunda vez en menos de diez minutos contra su cara pero n o lo permitió

― ¿Qué o Quién eres? ¿por qué no te gusta la navidad?—

― Fácil— respondió una tercera voz, dándome por vencida deje la puerta de par en par, camine a mi sofá para dejarme caer en el— la Grinch, veo que la conociste y debió ser un completo amor, verdad Esme— dedique una sonrisa tan falsa como mi espíritu navideño

― ¿En verdad no le gusta la navidad?— pregunto mi vecino sexy. Quizá si papá Noel se olvidara de lo mala que he sido desde los 13 y me trajera de regalo al vecino en bóxer blancos y un moño en el cuello hasta decoraba mi casa, con árbol y todo

― Te lo dije, créeme, acaso vez algo en esta casa que indique navidad, por más de cinco años todos lo hemos intentado y lo único que logramos es hacerla salir para la cena de navidad y eso no demora más de media hora, primo te dije esta mujer odia la navidad—

― Algún día me encargare de destruirla y no fallare— mi amiga rodo los ojos

― No lo creo— murmuro mi vecinito, mientras estudiaba la casa lentamente. Su parca se abrió dejando ver un suéter más navideño que la misma navidad

― Primo, créelo—

― ¿primo?— exclamé— en que vida fui mala o hice pecar a un cura, porque me castigas con estos dos locos adictos a la navidad, era mucho pedir vivir en una montaña sola o un barrio geriátrico—

― Me siento ofendida, enserio, Esme tratamos de que seas normal pero…

― Soy caso perdido— le asegure

― Yo puedo hacer que te guste la navidad y que no huyas de la cena—

Negué con la cabeza— intentarlo no te hará dañ,o pero no cambiare de opinión en unos días—

― Faltan nueve días para navidad— dijo Alice meditabunda— pide lo que quieras si logras traerla a la luz, pero aun así mis condolencias— palmeo la espalda de su primo

― Yo no he dicho sí, y no gracias, no me interesa, así que dos largo ahora— ladre pero como mi voz no valía ni en mi propia casa, continuaron ahí hablando de mi como si no estuviera, me canse de aquello, tome las cosa de mi mesa y me encamine a mi habitación.

Al despertar me dije: “No hay nada de qué preocuparse tan solo faltan ocho días para que pase esto”, me arreglé rápidamente para luego bajar a prepararme mi desayuno nutritivo y poder concentrarme en mi mega proyecto, como contratista viajo mucho pero en esta época todos los viajes son cancelados obligándome a quedarme aquí en medio de la locura colectiva

― Buenos días— saludo Carlisle- mi vecino caliente y…-

― ¿Que haces aquí acaso no tienes casa?—

― Si, es acogedora quieres conocerla— le fulmine con la mirada— te dije que iba hacer que te gustara la navidad y me pegare a ti como lapa, así que te propongo un juego— arque mi ceja estilo grinch y espere “ansiosa” sus palabras— ¿sabes que son los aguinaldos?¿alguna vez has jugado?¿ qué te gustaría apostar?—

― No, No, y nada, solo quiero que tú, Alice y los demás se mantengan lejos de mi mientras tengan encima todo lo relacionando con esa locura—

Amablemente me sentó en una silla mientras me explicaba sobre los aguinaldos y la tradición de algunos países por realizar juegos para fomentar la fraternidad, la amistad y no se mas cosas, poco o nada me interesaba verme envuelta en uno de esos juegos

― Algunos de los aguinaldos mas populares son: el sí y el no, el dar y no recibir, el beso robado, pajita en boca, tres pies…— mis parpados se cerraban lentamente, luego explico como se jugaba, una persona era retador y debía tentar a su contraparte a recibir o caer y cuando este lo hacia el que ganaba: decía mis aguinaldos. Dichos juegos se realizabas desde el 15 de diciembre y hasta el 24 ese día el perdedor pagaba al otro con lo que hubiesen acordado

― Muy lindo, me derrito— dije irónica y sarcástica— no me interesa. ahora fuera, vuelve cuando sea enero, los reyes magos sería una buena fecha—


Dejo mi cocina y casi grito de frustración, una parte de mi -una muy mínima- quería que se fuera y la otra –la mayor parte-quería jugar a los estúpidos aguinaldos o lo que fuera para que se estuviera conmigo.

Debes conseguir novio pronto. Me dije, no podía andar alucinado con mi vecino, desayune calmada y luego lave la loza.

Durante la mañana no pude evita mirar a hurtadillas por la ventana hacia la calle esperando que Carlisle viniera y me convenciera de jugar, o ir a algún lado, cuando al fin logre concentrarme en unos proyectos futuros apareció acompañado de Alice, eta vez no toco, ni falta hacia Alice tenia copia de todas las llaves de mi casa, la casa de su novio, de sus hermanos y quien sabe de quién mas, su sentido de solidaridad lo exigía

― El trabajo no te da felicidad, vamos de compras—

― No—

― ¿Solo sabe decir no y gruñir?— pregunto a Alice

― Obvio no— conteste

― Es un milagro, si conoce más palabras— exclamo de manera tan cómica que me hizo reír— y se ríe, yo creyendo que era más agria que un limón— volví a poner mi cara de treinta y ocho

― Que mejor se calle— fue lo único que farfulle.

De mala gana decidí seguir a mi amiga a un centro comercial, claro manteniendo mi mejor sonrisa y la mirada más angelical del mundo, toda la tarde la pasamos de almacén en almacén, ellos aprecian niños pequeños e dulcería, comprando todo, mirando, pidiendo, y la casa empero cuando llegaron nuestros demás amigos, los saludos efusivos y las exclamaciones al verme de “compras navideñas” no se hicieron esperar, me seria como mosca en leche, ahogándome con tanta … sin chistar palabra alguna me escabullí de ese infierno para ir a un bar y beberme un buen trago de ginebra, en mi tercer vaso apareció el caliente primo de Alice sonriendo sobrado

― Puedo—

― De todos modos te sentaras así que adelante—

En silencio me acompaño a tomarme unas cuantas copas mas, esa noche se dio paso a los primeros jueguitos, al calor de los tragos, la cosa comenzó con que a las preguntas que él me hiciera no podía decir no, ni repetir respuestas y olvidarme por competo del sí.

Entre bromas y alcohol fuimos descubriendo gustos similares, un poco de su vida, un tanto de la mía, la noche termino bien, bueno quien iba a decir que Carlisle-papa-noel- andante fuera tan…

Durante los siguientes días me vi envuelta en los estúpidos juegos de aguinaldos, todos los días y cada hora traía algo para obsequiarme o me asaltaba con una serie de preguntas, fui fuerte, muy fuerte, pero la muralla construía parecía tener una pequeña grieta, en silencio añoraba que viniera a casa, que me invitara a salir, verlo reír, fruncir el ceño, abrazarme….

Ve con cuidado te estás enamorando. Me dije en el séptimo día, y si que lo hacía, con solo verlo parecía estar a punto de levitar y por la mente se me paso adornar la casa de cabeza a pies, pero fui fuerte me contuve, él no lo merece.

Pero tampoco es que pudiera evita r no sentir aquello, hasta me pille tarareando uno de los villancicos que él cantaba mientras me duchaba, increíblemente me sentía en las nubes.

Resiste Esme solo faltan dos días para que pase la pesadilla
Y Cuando uno piensa que ya está triunfando, algo sucede , me vi obligada a ir a su casa en busca de las llaves de mi auto, quería ir a un viejo mirador fuera de la cuidad, relajarme y disfrutar del paisaje blanquecino que me rodeaba, deje que mi dedo pinchara el timbre y el nudo en mi estomago se fortaleciera, la ansiedad me sobrepasaba y hasta tuve la idea de pedir el coche prestado a Alice

― Linda— saludo en ese tono seductor— ese milagro que vengas aquí, no me dirás que ahora me perseguirás— rodé los ojos hasta dejarlos en blanco

― Sueña Cullen—

― Siempre que sea contigo— susurro.

― Necesito las llaves de mi auto—

Decir esa pequeña frase dio lugar a sus estúpidos juegos, un tía y afloje, ya frustrada y exasperada— Quédatelas— le gruñí— iré caminando— antes de dar un paso, su mano sujeto mi brazo, tirándome hacia él, inevitablemente e mi cuerpo choco contra el suyo, para evitar caer al suelo el dio dos pasos hacia atrás, una vez nos estabilizamos, se sonrió

― Tonto— le dije— puedes hacer el favor de soltarme, tengo cosas por hacer—

Mi respiración ceso cuando vi que su rostro estaba demasiado cerca del mío, mis ojos se concentraron en sus labios, y aseguro que los míos estaban un poco entreabierto, tontamente deje que mis parpados se cerraran cuando sentí su halito caliente chocando en mis labios
Por favor bésame, bésame

Y como si leyera mis pensamientos, dejo que sus labios se fundieran con los míos, algo en mi interior estallo ante aquel tierno movimiento, su lengua penetro en mi boca con tanta delicadeza que sentí morir en el acto, lentamente aquel beso se fue tornando más apasionante, un gemido fue acallado por sus brazos. Cuando la cordura retomo su puesto me obligue a terminar aquel beso, no levante los ojos

― Esme—
― Tengo que irme— susurre, saliendo como alma que lleva el diablo de aquel lugar, antes de saltar a sus brazos

Regrese a mi casa a encerrarme como un ratoncillo asustado, de que el gato le atacara, la respiración entrecortada y mi cuerpo crispad, el resto del día y el siguiente me la pase encerrada, no abría la puerta n contestaba el teléfono, se que fue una actitud inmadura e infantil par a una mujer de casi 30 años, pero bueno, no pueden culparme, temo que alguien se apodere de mi corazón y lo destroce, temo perder a otra persona.

El irrevocable veinticuatro llego—Que se le puede hacer, no hay manera de borrar este día, lo que sí puedo hacer es marcharme a alguna montaña y evitar a todos— dije en voz alta, rápidamente me arregle, hice una pequeña valija, pedí a Alice me dejara su auto frente a mi casa, llame a mi agente mobiliario para que me ubicara una cabaña por unos días, sonreí cuando me confirmo el lugar lejos de Seattle, tres horas o cuatros dependiendo del clima, baje presurosa, aprovechando que todo el mundo andaría liado para prestar atención a mi partida

― Pltah, Huyendo— la voz de Carlisle hizo que me tensara

― No huyo, además si lo hiciera no es asunto tuyo— respondí sin girarme a verle

― Creo que si es asunto mío—

― No me parece, si me disculpas tengo que irme— rápidamente fui al puesto del conductor y me deslice dentro del auto, una vez metí la llave en la ranura y la gire, el motor rugió, gracias al cielo Jasper le había puesto las cadenas a las ruedas, la puerta del copiloto se abrió y él se ubico muy campante en el puesto, poniéndose el cinturón y dejando en la parte trasera una bolsa de viaje pequeña—¿a dónde crees que vas?—

― Contigo, no pasaras este día sola—

― No te invite, bájate— le ordene

Media hora de discusión, varias miradas de vecinos hicieron que arrancara llevándome al molesto vecino a mis días de soledad y descanso, durante el trayecto le ignore, algo de Rock sonó en los parlantes del auto, tres horas más tarde y bajo el comienzo de lo que sería una gran tormenta llegamos a mi destino, la cabaña estaba escondida lejos del pueblo rodeada de un congelado rio y varios pinos blancos, cada uno se ubico en su habitación, cuando volví a salir de la mía el almuerzo estaba servido, apreté los labios al verlo sonriéndome

― Ya iba a llamarte—

― Gracias—
Una vez concluyo el almuerzo me dedique a lavar y ordenar, y roge por no cruzarme con él, bueno el no tenía la misma idea

― Esme, lo de ayer…

Comenzó a decir tras de mí— no debió pasar--

― Si debió pasar— replico, oír esas palabras me maldije— quería que sucediera, me gustas, yo…

― Tu no me gustas—

― ¿Por qué no me miras y lo dices?—

― Porque no me da la gana— respondí entre dientes

Se fue. Aquel pensamiento me puso triste, aquello duro menos de dos segundos, porque cuando quise retractarme sus labios acariciaban mi cuello, sus manos se mantenían lejos de mí, pero sus calientes labios eran una tortura, solté el plato que tenía en manos haciendo que se rompiera cuando cayó en el mesón

― Permíteme amarte— mi boca se mantuvo en silencio, que podía decir, si hablaba seguramente diría era: “por favor, si hazlo, ya ámame”— ¿me dejaras hacerlo?— pregunto en un susurro. Asentí embelesada por la sensación de aquellos besos.

Sus manos se apoderaron de mi cadera, mi cuerpo traidor reacciono, mi pecho subía y bajaba rápidamente, y algunos jadeos se escaparon cuando sus manos se metieron bajo de la ropa, no quería que aquello terminara.
El frio se apodero de mi cuando saco sus manos, me gire para quedar frente a él, sin más hice lo que tenía que hacer, besarlo, besarlo hasta que perdiéramos la razón, nuestras lenguas se unieron en un muy frenético baile, sus manos se unieron salvajes, recorriendo cada parte de aquel majestuoso cuerpo.

Qué bueno que las palabras no hacían falta, porque me era imposible decir: mu. Carlisle el tomo desde la cadera para luego sentarme sobre la encimera- claro lejos de los pedazos de porcelana- y posicionados entre mis piernas, haciendo que nuestro cuerpo hicieran fricción. subí el suéter de lana hasta hacer que dejara aquel cuerpo, le siguió la camisilla que tenia puesta, ver su dorso desnudo solo acrecentó la excitación que tenia, mordí mi labio para evitar aullar de placer, el marcado abdomen.

Sus manos imitaron mi movimiento, claro le fue más fácil dado que tenía un muy raido suéter y un vestido largo, el bajo la parte de arriba del vestido y quito el sostén con gran habilidad

― Permíteme adelantarles la navidad— musito, agachándose para atrapar los pezones con boca y mano, dejándome llevar por todo aquello, comencé a acariciar y rasguñar su piel, durante nos sé cuánto tiempo nos dedicamos a aquellas caricias.

Mis manos bajaron hasta soltar su pantalón, reí bajamente, parte de excitación y parte de expectativa— por favor— musite mirando aquella parte que sobresalía notablemente, dejo que sus manos cayeran sobre el vestido levantándole hasta la cintura y posar sus manos en mi intimidad masajeándole ligeramente sobre la tela,

― Estas húmeda— su tono era de gozo— ¿por mi?—

― No, por el abominable hombre de las nieves— solté, haciendo que riera fuertemente, claro que no abandono aquel buen trabajo, ya podía sentir mi cuerpo tensarse y mi centro gritar de placer

― Que suertudo ese monstruo, pero pienso que yo puedo hacer menor trabajo— corrió un poco la bragas para juguetear con mi intimidad, sus dedos estimulaban de sobremanera mi ya sensible intimidad, luego centro dentro de mí y grite , grite anticipándome a lo que sería poder tenerlo en mi, mis piernas comenzaron a juguetear sobre las suya

Debí bajarle el pantalón antes de ponerme a rogar
― Podrías…

― ayudas— corto él, no vale la pena que se gaste saliva en palabras ligeras, mis manos y piernas ayudaron a las suyas a bajar aquellas molestas prendas

― Quizá esto sea u error— solté en voz alta— pero lo quiero—

― Nada de errores, créeme, me gustas— con aquella confesión embistió haciendo que su virilidad penetrara por completo y arrancara de mi un gran grito, nunca antes estar empalada se hubo sentido mejor, aquel parecía ser su complemento, la mitad del rompecabezas, los embiste fueron parejos, lentos, luego rápidos, luego lentos, sus manos se asían fuertemente en mis caderas permitiendo que su miembro entrara profundo, sus labios buscaban a los míos para cubrir su cuota de besos salvajes, mis dedos se enredaron en el cabello claro, para indicarle lo próxima que estaba a que mi ser estallara, sentía cada musculo tenso y los dedos de los pies se retorcían, mordí rudamente sus labios cuando el clímax, echando la cabeza hacia atrás cuando los enviste continuaron, aquello alargaba mi propio placer

― Quiero que te corras—

Unas cuantas embestidas más y puede sentir como me llenaban, jadeo y grito mi nombre, cuando obtenía su propia liberación, empujo levemente su cuerpo contra el mío haciéndome llegar de nuevo.

― Te quiero— dije presa del momento, cuando sus labios tocaron mi mandíbula me arrepentí, y chille por mi debilidad, ¿por qué no puedo mantener la lengua enrollada?

― Feliz navidad— contesto él— dime ¿te gusta o no te gusta?, se sincera—
Me sentí tonta, y algo agradecía que ignorara mis palabras— secretamente me gusta pero no la celebro, hace años para esta fecha perdí a mis padres y desde ahí me cerré a celebrar, porque que celebro que alguien se los llevo, no , no puedo— sentía que las lagrimas iban a salir, si bien ya no me dolía que ellos no estuvieran, los extrañaba, intente hacer que nos separáramos pero me estrecho fuertemente, en silencio me consoló, por primera vez en diecisiete años alguien me acompañaba, alguien calentaba y revivía aquel sentimiento de felicidad, de paz— pero este año…

― Eres una mujer fuerte y sabia que amabas la navidad, lo sabía, no me equivoco, tus ojos en el centro comercial te delataron— busque sus labios depositando un casto beso

― Creo que debemos cambiarnos antes de congelarnos o que nos dé una pulmonía— con pesar vi como se arreglaba la ropa, ahora si a correr, me dije, ya disfrutaste es hora que olvides

― Esme— su voz detuvo mi intento de fuga— ¿quieres ser mi novia?— estas soñando— ¿ qué dices?— cuestiono al ver que no decía nada

― Yo…. No…. demoniooos. No se… Si, si— dije al final, sus brazos me envolvieron y su risa me hizo vibrar, una vueltillas y un beso fueron la mejor forma de celebrar

― Papá Noel si me quiere, me trajo lo que le pedí en mi carta— bromeo tiernamente— feliz navidad mi Grinch—

― Feliz navidad, Santa Claus Jr—

Fue así como la grinch descubrió que si amaba la navidad nueve días bastaron para que un caballero de rojo y verde le conquistar y cambiar su corazón, le enseñara a dejara el pasado y le brindar un presente mejor, así comenzó a anhelar la llegada de la nueva navidad



4 comentarios:

  1. ohhh... ohhh.... ohhh....
    ADA!!! lo ame!!
    yo tambien odio la Navidad.... XD
    besos!!

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  2. Ada te quedo mucho mejor de lo que me lo imagine esta pareja no cambia........... tu os esta super
    tq hermosa

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  3. Ada soverbio!!!... siempre consigues sorprenderme, y de que manera.
    Ele.

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  4. Hola, Ada!

    Me gustó que el cuento fuera sobre Carlisle y Esme, con una idea original. Pero admito que muchas veces me perdí, porque faltan letras o palabras.
    por lo demás, todo perfecto.

    Mucha suerte!!

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