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jueves, 25 de noviembre de 2010

Clases de piano


CLASES DE PIANO

Ese día amaneció nublado en Forks como todas y cada una de las mañanas de las dos semanas que Bella llevaba viviendo allí. Había vuelto a su pueblo natal a cuidar de Charlie, su padre, que se encontraba convaleciente después de haber recibido un disparo en un muslo. Él era el sheriff del pueblo y aunque solía ser un trabajo tranquilo unos delincuentes habían intentado atracar la tienda de deportes y al querer detenerles había recibido una descarga completa de revolver. Bella daba gracias al cielo porque sólo le hubiese alcanzado una de las balas, ya que podían haberlo matado.
Como buena hija se trasladó desde Phoenix, donde vivía con su madre y el actual marido de esta, hasta Forks para echar una mano a su cabezota padre, que juraba y perjuraba por teléfono que no le hacía falta. Pero Bella sabía que no era así. Descontando que nunca había sido muy buen cocinero y que sobrevivía a base de pescado frito y comida basura, su dormitorio se encontraba en el segundo piso y le costaría un triunfo subir hasta él. Además, estaba el tema de la casa. Sin alguien que limpiara e hiciera la colada en menos de una semana su padre parecería un mendigo.
Por todo ello viajó hasta su antiguo hogar y se instaló sin mayores problemas. Sólo llevó consigo algo de ropa, un par de libros y su viejo ordenador portátil. A los tres días se dio cuenta de que el ordenador era prácticamente inservible debido a la nula conexión a internet, y los libros se los había releído tantas veces que se los sabía de memoria. Sin nada mejor que hacer se apuntó a unas clases de refuerzo de piano que se anunciaban en pequeños carteles diseminados por el pueblo, después de que Charlie diera el visto bueno por supuesto.
Charlie estaba obsesionado con la seguridad de su hija, y controlaba todo lo que podía de su vida. El vivir en otro estado no ayudaba mucho, pero ahora que estaba en Forks junto a él intentaba saber dónde iba y con quién. Aún así no había puesto problema alguno con lo de las clases de piano. Según él el profesor era el hijo menor del doctor Carlisle Cullen, una eminencia médica que trabajaba en el pequeño hospital del pueblo.
Tras dar una barrida a toda la casa y dejar la comida medio preparada Bella se dirigió hacia la dirección que su padre la había indicado. Había sido él el encargado de hablar con Carlisle sobre las clases en una de sus visitas diarias al hospital y este le había dado una respuesta afirmativa al día siguiente. Por ello la joven no conocía al que sería su profesor, ni siquiera había oído su voz.
Llamó suavemente a la puerta de la enorme mansión que correspondía a las señas indicadas por su padre, preguntándose si se estaría equivocando. Antes de que pudiera arrepentirse y darse la vuelta un hombre joven, más o menos de su misma edad, se encontraba ante ella.
- ¿En qué puedo ayudarte? – la preguntó dulcemente mirándola de arriba abajo, recorriendo su anatomía y dándose cuenta de lo hermosa que era esa desconocida que tenía delante.
- Soy Bella Swan – dijo la muchacha con voz estrangulada intentando contener el nerviosismo que se había apoderado de ella al contemplar a aquel hermoso joven – Y busco a Edward Cullen.
- Yo soy Edward, – respondió él sonriendo y ofreciéndola la mano – tu profesor – prosiguió cuando sus pieles entraron en contacto. – Pero pasa, no quedes en la puerta.
Bella siguió a Edward hacia el interior de la casa pensando en su maldita suerte. Su profesor de piano era una escultura griega andante, un perfecto Adonis, y ella quedaría en ridículo en cuanto volviera a abrir la boca. Porque no sabía que tenía que la dejaba sin palabras, ni siquiera su cerebro había funcionado correctamente cuando él la había mirado con sus brillantes ojos esmeralda.
Edward guió a Bella hasta la salita del piano, situada en el primer piso de la casa de sus padres. Por el camino pensó en la suerte que había tenido al encontrarse con semejante belleza. Porque no hacía ni un minuto que la había conocido y no podía sacársela de la cabeza. En el mismo momento de haber tocado su piel quiso atraerla a sus brazos y besar suavemente sus labios. Pero se contuvo. No se conocían y probablemente ella no le correspondía. Al fin y al cabo ¿quién se enamora a primera vista?
Al llegar a la salita donde se encontraba el piano ninguno supo muy bien qué hacer, pero Edward tomó valor de donde pudo y comenzó a hacer pequeñas preguntas a Bella para relajar el ambiente.
- Que mal educado soy – la dijo invitándola a sentarse en la banca del piano - ¿Quieres algo de beber? ¿De comer?
- No gracias – respondió ella sonrojándose – Estoy bien…
El silencio les invadió unos segundos, lo que tardó Edward en sentarse junto a ella y pasar suavemente sus dedos por la extensión del teclado.
- Y bien ¿Qué tipo de experiencia tienes?
Como ambos estaban pensando en lanzarse en brazos del otro y Edward se dio cuenta de la posible ambigüedad de su pregunta enseguida se apresuró a añadir:
- Con el piano, quiero decir. ¿Has tocado alguna vez?
Bella se sonrojó furiosamente de nuevo. Ni ella misma sabía si por el doble sentido y las ganas que tenía de besar los labios tan masculinos de su profesor o porque jamás había tocado un piano.
- La verdad es que no – dijo avergonzada – Sería mi primera vez…
Edward jadeó de la impresión. Bella lo tomó como una mala señal, nadie en su sano juicio se apuntaría a clases de refuerzo de piano sin antes conocer siquiera la disposición de las teclas. Pero Edward no se lo tomó a mal, al contrario. El poderla enseñar desde cero significarían más horas al lado de esa diosa de pelo y ojos del color del chocolate fundido. El jadeo había salido involuntariamente de sus labios al pensar en el doble sentido de la frase. De nuevo sus pensamientos se volvían sucios y su mirada se dirigía a su espectacular figura. Bella nunca había sido una chica exuberante de esas que llamaban la atención a primera vista. Pero sí tenía sus encantos, era una chica con todas las letras y eso a Edward le volvía loco.
- No pasa nada. Podemos empezar de cero… - la contestó suavemente si dejar de mirar su oscuros ojos chocolate.
Bella asintió y Edward comenzó a explicarla la disposición de las escalas en el teclado y cómo debía de posicionar los dedos en cada una de las teclas. Bella agradeció mentalmente el haber dado clases de solfeo cuando era pequeña, si no en ese momento estaría completamente perdida y más avergonzada aún.
Tras explicarla brevemente el funcionamiento de las escalas sobre el teclado Bella intentó tocar una canción muy sencilla, sin incluir todavía los acordes. El resultado no fue del todo favorable, si bien tampoco fue un completo desastre. Edward, sin embargo, estaba contento con ello ya que Bella había asimilado sus indicaciones rápida y eficazmente.
- Está muy bien – la animó cuando a la cuarta vez de intentarlo la salió la melodía completa sin fallo alguno. – Ahora intentarás otra y si consigues dominar el teclado mañana empezaremos con los acordes.
Bella se sonrojó y le sonrió asintiendo. Enseguida dos pensamientos se agolparon en su cabeza mientras Edward buscaba otra melodía sencilla: “mañana volvería a verle” y “mañana empezarían con los acordes”. Lo primero la hacía más ilusión de la que alguna vez había experimentado. No sabía porqué pero ese hombre la atraía más allá de cualquier pensamiento racional. Y tenerlo tan cerca no ayudaba nada a mantener su cordura y concentración. El problema estaba en lo que él había dicho: “mañana empezaremos con los acordes”. Ella era un poco torpe, no solía compenetrarse muy bien. Y el mover las dos manos a la vez de forma diferente podría resultar un pequeño problema.
Mientras, Edward rebuscaba entre sus cuadernos una melodía básica que pudiera servirles en ese momento. Al poco tiempo la encontró, pero cuando se volvió hacia Bella se quedó sin palabras. Estaba con la vista en el teclado, pensando silenciosamente mientras se mordía su labio inferior. Sus instintos más básicos se despertaron y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no estrecharla entre sus brazos y besarla.
- Esta servirá – dijo con voz grave sacando a Bella de sus pensamientos.

Al día siguiente y a la misma hora Bella se dirigía de nuevo hacia la casa de Edward. Estaba nerviosa, había pasado más de una hora escogiendo la ropa que se pondría, optando finalmente por unos pantalones ajustados y una blusa azul cielo que resaltaba sus pequeñas curvas. Tocó suavemente el timbre y enseguida se abrió la puerta. Allí estaba Edward tan hermoso como recordaba, invitándola a pasar con su sonrisa medio torcida que hacía que perdiera el hilo de sus pensamientos.
Juntos se dirigieron hacia la salita de música y la clase empezó sin contratiempo alguno. Edward la explicaba lentamente y con paciencia los diferentes acordes y la manera más fácil de recordarlos, y Bella intentaba concentrarse. Pero era difícil para ella teniendo a su lado a un hombre tan apuesto, y cada vez que lo pensaba sus mejillas se coloreaban fuertemente. Edward, por su parte, admiraba ese sonrojo espontáneo y no cesaba de preguntarse qué pasaría por su cabeza.

Así pasaron los días y pronto habían pasado tres semanas. Bella tocaba bastante bien el piano y las partituras que escogía Edward eran cada vez más complicadas. Esa mañana el joven se decidió a dar el siguiente paso. Los últimos días había pasado entre sonrisas, miradas veladas y suaves roces realizados con la clara intención de seducirse mutuamente. Y ese día Edward la abriría su corazón.
Estuvo nervioso toda la mañana y Bella lo notó, pero no quiso entrometerse en sus asuntos. Al acabar la clase Edward se armó de valor y se volvió sonriente hacia su bella acompañante.
- Bella. Quería… Bueno, invitarte a tomar algo esta tarde… - la dijo con un nudo en el estómago debido al nerviosismo
- ¿Tomar algo? – preguntó ella confundida. Nunca se había imaginado que Edward la diría algo así
- Esto… - contestó pasándose la mano por el pelo repetidas veces – sólo si tú quieres…
- Sí claro. Sí quiero – respondió enseguida y al momento se sonrojó pensando en lo desesperada que había sonado
- Entonces tenemos una cita – dijo él sonriente

Llegaron las ocho de la tarde y Edward pasó a recoger a Bella. Había estado toda la tarde pensando en dónde llevarla, y ella en qué ponerse. Finalmente Edward optó por un restaurante italiano y Bella por una falda vaquera hasta las rodillas y una blusa blanca.
La cena transcurrió entre bromas y anécdotas. Edward de vez en cuando rozaba la mano de Bella y esta se sonrojaba, y entonces él la acariciaba suavemente la mejilla, el brazo…
Tras llevar a Bella a su casa la acompañó hasta la puerta y antes de que entrara la cogió suavemente por el brazo.
- He disfrutado mucho esta noche – comenzó suavemente
- Yo también – afirmó ella
- Pero aún queda algo…
Y acercándose lentamente a Bella posó sus labios sobre los de ella comenzando un primer beso que sellaba su primera cita haciéndola prácticamente perfecta.
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Hola!!!
Aquí os dejo el OS con el que participo en un concurso organizado por Eléctrica...
por si quieren leer los demás OS y votarnos os dejo la dirección: http://electricaobsesion.blogspot.com/
Siento no haber subido capi ayer, y creo qeu tampoco subiré mañana.... pero no me maten... o sí.... XD
el problema es que tengo una contractura en el trapecio izquierdo que me coje desde el cuello hasta el codo, y obviamente, me es muy difícil estar sentada frente al ordena y sobre todo escribir....
además tengo que estudiar y eso no facilita el asunto...
asi que os pido un poquito de paciencia...
besos!!!

3 comentarios:

  1. Me ha parecido hermoso:D

    Ahora mismo ma paso a votarte:D

    Muuucha suerte:D

    kisses

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  2. Mi Lau reitero me ha fasicinado si que sii es muy benp y estan ahhh!!! quioero saber mas de este bello relato si algun dia quieres .... te quiero abrazos

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  3. Hay que bello este os, esas clases de piano ya me gustarian a mi, jajaja
    No se si me quedara tiempo pero voy a ver si todavia te puedo votar, besos cariño

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