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lunes, 18 de octubre de 2010

Eco de luz- Cap 31


CAPÍTULO 31: LA LUCHA FINAL (JASPER)

Habían pasado ocho días desde que nos reunimos la familia y la manada en el salón de nuestraa casa. Más de una semana de guardias y lecciones de lucha que dejaban a la mayoría de nosotros cansados mental y físicamente. Lo bueno es que habían evolucionado muy bien, sobre todo Danielle. Estaba muy orgulloso de ella. Podía enfrentarse a los lobos más experimentados y aunque tendría que poner todos sus sentidos en la lucha cría que no la iría mal.
Además, con ayuda de Bella había estado perfeccionando su don. Toda la familia e incluso la manada ayudábamos en ello. Era aburrido dejar que hiciera contigo lo que quisiera, incluso a veces hasta humillante cuando todos se reunían a su alrededor para meterla presión. Pero estaba mereciendo la pena. Controlaba el don perfectamente y eso nos sería de gran ayuda a la hora de la lucha. Si se controlaba podíamos deshacernos de unos cuantos enemigos antes de que los Vulturi ordenaran el ataque.
Los últimos dos días Carlisle, Edward y yo estuvimos pensando en la mejor orden para hacer que no lucharan y al final habíamos dado con una buena oración.
Nessie y el bebé se encontraban perfectamente. Parecía que crecía a un ritmo desorbitante, demasiado rápido. Según los cálculos de Carlisle se desarrollaba a una semana por día. Es decir, en vez de las más de treinta semanas de embarazo de rigor, el pequeño nacería con poco más de un mes de gestación.
Ese día había sido agotador para Danielle así que cuando se hizo de noche subimos a nuestra habitación a que descansara un poco. No es que un vampiro se cansé a menudo, pero la presión a la que estaba sometida en lo que respecta a su don hacía que se debilitara un poco.
Estaba amaneciendo cuando Edward dio la voz de alarma.
- ¡Todos afuera! ¡Vienen los Vulturi! – gritó de pronto rompiendo con la tranquilidad de la casa.
Bajamos enseguida al salón, donde se encontraba toda la familia. Salimos juntos al claro que había frente a la casa. Carlisle, Emmett, Edward y Bella a ambos lados de Nessie y Jacob, que iban agarrados de la mano. Detrás, para ponernos más tarde a sus lados íbamos Rose, Esme, Danielle y yo, más los dos lobos que servían de enlace con sus hermanos.
Nos pusimos en formación, todos en fila mirando hacia el bosque y enseguida se nos unieron todos los lobos. Era un despliegue impresionante de fuerzas, pero sabíamos que los Vulturi no se detendrían por ello si pensaban acabar con nosotros.
Al poco tiempo aparecieron entre los árboles, en excelente formación, tal y como recordaba de la última vez. En realidad yo no había estado al principio de la última “reunión” pero no solían cambiar mucho de orden durante los “juicios”.
- Menuda bienvenida, amigos míos – dijo Aro – Parece que os estáis preparando para luchar.
- Meras precauciones Aro – le contestó Carlisle tan amable como siempre – Y dime, ¿a qué se debe vuestra visita?
- Bueno, seguro que ya lo sabéis, pero aún así os lo explicaré, para que todo quede bien claro. – comenzó el viejo vampiro.
Edward estaba muy tenso, con mucha ira dentro y le estaba costando contenerse para no ir y arrancarle la cabeza.
- Ha llegado hasta nuestros oídos – prosiguió – que la híbrida que hace años indultamos ha contraído matrimonio con un licántropo. Y para mayor aberración el perro ese la ha dejado embarazada. – Aquí los gruñidos tanto de parte de la manada como nuestra se oían perfectamente – Así que lo que queremos, como garantes del orden en nuestro mundo, es terminar con este asunto sin armar ningún revuelo.
- ¿Y qué sugieres? – preguntó Carlisle tenso.
- Bueno, para que veáis que no somos tan malos como nos pintan os daremos dos opciones. O acabáis vosotros con el engendro, prometiéndonos que esta situación no se volverá a repetir, o nos lo entregáis para que nos deshagamos de él.
- ¡Eso nunca! – rugió Emmett, y fue secundado por todos nosotros.
- Entonces no tendremos más remedio que acabar con todos vosotros en este momento y en este lugar. – sentenció mientras comenzaba a retirarse junto con sus dos hermanos.
- Un momento – dijo Edward – Tiene que haber otra solución.
- ¿Tienes miedo? – preguntó con burla una muchacha que reconocí como Jane.
- Más quisieras - la contestó Bella con una sonrisa muy segura de sí misma.
Edward miró a Danielle y le alzó una ceja. Esa era la señal para que comenzara a intentar deshacerse del mayor número de enemigos.
Noté como cogió aire y la ayudé a relajarse sin quitar ojo de los Vulturi. A los pocos segundos escuché que susurraba la orden que había parendido días atrás: “no lucharás, no nos harás daño, sólo miraras el resultado quieto como la piedra que eres” y enseguida el vampiro al que miraba se envaró dejando su vista perdida en la inmensidad de la casa que estaba a nuestras espaldas.
Apreté su mano para infundirla valor y volví toda mi atención hacia la conversación mientras ella continuaba con su trabajo.
- Vaya, vaya, vaya… Si resulta que se ponen chulitos – oí que añadía Cayo tras el comentario de Bella.
- Habrá que darles su merecido – siguió Marco mirándonos fríamente y pude sentir el odio que destilaban sus palabras.
- Deliberemos hermanos - concluyó Aro, y los tres hermanos juntaron sus cabezas formando su perfecto y temido círculo.
Edward sonreía de lado mientras Bella lo hacía abiertamente. Los demás teníamos un semblante de triunfo, pero todos volvimos a la tensión inicial cuando Edward dio la orden más temida.
- Renesmee, Rosalie, Peter y John (dos lobos jóvenes), adentro.
Mientras ellos se retiraban y nosotros cubríamos sus plazas Aro, Cayo y Marco se volvieron hacia la casa colocándose de nuevo al frente de su formación, sin enterarse de la parálisis de algunos miembros de su guardia.
- Está decidido – anunció Aro mientras sus hermanos asentían – Por desacato a nuestra autoridad y por el evidente despliegue de fuerzas para luchar contra nosotros hemos decidido que la solución más factible es el aniquilamiento del aquelarre denominado Cullen y de sus “amigos” los licántropos. ¡Guardia! ¡Cuándo queráis!
Ese era el veredicto, y tras de él la orden de atacarnos.
Nosotros nos posicionamos ofensivamente mientras el caos recorría sus filas rápidamente. Los guardias más jóvenes e inexpertos, que aún superaban en años vividos y por supuesto en luchas a la mayoría de nuestro bando, habían obedecido sin dudar. Pero los doce vampiros que Danielle había paralizado seguían como estatuas en su sitio.
Mi queridísima novia aprovechó la confusión inicial para paralizar a otros cinco vampiros, lo que dejaba un saldo de diecisiete fuera de juego. Sólo doce estaban habilitados para luchar, y ninguno de ellos poseía dones ni eran piezas clave de la guardia. Además, por supuesto, quedaban los hermanos y las denominadas esposas, dos bellas vampiras que se encontraban tras toda la guardia.
Cayo mandó atacar a los que todavía poseían sus facultades. De nuestro bando se adelantaron más de la mitad de los lobos, Edward, Carlisle, Emmett y yo. Los demás se quedaron en una segunda fila de defensa por si alguno lograba acercarse a la casa y, por consiguiente, a Nessie.
En menos de cinco minutos nuestro bando había eliminado al enemigo. Por lo menos al enemigo que nos había atacado, puesto que los otros diecisiete seguían paralizados.
Cuando la masacre concluyó todos volvimos a nuestras posiciones iniciales mientras Aro, Marco y Cayo nos miraban asombrados.
- Vaya… No contábamos con que dejaríais inservible a nuestras mejores bazas antes del combate – comenzó Aro – Pero aún así creo que podremos llegar a un acuerdo…
- ¿Nos ofreces un acuerdo cuando estás claramente derrotado, Aro? – habló Edward destilando odio.
- ¿Derrotado? ¿Tú crees, Edward? No sabemos cuándo recuperarán el movimiento mis fieles amigos – dijo señalando a los diecisiete vampiros inertes.
- Nunca – contestó Danielle muy segura de mí misma sintiendo la mirada de todos los presentes en ella.
- Bonitas estatuas- contestó Marco – Pero ahora negociemos nuestra partida
- ¿Vuestra partida? – habló Carlisle – Amenazáis a mi familia y amigos por segunda vez en menos de un siglo. Queréis acabar con nosotros simplemente porque tenemos una serie de diferencias con lo que vosotros llamáis “orden”. ¿Y todavía pensáis que os dejaremos marchar? ¿Para que en veinte, cincuenta o doscientos años volváis a intentarlo?
- Carlisle, viejo amigo – comenzó Aro – Tú no puedes matarnos…
- Tú lo has dicho – dijo Jacob que se había convertido de repente a su forma humana – Él no puede, por honor, porque es un buen hombre… Pero nosotros sí. Y no descansaremos hasta acabar con el último Vulturi. Porque con la familia no se juega, y la mía ya ha soportado demasiado.
- Alea iacta est – concluyó Edward antes de dar la última señal de ataque.
En ese momento todos excepto Carlisle y Esme nos lanzamos sobre lo que quedaba de los Vulturi. Tras acabar con ellos nos ocupamos de aniquilar a los diecisiete que anteriormente yo había paralizado.
Entre Emmett y yo prendimos una gran hoguera en el centro del claro, y nuestra última tarea del día fue recoger los pedazos de vampiros derrotados y arrojarlos al fuego.

Amanecía de nuevo cuando la manada al completo se retiró hacia la reserva. Habíamos pasado el resto del día y la noche entre risas y celebraciones, relatando cada uno desde su perspectiva la dura batalla.
Yo había estado casi todo el tiempo sentado con Danielle, más bien bajo Danielle, dando y recibiendo pequeños besos que prometían un intenso final de la jornada. Las muestras de afecto se sucedieron durante toda la noche, y no solo por nuestra parte. Nadie se separaba de su pareja, de sus hermanos. Todos éramos una gran piña. Ningún lobo quiso que Esme cocinara esta vez así que encargaron cuarenta pizzas con sus cosas de picoteo y se dedicaron a devorarlas apenas cruzaron el umbral de la puerta.
Estábamos felices. Ese día habíamos ganado una dura batalla, habíamos superado una amarga prueba. Sólo quedaba esperar y rezar, los que supieran, porque el embarazo y el parto se desarrollaran con total normalidad. Bueno, con toda la normalidad que se podía esperar dado el carácter de la madre y la criatura. Lo que todos teníamos bien claro es que sería un bebé deseado, mimado y consentido.
Con el nuevo día cada uno se retiró con su pareja. Danielle y yo nos dirigimos hacia nuestro claro del bosque para relajarnos después de tantos días de tensión y allí nos amamos como si no fuera a haber mañana…
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Bueno, pues aquí está el último capi de "Eco de luz".....
espero que os haya gustado y el lunes que viene comienza: "Imprimado"
un beso enorme!!!

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