Seguidores

sábado, 31 de julio de 2010

La isla de las almas perdidas, by Teles


- Sí, mi padre le regaló la isla a mi madre, por eso se llama “Isla Esme”. Vienen a veces pero este verano lo están pasando en la casa de Forks; estoy seguro de que no van a aparecer en Brasil este fin de semana.
La cabeza me martilleaba y tenía la boca seca. Podrían haberme despertado los gritos de alegría, los choques de manos, las carcajadas; el sonido de las olas cortando en la proa del barco, salpicando en la popa o el rugido del motor; pero no, lo hizo aquella voz aterciopelada e indiferente, para la que parecía que tener una isla fuera lo más normal del mundo. Y por lo visto íbamos navegando camino de allí; el sonido del casco al rozar con el agua del océano, el viento jugando a despeinarme y el olor a salitre eran inconfundibles.
Abrí los ojos lentamente; el cielo oscuro empezaba a clarear naranja en el horizonte. Estaba amaneciendo. Mi amiga me sonrió.
- Buenos días Bella- susurró acariciándome la mejilla. Estábamos recostadas en la popa de un yate, sobre una superficie blanca y acolchada que olía a bronceador; yo además estaba tapada con una manta. Al frente, ocultando la figura del que supuse era el patrón, había dos tipos: uno enorme y moreno, y otro más menudo pero también fuerte y con el cabello rubio brillante, igual que la chica que había al lado del grandullón.
- Alice ¿qué hacemos en un barco?- le increpé en un hilo de voz. Hubiese querido poder decirle algo más elaborado, haberle ladrado por ejemplo: ” Alice recuérdame qué demonios hacemos en el yate de un esnob, respirando el mismo aire que ese coro de estúpidos gritones.” Pero mi mente no colaboraba con el sarcasmo; parecía que estuviera en modo de emergencia y solo cubriera la cautela y el desconcierto; las emociones más visibles y urgentes además del miedo que empezaba a recorrerme la espina dorsal.
- Me gusta Jasper Whitlock – suspiró levemente la confesión y señaló con la cabeza hacia el chico con el pelo claro y rizado-. Cuando me propuso venir te lo conté y me prometiste que me acompañarías y también dijiste que intentarías pasarlo bien-me acarició las manos como si así pudiera compartir sus recuerdos conmigo. No podía evitar mirarla turbada sin saber qué decir- bueno, lo de intentar divertirte se lo prometiste a un chico, no a mí- aclaró risueña en honor a la verdad; ésa que a tenor de la sonrisa saltarina que ocultaba, parecía que iba a brillar por su ausencia.
- No recuerdo esa parte de la noche- repliqué suspicaz mientras trataba de incorporarme y buscaba en mi mente –espesa y lenta- algún recuerdo de la velada anterior; fracasé estrepitosa en ambas tareas – Alice me has engañado-concluí; aquello era una afirmación rotunda, nada de una ligera sospecha.
- Creo que accediste en la puerta del tercer bar, debajo del luminoso de la entrada; cuando salimos dijiste que vendrías a la isla y que las caipirinhas estaban deliciosas, luego te pusiste a hablar de los orígenes de la cachaza- Alice rodó los ojos y sonrió condescendiente.
- Me emborrachaste- siseé descompuesta, con la mirada puesta en el cielo todavía plagado de estrellas, la luna había menguado tanto que parecía a punto desaparecer ante mis ojos. Recordé que habíamos empezado a beber mientras nos vestíamos para la cena.
- Solo te animé un poco y al principio, para que te soltaras antes de la cena, pero luego seguiste bebiendo tú sola-se exculpó con una amplia sonrisa-; después les conocimos en el bar del hotel y hasta te pareció buena idea lo de ir a la fiesta, sin que yo mencionara nada-puntualizó.
Giré el cuello para encararla- ¿A mí me pareció buena idea ir a una fiesta?-repetí asombrada, alucinada por el semblante aparentemente sereno de Alice- ¿no notaste nada sospechoso en eso?- inquirí irónica e indignada pero sin levantar la voz para no llamar la atención del resto de ocupantes del barco. Alice se quejaba constantemente de que yo era un muermo en las fiestas y aseguraba que era porque no me sabía divertir. Era una vieja discusión: a mí no me gustaba bailar. Pero sí disfrutaba en las fiestas, de otro modo menos impetuoso, con menos exposición y menos brillo.
- Honestamente sí que me escamó que estuvieses tan dispuesta, pero pensé que se te había pegado algo del despreocupado carácter brasileño – encogió los hombros indiferente.
- ¿Alice estás bromeando?- dije entre dientes exasperada por su actitud, definitivamente temeraria y desafiante.
- Solo vamos a una fiesta en una isla virgen, volveremos el domingo, ¿no es excitante? ¡A mí me encanta la idea! Cuando salimos ayer por la noche no pensé que nos encontraríamos con este planazo para el fin de semana… y con Jasper – suspiró embelesada por los rizos rubios que agitaba el aire.
- Me parece imprudente y peligroso, les conoces desde hace… ¿cuántas horas?- espeté echando una mirada al grupo de proa.
- Cinco, cinco fabulosas horas- dijo después de comprobar el reloj, mientras una sonrisa le decoraba el rostro- Y que yo recuerde, estuviste muy entretenida durante la primera, la pasaste sin parar de hablar y reír-arqueó una ceja sugerente-, luego Edward y tú os perdisteis y nos hemos encontrado hace un rato en el muelle del puerto; tú ya estabas a bordo, dormida aquí como un angelito. A saber qué habrás hecho para estar tan agotada…- su tono insinuante me quitó de un golpe el entumecimiento muscular y el abotargamiento mental.
- ¿Qué yo me perdí con quién?- me incorporé bruscamente y esta vez no sujeté la voz ni la manta, que casi sale volando de no ser por los extraordinarios reflejos de Alice. Miré el camino que ya llevábamos recorrido y apenas se veían las luces de la costa; no podía creer lo que escuchaban mis oídos; no podía creer lo que veían mis ojos.
Yo no era precisamente una chica que acostumbrara a “perderse” con nadie y menos que no lo recordara después. Y no lo recordaba porque había bebido muchísimo; otra cosa que no hacía habitualmente.
Pasar el fin de semana con un grupo de desconocidos era otra cosa insólita que no estaba dispuesta a empezar a hacer en ese momento; aunque los ojos de Alice brillasen más que los faros del barco.
- Ohh, la bella durmiente ha despertado al fin, y no ha necesitado un beso Edward, has tenido mala suerte- la chica se giró y me miró con desdén dedicándome una sonrisa sarcástica. A pesar de lo antipática que me resultaba incluso sin conocerla, no podía negar que era perturbadoramente hermosa. El tipo grande me saludó con la mano; el rubio compartía el fulgor de los ojos de Alice y nada más parecía importarle.
- Ya cállate, Rosita- replicó cortante, sin darse la vuelta el tipo que llevaba el timón; el tal Edward. Su voz profunda y masculina me hizo estremecer de pies a cabeza.
Edward.
“ ¿Dónde vamos ahora, Edward? Todavía no quiero ir a dormir”
De repente recordé esa frase, y a mí, sonriendo perdida en un par de ojos dulces como la miel.
Mierda.
- Chicos, disculpadnos por las molestias que os ocasionemos pero Alice y yo tenemos que volver urgentemente - expuse formal una vez estuve sentada como una persona y hube recuperado el habla. No podíamos perder más tiempo. No podíamos alejarnos más de la costa. Debía escapar de allí como fuera. El yate aminoró la marcha pero no se detuvo.
-¿Cómo? – replicó Alice con los ojos fuera de las órbitas.
- Sí, James nos estará buscando al ver que no hemos vuelto a dormir-fruncí los labios y le hice un gesto con las cejas, esperando que me siguiera el juego.
Nuestro amigo James seguramente estaría con Victoria -su pelirroja novia de toda la vida-, en el Yukón, escalando el pico Detour; ése era su plan para las vacaciones de verano. El mío era visitar a mi madre en Phoenix hasta que Alice apareció en la casa que compartíamos en el campus de Dartmouth, agitando dos billetes de avión para Río de Janeiro y prometiéndome que solo pretendía que nos relajáramos un poco después de los exámenes; que le hacía mucha ilusión comprarse un bikini minúsculo, ponerse muy morena y aprender a bailar samba. Yo la creí, porque soy su mejor amiga y una ilusa.
Y ahora íbamos camino de una isla virgen con unos desconocidos. Perfecto.
- ¿Quién es James?- quiso saber Jasper que se acercaba a nosotras sin perder el contacto con los ojos de Alice, quien parecía también en trance.
- Mi novio- respondí rauda y asentí con la cabeza repetidas veces para ratificarme en mi mentira. Entonces estalló un relámpago en el cielo.
- ¿Alguien ha pedido que le parta un rayo? – preguntó divertido el tipo grande que bebía los vientos por la rubia estúpida; luego supe que se llamaban respectivamente Emmett y Rose.
- Lo siento pero estamos demasiado lejos para volver, la tormenta nos alcanzaría de lleno si lo intentáramos; sería un riesgo innecesario-concluyó Edward. Su voz, que antes -aunque firme- era una caricia, ahora era tan áspera que podría haber prendido una cerilla. - Una vez lleguemos a la isla, tan pronto la tormenta amaine, te llevaré de vuelta a Río; con quien sea. Alice imagino que querrá quedarse con Jasper.
- Gracias, volveremos las dos- susurré la respuesta. Yo era la parte responsable del tándem que formábamos Alice y yo.
Otro rayo cruzó el cielo, alumbrando el cielo de un modo espeluznante.
No entendí lo que dijo de vuelta porque además de que parecía masticar las palabras, que estuviera dándome la espalda, mirando al frente, no facilitaba la comunicación; y Alice quejándose en mi oído tampoco ayudaba mucho a que le escuchara, la verdad.
Sonó el trueno rompiendo las lamentaciones de mi amiga y dejando tras él un repentino silencio.
Alice se abrazó a Jasper, que se había sentado a su lado y yo me agarré con fuerza a la espuma del colchón sobre el que estábamos sentados los tres. Me aterraban las tormentas.
- Es una tormenta de verano, seguramente sea breve pero intensa. No hay nada que temer; intentaré llegar cuando antes a la isla pero es posible que nos alcance la lluvia- Se llevó una mano a la nuca- Baja al camarote o cúbrete con la manta, Bella- Me asombró el ofrecimiento de refugio, su consejo directo e indirecto a la vez, porque Edward seguía sin girarse, pero era a mí quien se refería, me había llamado por mi nombre.
Me descubrí valorando la idea de que aquel chico pudiera leer mis pensamientos, o quizá que fuera sensible a las emociones; mi miedo a esas alturas del viaje era tan intenso como se preveía la tormenta.
- Un poco de lluvia hará el camino mucho más emocionante-apreció Emmett con una sonrisa traviesa-, estoy deseando ver ese vestido rojo empapado contra tu piel- le dijo a la rubia sin ningún tipo de pudor mientras le dibujaba la figura, fantasmeando con sus dedos sobre el exuberante torso.
Jasper sin mediar palabra se quitó un chaleco de fino hilo azul que llevaba sobre la camisa y se lo cedió a Alice cuya camisa blanca pronto iba a revelar que aquella noche había decidido no usar sujetador.
Otro rayo azotó el cielo; esta vez el trueno tardó cuatro segundos en rugir. Di un respingo cuando sentí la primera gota en mi mejilla.
- ¡Empieza la fiesta! – Exclamó Emmett abrazando a su chica.
- Pequeña, no te separes de mí- le dijo Jasper a Alice y la tomó de la mano para dirigirla a la proa.
- Jazz, resguarda también a Bella en el camarote, la tormenta es peor de lo que imaginaba- le pidió Edward, sorprendiéndome de nuevo por su atención.
- ¿Has oído Rose? ¡Tenemos una furiosa tormenta encima y la popa entera para nosotros!- exclamó Emmett entusiasmado.
Miré al cielo, estaba completamente cerrado, las nubes tenebrosas parecían haberse tragado las estrellas; no había rastro del amanecer. Alice tiraba de mí casi tanto como los ojos de Emmett, que solo abandonaban los de la rubia para observar la cama que esperaba yo le cediese de un momento a otro. Lo hice, me levanté y caminé hacia la proa.
Se alzó un fuerte viento y la lluvia empezó a arreciar.
- Durante una tormenta, el sitio más seguro del barco es junto al timón- susurró Rose cuando pasó a mi lado para reunirse con su chico sobre el acolchado blanco.
- Bella vamos- me llamó Alice para que me apresurara y descendiera al camarote. Yo seguía repasando mentalmente mis conocimientos de física, lo que decía Rose no tenía ningún sentido.
Pasé a su lado y procuré no mirarle de frente pero no pude evitar observarle de perfil. Él asía con fuerza el timón, tenía el ceño fruncido y la mandíbula apretada, las gotas de agua chocaban y resbalaban en su pelo y en su piel; su ropa estaba completamente empapada, la camisa negra se ceñía a su cuerpo, las mangas arrugadas en los antebrazos y adheridas a sus músculos se movían con la tensión. Por su mirada parecía enfadado con el océano o quizá con la tormenta, o puede ser que solo estuviera preocupado, no lo sabía a ciencia cierta pero tampoco podía quedarme eternamente observándolo; me hubiese gustado, eso sí, porque era guapísimo, pero no habría estado bien, no habría sido correcto.
- Bella te estás calando, baja, rápido- Alice tiraba de mi mano y yo me agarraba con fuerza a la barandilla, intentando no resbalar. Finalmente Jasper convenció a Alice con un beso, mi amiga me devolvió la mano y me pude sujetar con ambas.
Antes de descender las escaleras eché la mirada atrás y comprobé que mientras Rose jadeante y con la espalda arqueada bebía el agua directamente del cielo embravecido; Emmett le había arrugado el vestido en la cadera y saciaba la sed entre sus piernas.
Me quedé embobada mirándoles devorarse, estaba alucinada, en shock; jamás había contemplado a dos personas amándose libremente, ajenas al resto del mundo; parecía que solo existieran ellos y la tormenta.
- Emmett solo la comparte con el agua así que ahí atrás ahora mismo, aunque no lo parezca, están disfrutando de un trío- su voz firme y ronca me sacó del aturdimiento; mis mejillas ardían por la vergüenza de saberme descubierta como voyeur accidental al mismo tiempo que mi cuerpo abrasaba con la inevitable evocación de la tórrida escena; Edward aseguraba que eran tres los que se amaban. Los gemidos se intensificaron, Rose debía estar ahora cerca de las nubes.
Mientras divagaba absorta en el simbolismo mitológico de tener a la lluvia como amante, levanté los ojos y le encontré mirándome, el oro del iris era más oscuro, las pupilas parecían dilatadas, las gotas de lluvia acariciaban sus labios. Su belleza era salvaje, arrebatadora.
- Bella, ve abajo- por el tono de su voz parecía darme una orden, pero sus ojos suplicaban otra cosa.
- No, Rose dice que este es el sitio más seguro- Intenté obviar los jadeos a mi espalda y los gritos de mi mente demandando sensatez y rigor científico.
- Rose miente- gruñó fiero y honestamente, me asusté por su reacción.
Un golpe de mar interrumpió nuestra discusión empujándome contra la barandilla, Edward me alcanzó antes de que me golpeara la cabeza contra el casco del barco.
- ¿Estás bien? Preguntó alarmado comprobando nervioso si tenía alguna herida. Asentí levemente -Quédate aquí- dijo colocándome entre el timón y su cuerpo; su barbilla estaba apoyada en mi cabeza, acunándola en la curva de su cuello; mi espalda descansaba alojada en su pecho y sus brazos eran barrotes que impedirían que me escapase si el mar decidía volver a arremeter. Ahí, fortuitamente abrazados, mojados y helados de frío, me di cuenta de que encajábamos perfectamente.
Mierda.
Asustada por mis imposibles pensamientos me revolví rompiendo la atmosfera mágica que nos envolvía; volví a escuchar los desgarradores ecos del amor a nuestra espalda. Edward soltó una mano del timón y la cruzó en mi cuerpo acercándome más a él – No tengas miedo, lo peor ya ha pasado. - Contuve el aire en mis pulmones. Su mano continuaba abierta abarcando mi cintura; el pulgar acariciándome las costillas. No me atrevía a respirar. Mi corazón me aventuraba que no, que lo peor no había pasado, que iba a sufrir de nuevo, como con Demetri: mi ex; una rata.
Otro relámpago surcó el cielo y me acurruqué en su cuerpo instintivamente. El corazón parecía a punto de salírseme del pecho, él continuaba acariciándome, reconfortándome con sutil delicadeza; sus labios se movían en mi sien musitando sonidos que se perdían por el rugir de las olas. El trueno se escuchó lejano y al frente divisé algo parecido a un montículo de tierra verde.
- ¿Tierra?-giré la cabeza hacia arriba con los ojos brillantes, emocionada porque pronto atracáramos y poder caminar sobre suelo firme. En ese momento volver a Río de Janeiro era lo último en lo que pensaba.
- Tierra- confirmó sin dejar de abrazarme, respiró con la nariz entre mi pelo y me besó la cabeza- perdona, yo…- se disculpó rápidamente cuando me sacudí de sus brazos después de sentir el frío y electrizante contacto de sus labios. El agua caía inmisericorde sobre nosotros. Sabía que debía alejarme de él, cinco pasos escasos me separaban de la escalera del camarote; mi mente quería caminar, pero mis piernas se negaban a obedecer. Todo en él me atraía, como una droga, como un imán. No me moví de mi sitio, sentía como si perteneciera al espacio entre sus brazos, era una sensación poderosa, novedosa, definitivamente extraña.
- Estamos a punto de llegar- avanzó Edward elevando poderosamente la voz- terminad ahí atrás- les exigió imperturbable.
Empecé a tiritar, de miedo y de frío.
- Vas a necesitar un baño caliente después de toda esta lluvia- susurró frotándome el brazo con la palma de su mano.
“ O una ducha fría” pensé al escuchar a Emmett aullando el nombre de Rose; después exhalé brevemente. Un espontáneo “Oh” que se escapó de la garganta de Edward me descubrió que había pensado en voz alta y me avergoncé como nunca antes, el rojo brillante de mis mejillas lo podía atestiguar.
Los siguientes segundos se me hicieron eternos. Solo escuchaba el silencio entre nosotros y mi corazón galopando, camino de la perdición del ridículo. Edward se aclaró la garganta antes de hablar:
- Me sentiría muy ofendido si utilizases el agua fría para aliviar ese tipo de calor en lugar de contar conmigo; yo podría satisfacerte mejor, llegado el caso- Tras decir esto con la misma emoción que m e habría dado la hora, devolvió su mano izquierda al timón y la ausencia de su seguro contacto me hizo tambalear. ¿Sus palabras eran una oferta o una amenaza? A mi cuerpo le daba igual: se derritió.
- ¡¡¡Tierrrraaaaa!!!! – exclamó Emmett que parecía más Tarzán que Rodrigo de Triana. Rose, con el vestido ya en su sitio y sentada sobre el colchón, le dio un juguetón puntapié en el trasero. Emmett se giró hacia ella, le agarró las piernas e hizo el amago de tumbarla de nuevo; gruñó cuando sintió aminorar la velocidad del barco y entendió que no tenía tiempo suficiente para cumplir sus planes.
Alice salió del camarote tan despeinada como Jasper, aunque gracias a la incesante lluvia enseguida ambos tuvieron el cabello tan mojado como el nuestro. Pero el brillo que despedían sus ojos, el rubor de la piel de Alice, la sonrisa insinuada de Jasper que le acariciaba delicadamente la mejilla, no dejaban lugar a la duda: ellos también habían enfrentado la tormenta amándose.
- Esperaremos a que pase la tormenta y te llevaré de vuelta a Río.- Tardé varios segundos en entender a qué se refería Edward. Río. Río de Janeiro. Hablaba de volver a Río de Janeiro.
- Sí, claro, gracias- respondí azorada, con la mirada fija en el muelle de madera que conectaba el mar con la playa de arena blanca.
- Bella, volverás sola, yo no pienso moverme de la isla hasta el domingo- me advirtió Alice cruzando los brazos sobre el pecho.
- No pienso volver sin ti y esta noche voy dormir en mi cama, en el hotel-le aseguré igual de tajante.
Un rayo descargó en el mar unas millas a babor, pero ya no escuché el trueno.
- No nos la vamos a comer- me quiso tranquilizar Emmett con una amplia y burlona sonrisa - bueno, Jasper seguramente sí, pero el resto no, lo prometo- levantó con divertida solemnidad la palma de la mano derecha como símbolo de promesa; luego continuó echando el ancla.
Jasper descendió primero y ayudó a Alice a bajar del barco. Mi amiga torció el gesto cuando nuestras miradas se cruzaron, sin duda ella todavía estaba molesta conmigo. Rose abandonó el barco grácil, con el garbo propio de una modelo; Emmett por su parte lo hizo de un salto. El grandullón me tendió la mano cuando me vio torpemente intentar superar el casco, pero en ese momento Edward le interrumpió con voz grave:
- Yo me encargo, Em
Emmett encogió los hombros y agarró a Rose de la cintura. A la rubia no parecía haberle hecho mucha gracia el amable ofrecimiento de su chico, pero tampoco se la veía dispuesta a que su queja llegara a mayores y estropeara el fin de semana idílico que se preveía.
- Vamos Bella- Edward me tomó de la mano sin darme tiempo a protestar; estaba tan fría como la mía.
Una vez todos con los pies en el embarcadero nos dirigimos hacia el sendero que dibujaba la arena hasta disiparse en la densa vegetación que bordeaba la playa y escondía la casa.

- Ayer no me hablaste de ningún James- dijo con la mirada clavada en el océano. Estábamos sentados en el porche de la casa, con nuestras espaldas casi juntas, apoyadas en un enorme ventanal que había junto a la puerta; allí permanecíamos guarecidos de la lluvia que parecía no querer disiparse.
Alice estaba dentro de la casa con Jasper; Emmett y Rose habían vuelto a la playa para disfrutar un poco más del temporal. Nosotros nos habíamos cambiado de ropa y habíamos salido al porche, cada uno por su cuenta y allí habíamos coincidido. Cuando crucé la puerta y le vi apoyado en la barandilla de madera, nos miramos y fue como si nos hubiésemos estado esperando toda la vida.
Edward llevaba una camiseta clara y unas bermudas rojas; yo vestía un bikini blanco y sobre él, un corto y precioso caftán azul de lino que había encontrado en el armario cuyo contenido nos había indicado que estaba a nuestra disposición.
Había ropa de todo tipo por estrenar, Alice casi se vuelve loca intentando elegir un pareo –entre los quince que había –el cual combinara perfectamente con el bikini verde bosque que según le dijo a Rose-ignorándome manifiestamente infantil -, había gritado su nombre en cuanto lo vio. A pesar de que la ropa nueva ponía a Alice de un humor excelente, ella continuaba enfadada conmigo por querer llevarla de nuevo al continente.
Ninguno de los dos nos habíamos calzado y el movimiento nervioso de veinte dedos desnudos contra los tablones de madera evidenciaba la comprometida situación en la que nos encontrábamos ambos.
- No recuerdo de lo que te hablé- me sinceré, nerviosa y preocupada. Encogí las piernas y las abracé fuertemente contra el pecho. Salvo una triste frase y sus ojos fundiéndome los sentidos, no recordaba nada más de la noche anterior.
- Anoche me hablaste de la caña de azúcar y del proceso de destilación con el que se obtiene la cachaza para preparar caipirinhas; también de lo poco que te gustan las cosas oscuras y húmedas y de lo mucho que te asustan las tormentas. Luego te quedaste dormida y te llevé al barco- expuso sereno- no nombraste a James en ningún momento-apuntó con cierto tono de reproche.
- ¿Eso fue todo?- quise saber -ignorando su regaño-, no sé si con cruda sospecha o con impensable esperanza, no lo recuerdo bien.
- Sí, ¿pensabas que había ocurrido algo más?- preguntó arqueando una ceja, torciendo la sonrisa y robándome el aliento.
- No, claro que no- respondí veloz, reprendiéndome por las expectativas de mis pensamientos-. Gracias, tuvo que ser muy aburrido escucharme, soy química y cuando me pongo a hablar de fermentos y destilaciones no hay quien me pare- resoplé resignada.
Por eso no bebía nunca; porque perdía el control, me ponía pesada y hacía el ridículo.
Tras mi primera borrachera, en el baile del instituto, me enteré de que en un arrebato había besado a Mike Newton y me había jurado a mí misma no volver a cometer una equivocación como ésa. Agradecí al cielo no recordar al día siguiente los labios de Mike.
Pero de algún modo sabía que no me habría perdonado perderme el recuerdo de los labios de Edward, si me hubiera besado, claro. Pero no hubo beso, porque no pasó nada. Él acababa de confirmármelo y yo había decidido creerle.
- Mis padres tienen viñedos en California-dijo con la misma indiferencia que hablaba de la isla-, estoy más que acostumbrado a que las conversaciones terminen en el origen de la bebida, en el “caldo primordial”-hizo una mueca tras el guiño biológico que había hecho al referirse a la hipótesis sobre la creación de la vida en el planeta. Sonreí para mí sin dejar de observar la cortina de lluvia. Edward me gustaba, y pensaba que era una lástima que no nos hubiésemos encontrado antes de que Demetri me hubiese roto el corazón y robado el alma-; además la parte en la que escenificaste el corte de la caña fue realmente instructiva- añadió escondiendo una sonrisa mayor de la que ya se había impuesto en sus labios.
- No…- sofocada, me cubrí rápidamente la cara con las manos, con mucha vergüenza y la ilusión de que aquello no fuese posible; pero lo era, había empezado a practicar Kendo ese semestre para mejorar mi disciplina y equilibrio, y ya empezaba a dominar los movimientos con el sable de bambú; mi mente ebria perfectamente podía haberlos utilizado para abochornarme, simulando que el sable era un machete y mi contrincante una caña de azúcar.
- No querré estar a tu lado si tienes un machete cerca; por favor, Bella, aléjate de los machetes- susurró en mi oído la dulce petición.
- Odio las armas con filo- confesé mientras enterraba los dientes en el labio inferior. No solo me refería a los cuchillos, también a las palabras; algunas podían herir más que el fino borde del metal. Sobre todo las mentiras y las falsas promesas. Demetri me lo había enseñado bien.
- No sabes cómo me alegro de escuchar eso- respondió contento, con un tinte de alivio en la voz. Yo me mantuve callada, era cierto, no lo sabía y tampoco lo comprendía del todo.
- Me prometiste que intentarías divertirte- cargó de nuevo después de un par de minutos de reflexivo silencio en los que me mastiqué los labios, me estrujé las manos y él casi se disloca el puente de la nariz de tanto oprimírselo con los dedos.
- Estaba borracha- espeté frunciendo los labios.
- Estabas preciosa- añadió presto la corrección. Giré la cabeza y le encontré observándome con una dulce pero misteriosa expresión en el rostro.
- No digas eso- le exigí dolida, apretando los ojos con fuerza.
- Preciosa y radiante-me desafió-; además la conversación fue muy divertida e interesante, Bella, lo pasamos muy bien anoche-afirmó convencido-; te dormiste apoyada en mi hombro, con una maravillosa sonrisa en los labios- recordó entre orgulloso y fascinado.
-Edward…-susurré su nombre en un lamento.
No quería que siguiera hablando, no quería creerle e ilusionarme; no quería volver a caer, a enamorarme y a sufrir… No quería.
- Bella, quédate en la isla- murmuró con la vista de nuevo perdida en el azul del océano. La lluvia había cesado finalmente y el sol empezaba a asomar tímidamente entre las nubes color añil; nada nos impedía ya emprender el camino de vuelta.
- ¿Para que Alice disfrute correteando con Jasper como un duende en la playa luciendo modelitos?- repliqué acalorada, visiblemente resentida con mi amiga. Hacía un par de horas que no nos hablábamos. Nunca habíamos estado enfadadas tanto tiempo.
- No, por mí Bella, quédate conmigo- sus manos todavía frías acunaron mi cara con suavidad y anhelo; sus ojos dorados centelleaban; sus labios entreabiertos me reclamaban y me rozó su aliento helado y subyugante.
Ahí supe cómo se debía sentir una estúpida oveja entre las garras de un león morboso y -según descubrí poco después- un poco masoquista.

7 comentarios:

  1. ay T... me enamoré de nuevo de uno de tus os.... sabe sque no puedes dejarme asi, no?? jajajaja
    ahora en serio, es un os fantastico... viví la tormenta en ese timón...
    muchos besos y suerte en las votaciones!!!

    ResponderEliminar
  2. Dioooos tT me quede con ghans de Mas muchas ganas de más Dioooos si siii que buen OS lo ame Dios se em acelero todo AMO A EDWARD!!! DIOOOOOS DIOOOOOOS DIOOS
    TE AMOOOO TE AMOOOO TE AMOOOO TE AMOO

    ResponderEliminar
  3. No puede ser, esta historia me dejo con ganas de mas, y dime que tienes escondida una continuacion por ahi, mira que voy a donde haga falta para poder conseguirla, jajajajajaja
    por que esta pobre Bella que tanto ha sufrido necesita que le quiten ese pesar querida
    Sencillamente perfecto

    ResponderEliminar
  4. hola T.
    me gusto mucho tu os, seguro sacarias una muy historira de el, suerte. besitos guapa

    ResponderEliminar
  5. a partir de ahora voy a mandarte un mensaje cada día hasta que escribas la continuación, ya lo sabes. nos dejas con ganas de más siempre.

    ResponderEliminar
  6. Sencillamente maravilloso, hay contiinuación??? por fis di que si...

    ResponderEliminar
  7. TELES:::::::::TELES:::secundo lo que dice Leda..no ser puede quedar así..por favor..por favor..la continuación...me encantó..adoro este OS...pero quiero el BESOOOOOOOOOO....porfis...siiiiii
    HERMOSOOOOOOOO..........

    ResponderEliminar