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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 17

CAPÍTULO 17: DECORACIÓN (JASPER)

Seguí a Danielle a nuestra habitación y nada más cerrar la puerta ella me preguntó por Jacob.
- Jasper… - comenzó dudando - ¿Qué es Jacob?
Joder… Que directa… Y concisa…
- ¿Jacob? Umm… Él es un licántropo, un hombre lobo, por así decirlo.
Si te oyera Jacob o cualquiera de la manada te mataba por esa triste explicación de su naturaleza. Pero no quería agobiar a Danielle con demasiadas cosas.
- ¿Un hombre lobo? ¿De esos de las pelis? ¿Qué se convierten con la luna llena? – preguntó interesada.
Sus preguntas me hicieron reír. Si yo pensaba que con mi explicación los lobos se iban a enfurecer con las palabras de Danny podrían arrancarnos la cabeza. No les gustaba que bromeáramos con esas cosas. Bueno, Jacob dejaba que Rosalie se metiera con él pero porque sabía que no lo hacía con maldad. Al principio las cosas no fueron tan fáciles.
Oí como Edward y Emmett se reían en el salón antes de subir a despedir a sus esposas.
- No es como en las películas, pero sí algo parecido. Y no, no se convierten con la luna, sino cuando ellos quieren.
- ¿Ellos? O sea que hay más
- Sí, hay dos manadas. Jacob es el alpha, esto, el jefe, más o menos, de una.
- Ahh… Quiero conocerles. – dijo completamente segura.
Bueno, podríamos organizar una merienda o algo para presentarla. Total, ellos tendrían que saber que yo había vuelto y que ahora éramos una más. Si bien seguro que Jacob ya se lo habría mencionado.
- Bueno… Eso será fácil… - comencé - Cuando vuelvas del viaje planearemos algo. Pero ahora tienes que prepararte o Rosalie nos arrancará la cabeza.
Esto último se lo dije mientras la abrazaba y comenzaba a besarla.
- Salimos en cinco minutos. – se oyó decir a Rosalie.
- Mierda – dije Danielle y se lanzó hacia su poca ropa.
- Ey… Tenemos toda la eternidad… - la recordé con una sonrisa.
La mire disimuladamente mientras se cambiaba. Se puso unos vaqueros ajustados y un jersey fino que marcaba todas sus curvas. Me encantaba toda ella y tuve que hacer un gran esfuerzo para no abalanzarme sobre ella. Se dirigió hacia su bolso y comenzó a contar el dinero preocupada. Entonces yo me dirigí hacia la cómoda donde siempre habíamos guardado Alice y yo nuestro dinero y la abrí. Estaba todo lo que yo había dejado al irme y cogiendo unos 5.000 $ me dirigí hacia Danielle. Cuando se dio cuenta del dinero que llevaba la sorpresa inundó sus facciones.
- Toma – la dije ofreciéndola el dinero.
- ¿Qué? No… - me dijo avergonzada
- Danielle, cógelo…
- No, no puedo…
- Te he notado preocupada y sé que es por el dinero… A mí me sobra y total, todo lo mío es tuyo…
- Ohh, no… Jasper… No puedo… Es… Demasiado…
- Por favor… - la supliqué perdiéndome en sus ojos – Ahora eres parte de la familia…
- He dicho que no. – me rebatió seriamente mientras salía de la habitación y bajaba hacia el salón.
Yo la seguí, dejando el dinero arriba. Acaba de conocer su lado cabezota. ¿Por qué no lo aceptaba? ¿Era demasiado? Bueno, pues la mitad… ¿Es que acaso no me quería? Vamos, no seas tonto, claro que te quiere. Lo puedes notar. Sólo que todo esto la pilla de nuevas. Tú estás acostumbrado al dinero y a no preocuparte por él, pero acuérdate de lo que la costó a Bella entenderlo. Antes de poder decirla nada más para convencerla apareció Rosalie.
- ¿Estás lista? – la preguntó Rosalie mientras bajaba las escaleras acompañada de Bella y Nessie.
- Sí. Todo listo… - contestó Danny sonriendo.
- Bien, vámonos entonces.
Danielle se retrasó un poco y se acercó a mí.
- Jasper… - comenzó suavemente- De verdad, no puedo – Y antes de irse hacia el garaje me dio un pequeño beso en los labios.
¿Qué no puede? ¿Qué no puede qué? ¿No me irá a dejar? ¿No? Pero qué demonios piensas… Claro que no… O eso esperaba…
Estaba tan desesperado que no vi a Edward acercarse a mí.
- Jasper, hermano… no te preocupes… Por su cabeza no ha pasado en ningún momento dejarte. Sólo deja que se acostumbre a esto. Ella siempre ha estado sola y se siente un poco agobiada con tantas novedades y atenciones. No digo que no la gusten, pero necesita tiempo.
- Gracias Edward – le dije mentalmente ante sus tranquilizadoras palabras. Me había portado como un idiota, pero ahora tenía cosas en que ocuparme. Había decidió decorar la habitación en lo que ella estaba en Nueva York y porque se sentiría menos desplazada en ella. Solo esperaba que la gustara. Sin más fui a buscar a Esme, que estaba limpiando el polvo en el despacho de Carlisle.
- Esme… ¿Podrías ayudarme a redecorar la habitación en lo que Danny está fuera? Querría sorprenderla…
- Claro hijo… - me contestó sonriendo – ya tengo un par de ideas…
- Bien. Entonces ¿por dónde empezamos? – la pregunté sabiendo claramente que ya tenía todo pensado.
- Primero nosotros vamos a por los muebles mientras Edward y Emmett vacían el cuarto y lo pintan. ¿Qué te parece si lo centramos todo en el verde pastel? Es un color muy bonito y seguro que ella le gusta.
- Sabes que no entiendo de estas cosas. Lo que tú digas, madre.
Ante mis palabras, bueno, ante el hecho de volver a llamarla madre, Esme se arrojó a mis brazos sollozando.
- Ohh… Hijo… Te he echado tanto de menos…
- Lo sé. Y siento de verdad haberos hecho sufrir. – la dije mientras la tranquilizaba con mi don.
- Pero ahora estás de vuelta… y eres feliz ¿no? Con Danielle digo…
- Sí madre… Soy feliz… No como antes pero creo que con el tiempo lo conseguiré.
- Bien… Eso sobra. Se la ve tan buena… -Y tras un corto silencio siguió – Pero bueno, vamos a dejarnos de ñoñerías y vámonos a comprar el nuevo dormitorio.
Antes de irnos y en lo que yo iba a buscar algo de dinero Esme fue a buscar a mis hermanos y les explicó lo que debían de hacer.
Primero nos dirigimos a una tienda de pinturas, donde Esme compró el tono para las paredes y mandó que lo llevaran a casa.
Tras esto fuimos a un almacén enorme de muebles. Allí y tras dar varias vueltas nos decidimos por una cama enorme y circular, tres muebles auxiliares también con motivos curvos, una mesita que parecía más de café que de cuarto y un sofá con una pinta comodísima. Todo era en color blanco, o eso me parecía hasta que Esme se ofendió y me dijo que era color “hueso”. Bien, si ella lo decía. También discutimos un poco respecto a la cama. Yo la quería normal pero Esme decidió que lo mejor era cambiar todo por completo y que tenía que ser redonda. Al final dejé que hiciera lo que quisiera. Total, la especialista en decoración era ella. También elegimos unas nuevas estanterías para el baño y yo añadí un cesto para la ropa sucia. Esperaba que Danielle no fuera una maniática de tirar toda la ropa usada. Aunque claro, ella tenía poca, así que suponía que pensaba lavarla de vez en cuando.
Finalmente nos dirigimos hacia una tienda de textiles, donde adquirimos una alfombra gigante que a mí me parecía que no iba a caber, pero sí Esme lo decía… La alfombra era en tonos verdes claritos, a juego con las paredes. También compramos decenas de juegos de toallas y sábanas y unas cortinas para la habitación, en tono “hueso”. No sé porqué pero ese color me hacía gracia. Yo veía que era diferente al blanco, pero dudaba que el ojo humano lo diferenciara.
Cuando Esme creyó que lo teníamos todo, nos dirigimos de vuelta a casa, no sin antes sobornar a los encargados del transporte de los muebles para que se dieran prisa en llevarlos.
Al llegar a casa Edward y Emmett ya habían terminado de pintar la habitación. Juntos y entre bromas esperamos la llegada de los muebles, que no se demoró nada más que cuarenta y cinco minutos.
Después de otra hora lo teníamos todo colocado. La cama en el centro, los muebles auxiliares diseminados estratégicamente, según Esme claro, el sofá y la mesita en la pared más alejada, las cortinas colgadas, los juegos de toallas y sábanas colocados en el armario y las estanterías del baño colgadas. Lo que más me impresionó es que la alfombra cuadrara perfectamente, pero bueno, Esme era todo un genio.
Había dos cajas en el pasillo con las pocas pertenencias que Edward y Emmett no habían tirado: algo de ropa mía, fotos mías y de Alice, dinero, pasaportes y otros papeles falsificados, libros y cd’s de música. Las cargué hasta el dormitorio y comencé a colocarlas. No tardé ni cuarto de hora y enseguida bajé a jugar con mis hermanos.
Emmett me estaba esperando junto a la videoconsola, mientras Edward estaba tocando el piano. Jugué con Emmett durante horas y aunque empezó aplastándome enseguida me puse a su par. Hacía tanto tiempo que no jugaba y parecía que se me había olvidado. Cuando Edward se cansó de que le ignoráramos salimos al bosque y echamos una lucha a tres bandas. Era divertido jugar los tres a la vez. Mi experiencia, la habilidad de Edward y la fuerza de Emmett igualaban la pelea, aunque casi siempre ganaba Ed.
Cuando oímos el coche de Rosalie acercarse por la carretera Emmett, Edward y yo nos lanzamos corriendo hacia el garaje para esperarlas. Estas pocas horas se me habían hecho eternas sin ella. Cuando se bajaron del coche Danielle vino directamente hacia mí y yo me acerqué a ella.
- Hola amor, te he echado de menos – atiné a decir antes de que se lanzara a mis brazos y me diera un beso apasionado demostrándome lo que me diría a continuación.
- Yo también
- ¿Habéis comprado mucho? – la pregunté mientras nos dirigíamos hacia dentro de la casa.
- Bueno… - dijo bastante avergonzada- Creo que demasiado.
La separé para que se explicara, pero antes de poder preguntarla me respondió.
- Lo siento, tenía que haber aceptado el dinero. Ahora se lo debo a las chicas. Vas a tener que ayudarme a encontrar trabajo.
No pude evitar reírme. Sabía que la gustaba ir de tiendas, y también la ropa. Y también sabía que Rose y el diablillo de Nessie no iban a dejarla venirse con las manos vacías. Cuando llegó a la parte del trabajo solté una gran carcajada. Si quería trabajar yo no se lo impediría, pero tenía que convencerla para que simplemente aceptara lo mío.
- Bueno amor, yo se lo pagaré… Tómalo como primer regalo de tu novio.
¿Novio? Danielle se sorprendió ante mis palabras pero enseguida noté como una gran felicidad la invadía. Yo había estado algo inseguro ante su reacción pero en este momento me di cuenta de que todo iba bien, de que estábamos hechos el uno para el otro.
- Ahora acompáñame a la habitación, tengo una sorpresa para ti – le dije volviéndola a besar.
- ¿Una sorpresa? ¿El qué?
- Ohh… Si te lo digo ya no será sorpresa, ¿no crees?

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