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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 05

CAPÍTULO 5: CONOCIÉNDONOS (JASPER)

No sé cuantas horas llevábamos así, mirándonos, pero yo estaba en el cielo. Hacía tiempo que no me sentía tan bien. Tenía unas ganas enormes de besarla, de abrazarla, pero logré contenerme.
De pronto nos sobresaltó una risotada demasiado conocida y al mirar hacia la puerta confirmé mis temores: allí estaba mi hermano Emmett, partiéndose de risa ante lo que tenía delante.
Me entraron ganas de darle una paliza, pero no quería que Danielle pensara que estaba loco, loco por estar con ella. Tuve que ser yo quien rompiera el hielo.
- Como no… Emmett… tu siempre tan oportuno…
- Lo siento hermanito, no sabía que te interrumpía…- y volvió a reírse ruidosamente.
- ¿Hermanito?- dijo Danielle sorprendida.
- Vaya… ya veo que no te ha dado tiempo a hablarle de tu familia…- siguió mi hermano divertido- así me gusta… a mí Rose tampoco me cuenta su vida cuando…
- ¡Cállate!- rugí antes de que metiera la pata- No es lo que tú crees…
- ¿Ahh no?- preguntó Emmett con incredulidad.
- No
De repente la que se rió fue ella, y levantándose de un salto nos dijo:
- Bueno, tendrán cosas de que hablar… los dejo solos…
- Vuelve- fue lo único que se me ocurrió decir.
- Sí, sí, vuelve…- corroboró mi hermano- que te estará esperando en la misma postura…- y volvió a reír escandalosamente.
- ¡Cállate!- le dije- En serio Emmett, vas a hacer que te de una buena paliza.
Aunque intentaba sonar lo más serio posible no pude ocultar una sonrisa.
- Vale, vale… ya me callo… pero antes cuéntame… ¿Quién es esa preciosidad? ¿Desde cuando estás con ella? Que callado te lo tenías…
- Para empezar no estoy con ella, simplemente vive aquí unos días hasta que la lleve a casa para que os conozca.
- ¿A casa? ¿Para conocernos? Y todavía dices que no estáis liados… - dijo riéndose.
- A ver… ¡deja ya de reírte! Es vegetariana como nosotros y nunca había conocido a alguien así. Por eso está aquí.
- ¿Sólo? Pues nadie lo diría…- dijo con esa típica sonrisa suya de cuando piensa en el sexo.
- Emmett, deja de hacer eso, bueno, de pensar eso…
- Como odio que puedas saber lo siento. Entre tú y Edward volvéis loco a cualquiera. – me reprendió Emmett enfadado.
- Bueno, aclarada la cuestión de Danielle… ¿Se puede saber qué demonios haces aquí?
- ¿Danielle? Así que la pequeñina se llama Danielle…
- Sí, y ¿qué? ¿a qué has venido?- le pregunté algo irritado.
- Vamos, deja de ser tan agradable- contestó mi hermano molesto- Simplemente estoy aquí porque encontramos un rastro reciente tuyo en el pueblo y no sabíamos si te pasaba algo. Carlisle no quería que viniera pero mi curiosidad se ha impuesto. Además, quería decirte que este sábado vamos a preparar una fiesta sorpresa para Esme y tú deberías ir.
- ¿Yo? Pues no va a poder ser.
- Joder, sabía que dirías eso. Mira, Esme está muy preocupada por ti, por tu cordura… Aunque ya veo que estas mejor, claro… Así que deja de aislarte del mundo… Además, así nos podrás presentar a tu… esto, a Danielle.
- Que no Emmett, que no voy.
- Bueno, yo he hecho todo lo posible- dijo cansado y se repanchingó en el sofá.
- ¿Qué haces?- le pregunté sorprendido.
- Esperar a la pequeñina.
- Ahh, no, no… Tú te vas inmediatamente.
- De eso nada. A no ser… A no ser que me prometas ir el sábado a la fiesta.
- ¿Qué? ¿Me estás chantajeando?
- Creo que sí… -dijo riéndose.
- Vale, iremos, pero no les cuentas lo de Danielle…
- Sabes que con Edward eso va a ser imposible.
- Bueno, pues pídele que no diga nada.
Y sin más mi hermano se fue dejándome con miles de dudas. ¿Se quedará Danielle con ellos? ¿Qué haré sin ella? ¿Me quedaré yo también? No podía aclarar mis pensamientos así que salí de la cabaña a esperarla.

No llevaba ni media hora esperando su llegada cuando apareció trotando por el bosque. Su imagen hizo que sonriera y que la mirara fijamente a los ojos.
- ¿Qué tal con tu hermano? ¿Pudo parar de reírse?- preguntó interesada.
- Bueno, tardó un rato en entender qué haces aquí… Se pensaba que había ligado… No se lo tomes en cuenta, siempre está bromeando… He quedado con él en que el sábado vamos a casa para que les conozcas.
- ¿El sábado? ¡Pero si estamos a miércoles!- dijo algo histérica.
- Tranquilízate, no es para tanto… Además, se lo tuve que prometer para que se fuera- terminé con una sonrisa recordando su burdo chantaje.
- ¿Qué me tranquilice? Quedan apenas tres días… y ¿si no les gusto?... y ¿Qué me voy a poner?
Este repentino ataque de pánico hizo que me volviera a sentir vivo, a sentir útil. Con tacto utilicé mi don con ella y poco a poco se fue tranquilizando. Cuando el ataque de histeria hubo remitido casi por completo la dije:
- Si quieres te ayudo a elegir algo entre lo que compraste ayer. O si lo prefieres podemos ir de compras… De todos modos tengo que ir a comprar algo para Esme, que este sábado van a hacerla una fiesta sorpresa. Por eso vino Emmett.
Entré en el salón y me dirigí hacia la mesa, donde estaba su ropa nueva, con ella pisándome los talones. Comencé a sacarla y decidí que se pondría el vestido. Seguro que se veía preciosa con él. Sólo de imaginármela me excité sobremanera, lo que tuvo que notar porque cambio de tema enseguida.
- Vamos entonces a por el regalo, pero antes cuéntame algo de tu familia- me dijo mientras se acomodaba en el sofá.
- Bueno… Están Carlisle y Esme, nuestros padres… Edward y Bella, Emmett y Rosalie, y Nessie… Carlisle fue el primero. Él creó a Edward, Esme, Rosalie y Emmet. Un tiempo después nos unimos Alice y yo, y luego Edward se enamoró de Bella, todavía humana, y antes de convertirla tuvieron a Nessie…
- ¿Alice?
Una mueca de dolor cruzó mi rostro. No había nombrado a Alice desde que me fui de casa. Ni siquiera le había contado a nadie como fue… No sé de donde saqué fuerzas para contestarla.
- Alice y yo…- dije susurrando- éramos uno…
- ¿Y qué pasó? ¿Te dejó?
- ¡No!- rugí estremeciéndome- la mataron.
- Ohh… Jasper… lo siento… yo no sabía… lo siento…
- Está bien, vámonos a por el regalo de Esme- le contesté seriamente, intentado olvidar el dolor que me atenazaba los músculos y su cara de pena.
Salí corriendo hacia el centro comercial más cercano y ella me siguió. Por el camino me fui calmando, más que anda porque no pensara que era un amargado, aunque lo fuera.
Un kilómetro antes de llegar al pueblo nos pusimos a andar a ritmo normal para no llamar la atención. Yo iba algo más animado, y no dejábamos de preguntarnos qué le podríamos comprar a Esme. Con esta conversación llegamos al centro comercial y antes de entrar me paré en seco, tensando todo su cuerpo. Había vuelto a recordar a Alice… Ella era una amante de las compras. Es más, parecía que vivía para ir de tiendas…
- ¿Ocurre algo?- me preguntó preocupada.
- No. Sólo que hace tanto tiempo que no voy a una tienda… la última vez lo hice con Alice…
Esto último me salió en un susurro.
- Vamos a la cabaña. Ya vendré yo cuando se te ocurra qué regalarle. – me dijo comprensivamente.
- No- repuse suavemente- Tengo que hacerlo, quiero hacerlo.
Y sin más me dirigí a la entrada. Debía de pensar que estaba chalado, pero no podía hacer nada para evitarlo. No podía dejar de sentir, dejar de ser yo.
Tras entrar en varias tiendas decidimos comprarla una finísima y muy sencilla pulsera de oro blanco que se asemejaba a dos serpientes entrelazando sus cuerpos. Esto me hizo pensar en Danielle entre mis brazos, con el vestido blanco caído en sus pies. Para no volver a parecer un salido me dirigí rápidamente hacia la salida, pero de repente ella se detuvo ante un escaparate. Estaba mirando ansiosamente unos zapatos preciosos que la quedarían geniales con el vestido. Me entraron unas ganas terribles de verla con ellos así que la dije:
- Hora de devolverte el regalo.
Y sin más entré en la tienda y pedí que se los sacaran. Ella me dijo que estaba loco, que eran muy caros, pero yo le pedí que se les probara. La quedaban mejor de lo que me había imaginado. La hacían unas piernas tan largas y sexys… Antes de que volviera a rechazarlos hice que la dependienta me los cobrara rápidamente y cuando se quiso dar cuenta estábamos fuera de la tienda y yo llevaba los zapatos junto con el regalo de Esme.
- No tenías que haberlo hecho- me regañó intentando parecer cabreada.
- Lo sé, pero me apetecía.
Antes de que me contestara salí corriendo hacia la cabaña. Una vez allí el dolor me volvió a golpear con fuerza. Cuando ella llegó estaba sentado en la cama, mirando al vacío. No podía dejar de pensar en Alice…

1 comentario:

  1. En serio me está encantando. Explicas las emociones y sus sentimientos tan bien... Me encanta!!!

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