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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 02

CAPÍTULO 2: CONVIVENCIA (DANIELLE)

- Soy Danielle Clay.
Él, extrañado, cogió mi mano y en un susurro dijo:
- Jasper Hale… esto, Whitlock
- ¿Hale o Whitlock?
- Como quieras
- Entonces solo Jasper
Se me quedó mirando un segundo, pero en ese breve periodo vi la tristeza en sus ojos. Se volvió rápidamente como si le hubiera dicho algo malo y siguió su marcha hacia el claro. Yo le seguí y una vez allí comprobamos que los muchachos ya se habían ido.
Jasper comenzó a dirigirse hacia las montañas a una velocidad endiablada y yo me dispuse a seguirle. Unos minutos después se paró bruscamente y esperó a que le alcanzara.
- ¿Dónde te crees que vas? ¿qué haces siguiéndome?- me preguntó bastante molesto e incluso soltó un par de fieros gruñidos.
- Te dije que te acompañaba- respondí yo tranquilamente.
- Mira Danielle- repuso él – me acompañabas hasta el claro, no a mi casa.
Yo no me iba a rendir tan pronto, no ahora que le había encontrado. Tras meses de búsqueda me encuentro con un vampiro que no bebe sangre humana y este pretende que me aleje de él. Pues no.
- Vamos, serán solo unos días…
- He dicho que no. Yo vivo solo y eso no va a cambiar ahora.
- ¿Solo? ¿Por qué?- pregunté extrañada y en ese mismo instante me di cuenta de mi error. Al fin y al cabo yo también estaba sola. Pero fue el tono de su voz el que despertó mi curiosidad.
- Es una larga historia- dijo apenas susurrando.
- Bueno, tenemos toda la eternidad- dije sonriendo.
Él bufó y dándose la vuelta reinició la carrera.
¿Qué había vuelto a hacer? ¿Por qué todo le molestaba? ¿Por qué no me callaba? Estos eran mis pensamientos mientras le iba siguiendo por el bosque. Un par de minutos después divisé una cabaña medio derruida y en su puerta estaba él.
Me dio la impresión de que la cabaña podía caerse en cualquier momento pero a él no parecía importarle. Me estaba esperando con una pequeña sonrisa, que me pareció irónica.
- Bueno, ¿qué te parece mi mansión?- me preguntó con una risita.
- Ummm… no está mal…- ¡Dios! Se me daba fatal mentir…
- ¿Desilusionada? Quizás te estés planteando lo de quedarte…
- Puff… Claro… Como llevo todo este tiempo alojándome en hoteles de lujo -dije señalando mi equipo de acampada- No te vas a librar tan fácilmente de mí.
Ante mi comentario se borró su sonrisa de superioridad y volvió a ponerse tenso y serio.
- Haz lo que quieras, pero no entiendo tu obsesión por quedarte.
Me pensé un momento mi respuesta, no quería que volviera a salir corriendo.
- He viajado hasta aquí buscando un aquelarre que no bebe sangre humana. Pero ya veo que el rumor se ha exagerado y que no es un aquelarre sino un solo vampiro. Así que me gustaría quedarme un tiempo contigo.
Mi respuesta le dejó boquiabierto por un momento. Parecía que se estaba debatiendo entre dejarme entrar a la cabaña o echarme de allí.
- Te puedes quedar un tiempo- dijo al final- pero sólo hasta que vaya a visitar a mi familia. Entonces te podrás quedar con ellos, si te lo permiten, claro.
De repente abrí los ojos sorprendida. Estaba alucinando. Había encontrado mi sueño. Pero un momento… yo no quería separarme de él y no entendía bien porqué. Le acababa de conocer y me había dejado bien claro que quería vivir solo. Si hasta tenía una familia y vivía aquí…
Cuando me quise dar cuenta Jasper se había metido en la cabaña, así que le seguí.
Su interior me llamó la atención. Estaba bellamente decorada, con infinidad de muebles y alfombras que hacían de la cabaña un lugar realmente acogedor. El espacio parecía estar dividido en tres partes. La central la ocupaba una amplia sala de estar y a cada lado había una puerta.
- Tras esta puerta- dijo señalando a la derecha- está el baño. Y tras aquella el dormitorio.
Instintivamente me dirigí hacia su habitación y él no me detuvo. Al entrar me di cuenta de que nadie había estado allí en un largo tiempo. Jasper me siguió y me cedió el dormitorio amablemente, aunque yo enseguida le rechacé.
- Vamos, no seas cabezota- me dijo- Además, yo no duermo…
- Yo tampoco- le contesté divertida por su repentino tono alegre.
- Ya, pero eres la invitada y tendrás que sentirte cómoda- me dijo sonriendo.
¡Dios! ¡Qué hombre! ¿Pero qué le pasaba? Cambiaba de humor continuamente… A partir de ahí no pude pensar en nada más que en su sonrisa. Comenzaron a temblarme las piernas y él se dio cuenta.
- ¿Pasa algo? ¿Estás bien?
De verdad se le veía preocupado así que me tuve que inventar que hacía tiempo que no cazaba.
- Vamos juntos entonces- me propuso.
Tras pasar un par de horas cazando volvimos a la cabaña y se me ocurrió darme una ducha para relajarme. Cogí mi mochila y me di cuenta que no tenía apenas ropa, pues se había ido desgastando con el tiempo. Todavía me quedaba algo de dinero así que decidí ir de compras. Así de paso le podría comprar algo a Jasper como agradecimiento.
Le busqué por los alrededores pero no le encontré así que le dejé una nota:
Jasper, me fui de compras. Volveré en cuatro o cinco horas
Danielle

Volver a entrar en contacto con la civilización fue asombroso. Me sentía genial, pero tenía que volver, mi cuerpo me pedía volver. Me compré unos cuantos pantalones, jerséis y camisetas, además de un vestido blanco precioso. Además, conseguí un pantalón y dos jerséis finos para Jasper.
Al llegar a la cabaña Jasper estaba sentado en el sofá con la tele puesta. Se me quedó mirando con gran sorpresa al verme cargada de bolsas pero enseguida su semblante se tensó. Antes de que pudiera abrir la boca le lancé la bolsa con su ropa.
- Esto es para ti. Por dejar que me quede unos días.
- No necesito nada- dijo hoscamente sin ni siquiera mirar su contenido.
- Vamos, no seas así. Además, sí que lo necesitas- dije sacando un jersey de la bolsa.
- He dicho que no- rugió, y cogiendo la ropa salió de la cabaña.

¡Otra vez no! ¿Qué había hecho ahora? Sentía que me quería morir. No entendía porque todo lo que hacía le molestaba tanto. Quería llorar, necesitaba llorar, pero no podía… Para calmarme me dirigí al dormitorio y me tumbé en la cama echa un ovillo.
Me había puesto a escuchar música por lo que no le oí llegar hasta que no estuvo sentado en la cama.
- Perdóname por favor. No tenía que haber reaccionado de esa manera.
- No, no deberías haberlo hecho. Pero eres tú el que me tiene que perdonar a mí- dije casi susurrando.
- ¿A ti? ¿Por qué?
- Por meterme en tu vida. Tú no querías que me quedase y aún así lo hice. Pero no te preocupes, en cuanto conozca a tu familia te dejaré en paz.
Estas últimas palabras me desgarraron por dentro. Llevaba horas preparando mi discurso pero la voz se me había quebrado a la mitad.
- No, por favor,- siguió Jasper- no te culpes. Toda la culpa es mía. Tú no has hecho nada. Soy yo, que no puedo confiar en nadie, no después de…
El dolor paralizó su cuerpo y su rostro se tensó en un acceso de ira. Sin pensarlo le abracé.
- No hace falta que digas nada más, de verdad… No quiero que sufras por mi culpa.
Nos quedamos así varios minutos, en silencio y abrazados.
- ¿Qué escuchabas?- preguntó algo más animado.
- El Canon de Pachelbel, me ayuda a relajarme…
- ¿Puedo?- dijo cogiendo uno de los cascos.
- Claro.
Nos tumbamos en la cama, con nuestras frentes tocándose y mirándonos a los ojos. Nuestras manos se entrelazaron sin pensarlo y no pude concentrarme más que en su aliento viajando hacia mi rostro. Él parecía más tranquilo y así nos quedamos durante bastante tiempo, observándonos mutuamente y aspirando el aliento del otro.

2 comentarios:

  1. WAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! Amo a Jasper y lo amaré por siempre!
    me encanta tu historia :):)

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  2. ja, ja sere team Jasper si sigo leyendo esto xD
    es que lo describes de una forma... iresistible

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