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domingo, 20 de junio de 2010

Eco de luz - Cap 01

CAPÍTULO 1: PERSIGUIENDO UN RUMOR

Una vez en Estados Unidos comencé a viajar hacia el sur, siempre de noche y por zonas boscosas. Eso no significa que no viajara de día, pero sólo lo hacia si no era un día soleado y alejándome de cualquier población.
Tras mes y medio viajando mi plan de encontrar a alguien como yo se iba diluyendo. Apenas había tenido contacto con nadie y estaba empezando a cansarme de vagar de un lado a otro.

Estaba sentada sobre unas rocas en medio de un bosque, disfrutando del sol sobre mi suave piel y del tranquilizador sonido del viento entre los árboles cuando lo olí. Era sin lugar a dudas un vampiro, uno de los míos. Volví a coger aire para poder situarle y acercarme a él. Pero esa bocanada no sólo llevó hacia mí el olor del vampiro, sino que muy cerca de donde me encontraba había varios humanos.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y sin pensarlo salté hacia delante y corrí hacia los humanos. Eran cuatro muchachos que no superarían los dieciocho años y estaban sentados en medio de un gran claro. No podía permitir que les pasara nada, no sólo por ellos y sus familias sino también por mí. No podía cerrar los ojos ante la inminente matanza.
Parece que el sol se puso de mi parte y se escondió momentáneamente entre las nubes. Aprovechando ese momento entré en el claro y los muchachos se me quedaron mirando sorprendidos y fascinados, no sólo por mi aparición sino también por mi belleza. Yo era bonita, con unos ojos que resaltaban en mi rostro por encima de todo y un cabello moreno que me llegaba hasta la cintura. Además, mi cuerpo no estaba del todo mal, delgado pero con bastantes curvas.
- Hola chicos- comencé a decir con una voz incitante- ¿podríais acompañarme hasta el pueblo?
- ¿Te has perdido?- preguntó el más alto y fuerte, por lo que supuse que era el mayor, mientras los otros me seguían mirando incrédulos.
- Sí, salí a pasear y no sé volver al coche.
Me miraron divertidos por mi coqueteo y aceptaron acompañarme.
Apenas había soltado un suspiro de alivio cuando él apareció en el claro. Era la criatura más hermosa que había visto nunca, incluso más que James. Rubio, alto, con unos ojos de un color ámbar tan parecidos a los míos. Iba vestido de forma muy descuidada, con unos pantalones desgastados y un jersey de manga corta algo raído. Mirarle el torso me hizo darme cuenta del cuerpo tan perfecto y musculoso que tenía. Este pensamiento hizo que me temblaran las rodillas. Su melodiosa voz me sacó de mis pensamientos.
- No os preocupéis chicos, ya la acompaño yo. Seguid disfrutando de vuestra caminata.
Obviamente tenía que protestar. ¿Qué quería? ¿Alejarme para volver luego a por ellos?
- Lo siento, pero ya habían aceptado acompañarme.
Él se acercó y me cogió del brazo con una fuerza asombrosa. Tuve tan mala suerte que el sol comenzó a brillar en el claro y tuve que aceptar irme con él.
Una vez lejos de los muchachos me solté del agarre y adopté una posición defensiva soltando un pequeño gruñido. Él soltó una carcajada pero también se puso a la defensiva. ¡Dios! ¡Qué hermoso se veía! ¿Pero qué digo? Danielle céntrate, piensa en esos pobres muchachos… Y volví a soltar un gruñido, esta vez más convincente y dije gravemente:
- Si quieres ir a por ellos tendrás que pasar por encima de mí.
Él volvió a reírse y comenzó a realizar pequeños movimientos para tantear mi defensa. Yo estaba aterrorizada, nunca me había enfrentado a nadie y encima él parecía hacerlo instintivamente. Además, las decenas de cicatrices que surcaban su piel corroboraban mi tesis. Estaba preparado para atacarme y yo sabía que ese era mi final, pero aún así no me rendí, no todavía…
Tras varios segundos él inició el ataque y en lo que dura un suspiro me tenía inmovilizada. No sé como había llegado hasta mi espalda pero tenía mis brazos sujetos con un solo brazo suyo mientras el otro rodeaba mi cintura. Soltó una breve risa y apoyó su dentadura en mi cuello. Ese simple movimiento, en vez de aterrorizarme aún más hizo que miles de pequeñas descargas eléctricas surcaran mi cuerpo y que mis rodillas volvieran a temblar. No podía pensar en nada que no fuera en su aliento sobre mi piel, aunque estuviera a punto de morir. No sé de donde saqué fuerzas para decirle que había ganado, que los chicos eran suyos, pero que esperara a que me alejara lo suficiente como para no percatarme de la matanza.
Mis palabras hicieron que aflojara su abrazo, pero seguía tenso y alerta por lo que decidí no forzar la situación y me quedé quieta entre sus brazos.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó finalmente en un susurro junto a mi oído.
- Que los humanos son tuyos, que al fin y al cabo no voy a arriesgar mi vida para defenderles cuando no vas a tener problemas para liquidarme a mí primero y después ir a por ellos.
Mi contestación hizo que volviera a apretar sus brazos.
- ¿Me estás diciendo que lo que quieres es defender a esos muchachos en vez de comérteles?
- Sí.
- ¿Y qué pensabas hacer con ellos? ¿Jugar a las cartas?
- No, simplemente les iba a dejar ir, sanos y salvos. Yo no mato humanos.
Él me soltó de repente, pero antes de haber podido reaccionar me dio la vuelta y me miró a los ojos. En ese momento desaparecieron todos mis miedos y sentí de nuevo miles de descargas eléctricas por todo mi cuerpo. Sus ojos brillaban y eran de un color ámbar claro, tan parecidos a los míos… No podía pensar con claridad, sólo podía sentir su mirada y sus manos sobre mis brazos.
- ¿Entonces de que te alimentas?- preguntó algo molesto.
- De animales… No es lo mismo, pero no pienso segar una vida humana para alargar un poco la mía.
Él me soltó, se alejó y me dijo que podía marcharse mientras volvía andando hacia el claro.
- ¡No!- chillé- Déjales ir, déjales con vida por favor…- seguí acercándome a él inconscientemente.
- Yo tampoco mato humanos- me dijo secamente.
- ¿No? ¿Entonces porqué me atacaste? ¿Por qué vuelves al claro?
- ¿Qué por qué te ataqué? Pensaba que tú me ibas atacar a mí.
- Y pensabas bien- dije sonriendo.
- Además, ¿es que tú confías en mí? ¿no vas a volver a ver si es verdad que no voy a matarlos?
- Sí, la verdad es que pensaba ir…
Él sonrío tímidamente y continuó andando hacia el claro.
- Espérame- le dije. Ahora que había encontrado a uno de los míos no iba a dejarle ir tan fácilmente.
- ¿Qué quieres?- preguntó extrañado.
- Quiero acompañarte…
Se hizo un incómodo silencio durante el cual me miró desconcertado. Me adelanté extendiéndole la mano y me presenté.
- Soy Danielle Clay.

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